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El último arrantzale de Algorta

después de 23 años de faena

El último arrantzale de Algorta

'Karin' cierra una larga tradición de pescadores en el Puerto Viejo de Getxo tras la jubilación de 'Faneka', hace tres años

01.03.13 - 00:02 -
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Bajando una abrupta cuestecita de piedra desde el pueblo getxotarra de Algorta, se puede divisar un enclave privilegiado. Se trata del Puerto Viejo, un lugar lleno de historia, anécdotas y casitas blancas con ventanas y puertas de colores muy juntas unas de otras. Allí ha vivido toda su vida Jacinto Lastra, más conocido como 'Karin'. Tan sólo tenía cinco años cuando le llevaron desde Bilbao, así que creció junto al mar, admirándolo cada día. Sin embargo, aunque desde pequeño salía a pescar siempre que podía, no fue hasta llegar a la treintena cuando pudo hacerlo de manera profesional y cambiar su trabajo de electricista. «Surgió la ocasión de salir a la mar», recuerda. No se lo pensó dos veces. Se cumplen ya 23 años de faena prácticamente diaria.

Hace tres inviernos que Román Deusto colgó sus redes después de entregar al mar un cuarto de siglo de vida. 'Faneka', de apodo heredado, sólo tenía 55 años, pero la artrosis pudo con su pasión por la profesión. Desde entonces, 'Karin' se ha convertido en el último arrantzale del Puerto Viejo. 'Faneka' tiene una larga tradición de pescadores en su familia. Su padre, con el mismo sobrenombre, y su abuelo también fueron arrantzales. Pero cuenta la historia que aquellos célebres marineros de Algorta no dedicaban todo su tiempo a la pesca. «En verano vivían de la mar y en invierno, de la tierra». «Por lo menos desde hace más de un siglo he sido el primero en dedicarme por completo a la profesión. Bueno, también estaba 'Paten', Enrique Franco, que pescaba jibiones en bote de remo. Él y su esposa, Felisa, sí vivían de ello», puntualiza Deusto.

'Karin' empieza la faena cada domingo. Su pesca es de anzuelo y todos sus aparejos los prepara en una pequeña lonja de forma artesanal. Es el patrón de su barco, "Itsaso Berria", aunque enseguida agrega que también es «marinero o mecánico». Junto a él va Iñaki y ambos pescan, según la temporada, lubina, mojarra, dorada, verdel o merluza.

El marisco lleva tres años «sin verlo». Normalmente se mueve desde Castro hasta Bakio o Armintza, cofradía a la que pertenece. Cuando termina la jornada, toca volver a Arriluze. Tiene suerte; trabaja con el sol y podrá dormir en casa con su mujer y sus dos hijas. Es un trabajo duro y muy esclavo, pero a él le gusta. «A veces lo mandaría todo a paseo, pero luego te das cuenta de que es lo tuyo y sin ello no puedes estar. Eso sí, para un hijo no lo quisiera, porque no veo futuro», confiesa 'Karin'. «Aquí no hay condiciones que te ayuden a llevar un barco. No hay lonjas, ni bodegas?, se necesitaría una infraestructura muy grande para que funcionase. Me he tenido que buscar la vida, otro hubiera tirado la toalla; es como montar una huerta en el desierto», apostilla 'Faneka'.

La tradición de 'Etxetxu'

Uno de los atractivos del Puerto Viejo de Algorta ha sido siempre su tradición pesquera. Los típicos botes que alberga el muelle son el legado que aún se atisba de toda su historia. Dos esculturas ubicadas junto al 'Etxetxu' -el soportal donde se reunían los arrantzales los días de lluvia y antes incluso Ayuntamiento- recuerdan al pescador y a la sardinera, figuras imposibles de olvidar. «En la plaza se vendía sardina, txitxarro y antxoa. Las mujeres gritaban, bajaba la gente con un platito y se llevaba el pescado a casa», recuerda 'Karin'. 'Faneka' conoció bien aquella época e, incluso vendió sus capturas en la calle. Hoy está prohibido para evitar riesgos sanitarios.

«¿Dónde va a haber un pescado más fresco que el del día? Llegar a un lugar y encontrar pesca de artesanía, recién traída de la mar, es una chulada -reivindica Deusto-. El Ayuntamiento presume de Puerto Viejo, pero no hace nada para promocionarlo. Los botes, que lo representan todo, se están perdiendo y al final no va a quedar nada que tenga una referencia, nada más que el nombre». «No he vendido nunca en el puerto y es una faena; nuestro pescado es mucho más selecto», sentencia 'Karin'.

A principios de este año, 'Faneka' hundió su barco, el 'Txoritxu', de los últimos del Cantábrico completamente de madera y en el que pasó los años como armador. Ahora se dedica a su familia y a sus pájaros. Ya sólo queda 'Karin'. «Me siento con pena de que nadie coja el relevo. Me gustaría ver a los jóvenes pescadores con sus aparejos e ir yo a enredar un poco», bromea el último arrantzale que sobrevive en este coqueto puerto getxotarra.

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Tanto 'Karin' como 'Faneka' aseguran que su profesión carece de futuro en la localidad./ Pedro Urresti
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