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Un baile de cine por San Valentín

37 grados

Un baile de cine por San Valentín

Diez escenas memorables para amantes del séptimo arte

14.02.13 - 00:01 -
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Un baile de cine por San Valentín
El baile de 'El paciente inglés'.

“Estás maravillosa, si no te importa que te lo diga, tan maravillosa que al verte cualquier hombre correría aullando de alegría”. Es la forma que tiene Robert Kincaid (Clint Eastwood) de recibir a Francesca Johnson (Meryl Streep) antes de invitarla a bailar ‘I See Your Face Before Me’, que en ese momento suena en la radio de la cocina en la voz de Johnny Hartman. ‘Los puentes de Madison’ (Clint Eastwood, 1995) ha aportado al séptimo arte una de las escenas de baile romántico más perfectas rodadas nunca. Tiene mérito, porque es más difícil lograr química entre dos personas que se mueven, entrelazados sus cuerpos, al ritmo de la música, que metidas entre las sábanas. Cuando la intensidad del sentimiento obliga al otro a resistirse o entregarse, de fondo la canción adecuada, las manos explorando músculos y recovecos, midiendo las posibilidades... Si la escena es redonda, el espectador se remueve inquieto en su silla, como si asistiera a la más íntima de las ceremonias entre dos enamorados. Si se queda a medias, probablemente sea el mejor momento para ir al servicio. Pero Robert y Francesca consiguen eso y mucho más. Ella, apoyada en el hombro de él, oliendo su aroma, mientras se debate entre la felicidad por sentirse viva de nuevo y la desdicha por la infidelidad consumada. Al borde del abismo cuando la mano de él recorre el escote de su vestido. Y de ahí, al beso. Cuatro minutos de pasión, complicidad y amor tierno que merece la pena volver a ver.

Intensidad. 'El paciente inglés' (Anthony Minghella, 1996)

Minghella ofrece una lección de cómo conquistar a una mujer en menos de un minuto. Porque la escena del baile dura aproximadamente eso, aunque el director sólo necesite 20 segundos para poner al espectador la piel de gallina, gracias también a las excepcionales interpretaciones de Ralph Fiennes, como el conde László Almásy, y de Kristin Scott Thomas, como Katharine Clifton. Tras una breve conversación, la pareja queda en silencio, ella azorada ante la intensidad de la mirada de él. Baja los ojos, los vuelve a subir, y finalmente claudica ante el poder cautivador de Almasy. No hay beso, no hay abrazos, pero ella está perdida ya, y todo esto mientras su marido la espera sentado tomando una copa. La canción ‘Where or when’, interpretada por la Shepheard’s Hotel Jazz Orchestra, cumple un papel fundamental. Escuchen, vean y juzguen.

Perturbador. 'Dentro del Laberinto' (Jim Henson, 1986)

Aunque en principio destinada a un público juvenil, incluso infantil, no hay nada de eso en el baile de David Bowie (Jareth, el rey de los Goblins) con Jennifer Connelly (Sarah). Enfrentados el resto de la película, que transcurre entre los muñecos de Jim Henson, ese momento, con la voz del propio Bowie poniéndole melodía al asunto (‘As The World Falls Down’) resulta perturbador. Conelly, bellísima con ¡16 años!, y el músico, como un perverso y atractivo seductor. Aunque la escena termine como un mal sueño, el instante en el que Bowie se abre paso entre los bailarines que parecen deleitarse en una orgía carnavalesca para agarrar, atrapar, a la chica es memorable. Pese a la infame peluca.

Seducción. ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ (Rex Ingram, 1921)

Retrocediendo en el tiempo, el italiano Rodolfo Valentino protagonizó la escena que provocó en Estados Unidos una verdadera fiebre por el tango. Y por su persona, irresistible tanto para las damas como para algunos caballeros, convertido en el primer gran ‘latin lover’. Su primera película, ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’, le lanzó a la fama y tuvo un enorme impacto en aquel país, especialmente por la danza enfermiza junto a Beatrice Dominguez, a la que arrebata de los brazos de otro torpe bailarín. Como no podía ser de otra manera, ella acaba doblegada ante los ladinos ojos de Madariaga y sus hábiles pasos de baile, inspirados por la música de The Panache Orchestra.


Entre el minuto 10.35 y el 14.45.

Sensualidad. 'Picnic' (Joshua Logan, 1955)

Hal Carter (William Holden) y Madge (Kim Novak) se marcan en ‘Picnic’ el que puede ser el más sensual de los bailes filmados nunca, teniendo en cuenta, además, que se trata de una película de mediados del siglo pasado. Cuando la rubia desciende los escalones palmeando y contoneándose al ritmo del tema ‘Moonglow’, ejecutado por George Cates and his Orchestra, el musculado y arremangado Holden queda sin defensa ante los pechos puntiagudos que se acercan. Primero a distancia y luego abrazados, la cosa no necesita culminar con beso para resultar turbadora. Los espectadores masculinos convirtieron a Novak en su icono sexual gracias a esta escena, y a las féminas no se les escapó el potencial sexual de Holden.

Complicidad. 'Cintia' (Melville Shavelson, 1958)

Las miradas retenidas entre los ojos felinos de Sophia Loren y los oscuros de Cary Grant habrían acabado en beso si no fuera por la llegada del torpe de turno que interrumpe a la pareja. Suena ‘Almost In Your Arm’, interpretada por Sam Cooke.

Inocencia. 'Único testigo' (Peter Weir, 1985)

También canta Sam Cooke el tema (‘Wonderful World’) de la escena de baile de ‘Único testigo’. Comienza en el granero, con Harrison Ford y Kelly McGillis en la parte delantera de un coche que intentan arreglar. De pronto, todo funciona y la radio comienza a sonar. La química funciona ya desde el rodeo de aproximación entre el capitán de Policía y la joven y muy ingenua amish, cuya inocencia no hace sino aumentar la temperatura en varios grados.

Catalizador. 'Memorias de África' (Sydney Pollack, 1985)

Un baile que comienza más como el rescate de una dama en apuros (el de Robert Redford a Meryl Streep) que como una invitación a la pasión, pero la llama se enciende tanto como para terminar con dos besos, uno a iniciativa de él y luego, de ella. Así celebran el año nuevo. Como en otros casos, el baile actúa como catalizador del enamoramiento.

Por la música en sí. 'Esencia de mujer' (Martin Brest, 1992)

No es que la escena del tango sea precisamente entre dos personas que se aman, pero la elección de la canción, la genial ‘Por una cabeza’, de Carlos Gardel, y la destreza de Al Pacino, la convierten en lo mejor de la película.

Por ver a Grace Kelly desinhibida. 'Alta sociedad' (Charles Walters, 1956).

Con Frank Sinatra cantándole al oído, era imposible que Grace Kelly mantuviera la compostura. Así, se entrega a un festival de besos y caricias poco habitual en ella.

Ver todos los artículos de la serie 37 grados.

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