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asesinada a los 19 años

Memoria de Yolanda

01.03.13 - 11:06 -
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Nunca hemos terminado de curar el asesinato de Yolanda. Es algo que mi familia no ha superado jamás. Su muerte siempre ha estado fresca. Y, ahora, mucho más». Asier González tenía seis años cuando el militante de Fuerza Nueva Emilio Hellín Moro asesinó a su hermana, la estudiante bilbaína Yolanda González Martín, disparándole dos tiros en la cabeza junto a una caseta de peones camineros en San Martín de Valdeiglesias, a las afueras de Madrid. Era la medianoche del viernes al sábado 2 de febrero de 1980 y Hellín, junto a dos cómplices, había secuestrado a la joven en el piso de alquiler que compartía con su novio, Alejandro Arizcun, y con otra pareja en el número 101 de la calle Tembleque, en el barrio de Aluche. Los asesinos la acusaron de pertenecer a un comando de ETA. Una falsedad.

El reportaje de investigación publicado el mes pasado en 'El País' por José María Irujo y que revelaba que el ultraderechista que asesinó a Yolanda González ha trabajado para la Guardia Civil y la Policía como asesor en materias de terrorismo y crimen organizado entre 2006 y 2011, ha convulsionado la memoria de los familiares y ha despertado sus peores recuerdos. Sospechas y temores que creían enterrados han vuelto a asomarse a sus ojos. «Se me revuelven las tripas al pensarlo. La noticia ha removido esa herida y ese dolor, esa angustia que no nos deja ni respirar», se duele Amaia González desde su domicilio en Cognac, Francia. «Ella era solo un año mayor que yo», susurra.

«Yolanda tenía 19 años recién cumplidos cuando la asesinaron, pero era una persona muy madura, muy inteligente y reservada. Empezó su militancia socialista con 16 años y en apenas tres años desarrolló muchísima actividad. ¿Algo que la retrate? Recuerdo muy bien la primera decepción que tuvo en la vida. Fue cuando mis padres le contaron quiénes eran los Reyes Magos. Me acuerdo de verla llorar amargamente. Tanto, que tuvieron que decírmelo a mí también. Aquello fue muy doloroso para Yolanda porque atacaba todo lo que ella entendía como justicia y verdad», resume Amaia.

«Estamos perplejos y estremecidos por la noticia», cabecea Asier González, el hermano pequeño de Yolanda. Hablamos en la oficina donde trabaja, una productora audiovisual, muy cerca del Museo Guggenheim de Bilbao. Siguiendo esa misma ría que baña el pujante edificio de titanio de Frank Gehry, en La Ribera de Deusto, un barrio de aluvión nacido con las migraciones de los años 50, creció Yolanda. Al padre, Eugenio, 79 años, un emigrante burgalés que trabajó como soldador en la cercana planta de Nife Ibérica y a su esposa Lidia (72), los hijos no han querido contarles nada de este nuevo escándalo. «Están mayores y bastante han sufrido ya», señalan desde el entorno familiar.

«Un perfecto criminal»

«Todo el mundo tiene derecho a otra oportunidad, a reinsertarse», reconoce Asier González. «Pero esa persona (los familiares de Yolanda nunca pronuncian el nombre del asesino) tiene el perfil de un perfecto criminal. Jamás ha mostrado arrepentimiento ni ha pedido perdón a nuestra familia. Solo cumplió 14 de los 43 años de cárcel a los que fue condenado. Y, como revela el reportaje, ha cambiado su identidad pasando por el Registro Civil, que debe estar controlado por la Policía. Cuando se fugó y se estableció en Paraguay, le proporcionaron una nueva identidad y obtuvo permiso para abrir un comercio en poco tiempo. Nadie en la embajada dijo nada entonces. Ahora colabora y cobra del Ministerio del Interior. Es escandaloso, un secreto a voces: las vinculaciones que ligan a Fuerza Nueva, a la ultraderecha, con la Policía, todavía existen», airea el pequeño de los González Martín.

Hellín, seguidor de Blas Piñar, fue condenado a 43 años de cárcel por el asesinato de Yolanda González Martín, militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), una escisión de la Liga Comunista Revolucionaria, y activa representante estudiantil que se había significado en las cabeceras de las manifestaciones juveniles del año 1980.

