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El sobre más famoso

EL PISCOLABIS

El sobre más famoso

Ahora que están tan de moda, confieso que recibí uno... bueno, fueron varios y ocurió hace mucho, mucho tiempo

09.02.13 - 00:06 -
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No soy nadie. Y si usted no lo ha recibido, tampoco. Ya no eres nada si no has pillado sobre. Un servidor reside en Madrid. Pero fango, mayor o menor y de uno u otro calado, hay por todas partes. Aunque lo de Bárcenas tiene el tono perfecto para convertirse en el chiste del año. Raro será el desfile de Carnaval en el que no aparezca alguien disfrazado de sobre. ¿Pero qué llevará dentro? ¿Y para quién será? Son suficientes secretos como para hacerme recordar que yo recibí uno. En realidad fueron muchos. Pero fue hace mucho, mucho tiempo...

Me gustaba comprarlos en la tiendita verde de la calle Barrainkua de Bilbao. La de Doña Paquita. Ahora hay una coqueta degustación con aire francés. Empezaron costando 1 peseta. Pero un servidor recuerda los de cinco duros. Hablo de los sobres sorpresa. Preferentemente los de Montaplex. Sobre todo del Fort Cheyen. Con sus indios, sus vaqueros y un fuerte que venía en cuatro partes. Allí no sobraba nada, porque apenas había nada. A veces el fuerte cojeaba por un lado. Pero daba igual. Los personajes, que venían enganchados a una especie de esqueleto de plástico, traían posturas de todo tipo. Estaban el tumbado disparando, el que tenía una rodilla en el suelo y el que se exhibía en toda su plenitud y de pie.

Pero había otro. Ese que venía con la base para apoyar en el suelo torcida y que, como no se tenía en pie, se convertía en el primer muerto. A veces, incluso en batallas que no eran la suya. Un indio podía acabar en medio de los tanques alemanes. ¡Y qué tanques! Utilitarios a más no poder. El soldado era casi del mismo tamaño. Hablando de eso, los había de 1 centímetro y de 1,72. Cosa que nunca fue un problema para un juguete. El madelman, por ejemplo y con frecuencia, fue pareja de Barbie. Además es vox populi que Kent suspiraba más por el barbudo geyperman que por la muñeca rubia. Pero el madelman no se paraba aquí. Se ligaba a la Nancy. Poderío que tenía el mozo.

Aunque, los personajes de los sobres, eran más de infantería que ninguno. Por no tener, no tenían ni rasgos definidos. Según sobre y fortuna, te tocaba una remesa con el rifle torcido o el arco sin definir. Algo que arreglábamos a base de imaginación y conformismo inocente. Al fin y al cabo en la batalla todas las figuras eran pardas. Sobre todo en la penumbra de las misiones secretas. Porque el susodicho tenía que esquivar las miradas censoras, dispuestas a dejarlos en cajones o bolsillos adultos. No quiero recordar la cantidad de arrestos efectuados en aulas de párvulo y EGB a muchos de esos valientes. De ahí que el infante fuera cauto, más allá de lo imaginable. Una vez fuera del sobre no había refugio para sus amigos.

El envoltorio del que nacían olía a cartón y a lo que olían antes las carameleras. A regaliz de palo, al enrollado con una bolita de anís en medio, al de Zara, a sugus, a pipas con premio, a la pólvora de los petardos, a cohetes con regalos, a ositos, a negritos, a panteras rosa, a bonis, a bucaneros, al delantal azul de Doña Paquita, a su laca de pelo...y a misterio. Entrar a comprar un sobre sorpresa era lo más parecido a hacerlo en la tienda del chino de la película de los Gremlins.

Porque esos vaqueros, indios y soldados, con el tiempo cobraban vida. Y de todos, uno era el elegido para llenar bolsillo y ocupar corazón. Porque ese y no otro, es un misterio. Nos acompañaba a todas partes, aparecía bajo los radiadores de la salita, encima del cuaderno de matemáticas o en el asiento trasero de un coche. Juguetes o no, tenían vida. Así me lo contó uno de ellos en mi última visita a la casa materna. Lo encontré en el fondo de un cajón con exceso de recuerdos. Tan desgastado y lisiado estaba, que no acerté a concluir si era soldado, indio o vaquero. Pero tenía cara de ser una estrella errante.

Y al instante recordé las estrofas de la canción de Lee Marvin en la 'Leyenda de la ciudad sin nombre'. "El barro te puede hacer prisionero y las llanuras te pueden dejar seco. La nieve puede quemar tus ojos, pero sólo la gente te hará llorar. El hogar está hecho para salir de él en busca de sueños, que sin suerte nunca se harán realidad. Yo nací bajo una estrella errante. ¿Conozco yo dónde está el infierno? El infierno está en un 'hola'. El cielo está en el adiós para siempre. Es tiempo de marcharse. Yo nací bajo una estrella errante. Una errante, errante estrella".

Y entonces, recordé lo que está pasando estos días. Donde los sobres no se compran, sino que se pasan y cuando no llevan sorpresa, sino indecencia. Así que recogí la pequeña figura y la volví a dejar en el fondo del cajón. Para que siga siendo como fue. Un inocente juguete que vino a este mundo en un honrado sobre. Mejor permanecer errante, que ser un chorizo perdido.

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