Póngase en situación. Es usted un cartero, hace un frío de mil demonios, lleva toda la jornada laboral peleándose con la nieve para llegar a sus destinos, las extremidades ya no le responden y tiene todo congelado menos el mal genio, que se le caldea por momentos... ¿no le darían ganas de pegarle una patada a algo? ¿O, mejor dicho, a todo? Pues es lo que le ha pasado a un operario ruso, que al llegar con sus sobres y paquetes a una puerta de cristal se la encuentra cerrada. Y sin ninguna Jessica Lange que le ofrezca una cálida bienvenida como le ocurre a Jack Nicholson en 'El cartero siempre llama dos veces'. Así que, sin pensarlo mucho y a falta de buzón, toma una drástica y poco sutil decisión: le arrrea una tremenda patada a la puerta al más puro estilo Chuck Norris y, una vez hecho el boquete, introduce, con sumo cuidado, eso sí, los sobres. Con finura, con amor, como si se tratase de un recién nacido. Y se marcha el hombre satisfecho, como sólo pueden estarlo quienes saben que han cumplido con su misión.

