La vida de Inoncencia Lucha, la mujer que este lunes se quemó a lo bonzo en una sucursal bancaria de Almassora, en Castellón, sigue pendiente de un hilo. La mujer, que sufrió quemaduras en el 48% de su cuerpo, está en estado "muy grave" en el Hospital La Fe de Valencia. Así lo aseguran fuentes sanitarias, mientras su vecinos y conocidos todavía no se explican lo ocurrido.
Inocencia se prendió fuego desesperada por las deudas que la acuciaban al grito de "¡Me lo habéis quitado todo!". Lo hizo delante de los trabajadores de la entidad que había ordenado su desahucio, uno más, porque antes ya la habían echado de otros dos pisos. Hace unos días había recibido la carta que le ordenaba salir del tercero. Y no lo pudo soportar, pese a que Ino, como la llaman sus íntimos, era una persona de carácter abierto y de bondad extrema.
Estaba separada, tenía tres hijos a su cargo y apenas lograba llenar la cesta de la compra. Inocencia era discapacitada física, vendía cupones para una organización y cobraba una pensión de apenas 360 euros al mes. Para completar el sueldo, vendía marcapáginas que ella misma hacía entre quienes la conocían.
La vida no le había sonreído mucho. Enviudó den su primer matrimonio y el segundo no le salió muy bien. Sin embargo, su apellido hace honor a su pundonor. La mujer había conseguido sobreponerse a todo. Incluso a una depresión de la que había salido reforzaba. Dicen sus amigos que siempre miraba hacia delante. Sin embargo, el lunes ya no pudo más. El fango de la crisis le atrapó los pies y solo vio un camino: el más funesto de todos.