En aquellos años, que hoy casi suenan a Prehistoria, había muchos jóvenes como Yolanda González, activistas de instituto que pegaban consignas escritas en un marrón y maloliente papel de estraza, que manejaban "vietnamitas" y copias a "ciclostil", que cantaban a Víctor Jara y Quilapayún y se agrupaban en un tumulto de siglas, de grupos tan minúsculos como pujantes. A finales de los años 70, Yolanda, con un brillante expediente escolar, cambió la posibilidad de estudiar una carrera en el País Vasco -«algo muy difícil de lograr para una familia obrera como la nuestra en aquellos años», señalan los hermanos- por la actividad política en Madrid. Cursaba primer curso de Electrónica en el centro de Formación Profesional de Vallecas. Aquella chica de pelo muy largo y ojos muy verdes, grandes y profundos, limpiaba casas por las tardes para no tener que pedir dinero a sus padres y luego se iba a arreglar el mundo en reuniones entusiásticas celebradas entre la densa atmósfera del humo de cigarrillos "Habanos" y "Sombra" y por las que asomaba una danza de pensamientos troskistas y socialistas, de citas de Bakunin y Marx.«Era una persona lista, con gran fuerza vital y entusiasta de las cosas y de las personas. Siempre pensando en ayudar a los demás», ha declarado Alejandro Arizcun, 61 años, su novio de entonces y profesor de Historia de la Economía en la universidad pública de Navarra.

La noche en que fue asesinada, Yolanda, integrante de la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media, se despidió en la Gran Vía madrileña de Alejandro y de la pareja con quien compartía piso. Ella regresó a casa sola.

El grupo ultraderechista que acabó con su vida estaba compuesto por Emilio Hellín, que tenía una academia de electrónica, por Ignacio Abad González, estudiante de Químicas, por los militantes de Fuerza Nueva Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto y por el policía nacional Juan Carlos Rodas. El comando planeaba secuestrar e interrogar a los cuatro residentes en la vivienda de la calle Tembleque.

Mar, su compañera de piso

Se habían presentado en la vivienda por la mañana, pero no encontraron a nadie. Mar Noguerol era la compañera de piso de Yolanda González y salvó la vida de casualidad. Hoy es médico en Madrid y mantiene una memoria muy viva de aquellos días. «Nuestra existencia era sencilla e intensa a la vez. Nos habíamos conocido en un encuentro estatal del PST y, poco después, estábamos compartiendo piso en Madrid. Yolanda era muy comprometida, muy madura, tenía bien claro lo que hacía, por qué luchaba y la necesidad de hacerlo. Éramos personas dedicadas a luchar por una sociedad mejor, por la democracia y la justicia social. Era-señala Mar Noguerol- una época de gran movilización, que me recuerda a estos tiempos, con miles de jóvenes, trabajadores y ciudadanos en las calles, defendiendo derechos básicos. De vivir, Yolanda estaría en la calle con nosotras».

Su asesinato ayudó a tejer una red de sentimientos que se ha mantenido intacta durante estos últimos 33 años. Cada mes de febrero, sus amigos de entonces, extraviados hoy en los meandros de la existencia, se reúnen para recordarla y homenajearla; este año hasta con un vídeo en You Tube que acompaña esta información. En su barrio de La Ribera bilbaína, también, aunque la pintada en memoria de la militante socialista fuera rápidamente borrada por las brigadas municipales de limpieza.

«Manos con sangre»

Yolanda González, como podrán recordar al ver su fotografía, fue el símbolo de una época, un icono de un tiempo, como los abogados laboralistas de Atocha, como el crimen de Almería o la matanza perpetrada por ETA en la casa cuartel de Vic. Este mismo domingo, tras leer la noticia de que Hellín, «autor de uno de los crímenes más brutales de la Transición», ha sido contratado como forense informático por Interior, compañeros, amigos y familiares de Yolanda González se han puesto en pie de nuevo «para luchar por esclarecer la verdad», como propugna Noguerol. «Queremos saber en qué ha consistido el trabajo de Hellín y quiénes son los responsables de su contratación», subraya la médico.

«Mi vida ha sido otra sin Yolanda. Son cosas que te marcan para siempre y que modelan tu futuro», dice su hermana Amaia, apesadumbrada por la certeza de la ausencia impuesta. «Su muerte me hizo sufrir y madurar muy pronto. Sé que soy una persona mucho más activa gracias a su ejemplo. Jamás he estado a favor de la pena de muerte. Jamás. Pero es escandaloso que una persona con las manos manchadas de sangre inocente trabaje para Interior. Es algo que clama al cielo», se duele.

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Yolanda González./ E. C | Vídeo homenaje de sus familiares y amigos.
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