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No se admiten preguntas

Los censores pintaban antes bikinis en las fotos de mujeres desnudas; hoy ‘amordazan’ a los periodistas

07.02.13 - 00:15 -
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No se admiten preguntas

En algún momento, los periodistas hemos pasado a ser como esas fotos de mujeres desnudas en las que una mano temblorosa estampó en su día un bikini negro. Hoy nos hemos ido al extremo contrario y si no hay tetas no hay paraíso. Pero esa es otra historia y aquí no hay pechos, sino censura, aunque sea de la previa, la única que se puede perpetrar sin ‘cantar’ demasiado. Dice la RAE que censurar es: “dicho del censor oficial o de otra clase, imponer, en calidad de tal, supresiones o cambios”. Es lo que hacen algunos políticos que pretenden poner una mano en la boca del informador para que no haga las preguntas que alguien debe hacer. El ciudadano, por razones obvias, no puede. Se trata de limitar el derecho a la información. El Senado apoyó hace apenas dos meses el manifiesto de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) en el que se denuncia, entre otras cosas, que la libertad de información “queda dañada cuando se convocan ruedas de prensa sin derecho a preguntas y cuando los representantes públicos se niegan a comparecer para dar cuenta de sus actividades en el ejercicio del poder”. Bien, ¿y de qué sirve el apoyo del Senado a esta denuncia?

El sábado, el presidente del Gobierno, en medio del terremoto causado por los papeles de Bárcenas, se decidía antes por la modalidad de la comparecencia (con los periodistas en una sala cercana viéndole por la televisión, situación un tanto ridícula) que por ofrecer una rueda de prensa con los informadores listos para preguntar por el Tema, así con mayúsculas. Elsa González, presidenta de la FAPE, admite que “los políticos tienen libertad para elegir el formato en el que realizan sus manifestaciones públicas, y la comparecencia de Rajoy no fue presentada desde el comienzo como una rueda de prensa”. Pero también considera que “no es el formato más adecuado” para un hecho de tal “relevancia”. Lo denuncia asimismo el secretario general del Foro de Organizaciones de Periodistas, Mariano Rivero: “En una acción informativa tan importante y de tanta trascendencia internacional como eran las palabras de Rajoy no se puede tolerar que no se haya elegido un formato que permitiera las preguntas”. ¿De qué sirve entonces el apoyo del Senado al dichoso manifiesto? Ahora lo está estudiando el Congreso. Vale.

¿Qué piensa el lector cuando ve por la televisión a esos reporteros corriendo detrás de un representante institucional (no, no hablamos aquí de famosos del corazón) para conseguir una declaración, una palabra, un gesto, un bufido? Aguantando empujones de los igualmente frustrados compañeros para interpelar al personaje mientras éste aprieta el paso. A sabiendas de que no va a haber respuesta, pero para que quede constancia en el medio en el que trabaja de que ha cumplido con su labor y, en los casos más tristes, no escalar peldaños en el ranking de un cercano ERE. ¿Se imagina lo que siente el informador cuando acude a una rueda de prensa y escucha que no se admiten preguntas (que suele ser cuando interesa hacerlas)? Sí, es fácil decir ‘si no hay casera nos vamos’. O pensar ¿por qué no se plantan y les dejan con la palabra en la boca?

Hay casos que claman al cielo, como el de los nazis griegos de Amanecer Dorado, formación política en alza en aquel país que pidió a los periodistas que se pusieran en pie a la orden de “Levantaos, mostrad respeto al líder”. Pese a tal atropello, la respuesta llegó días después, en forma de sentada ante la aparición del sujeto en otra comparecencia. Pero en otros casos, con la amenaza de la precariedad laboral sobre la cabeza como un péndulo-guillotina y sin una unión gremial suficiente para poner a todos de acuerdo sin necesidad de montar una asamblea allí mismo, poco se puede hacer más que gruñir y guardar el cuadernillo y la cámara. O sacar pecho en solitario y volver a la redacción en plan John Wayne, diciendo que es el único que no ha cubierto el acto. Sí, porque, admitámoslo, los políticos han ganado la guerra a los periodistas, y quien dice esto dice a la democracia. O, al menos, la batalla.

Modalidades más perversas

La presidenta de FAPE explica que “con la crisis económica, que se suma a la nuestra propia del sector periodístico, en pleno cambio por el paso del papel a Internet, hemos perdido peso específico en la sociedad”. Las personas que buscaban un empleo de periodista como primera opción y los periodistas en paro han crecido en el último año un 20%. Desde 2008 se han cerrado 197 medios de comunicación. No son tiempos para héroes solitarios. “Si en la Transición nuestro rol era fundamental -prosigue Elsa González-, en 6 ó 7 años hemos ido perdiendo imagen y peso, y el político se ha aprovechado de nuestra crisis, ha tomado las riendas y se está permitiendo unos lujos que durante la Transición le habría sido imposible. Están anulando nuestro papel y hurtando al ciudadano el derecho a recibir información veraz. Nuestra misión, bien ejercida, es imprescindible en la sociedad. Ahora más que nunca, para destapar corrupciones e injusticias, para controlar al político, con preguntas”. Y dice más: “Sin preguntas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia”. El político se ha crecido ante la debilidad del periodismo. Y hay modalidades más perversas que la de no admitir preguntas, como la de interesarse por el medio al que pertenece el periodista que va a preguntar para así poder ignorarle cuando levanta la mano. O anteponer primero a los medios ‘leales’ al político hasta que ya no quede más tiempo para preguntas. Sutileza al poder.

Los últimos en quejarse han sido los de la Asociación de Periodistas de Ciudad Real; afirman en un comunicado que “el nerviosismo de ciertos políticos está dificultando la labor de información democrática a la que se debe cualquier profesional”. ¿Hasta cuándo? Está claro que los periodistas necesitan el apoyo de sus lectores. ¿O acaso no son los primeros tan importantes? Quizá no. Los propios políticos pueden difundir sus cortes de voz o de imagen, sus textos, diciendo lo que quieren. De hecho, lo intentan muchas veces. Además, cualquiera puede escribir y sacar fotos, ¿no? Internet está cargadita de información. Y luego, las redes sociales, tan democráticas y libres, en las que cada uno cuelga lo que cree importante o conveniente, con líderes de opinión con miles se seguidores que rebotan los twits amplificando el eco de su voz, algo muy positivo incluso para el periodismo, como cuando se lanzó la campaña #sinpreguntasnohaycobertura, aún en activo, que pide para ya un pacto entre los directores de los medios. Pero hecha la ley hecha la trampa; bajo el anonimato o un nombre falso los mismos políticos que no admiten preguntas podrían seguir manipulando y desinformando a su antojo...

25 días sin respuestas

Para casi todo hay siempre una explicación, para suprimir una escena con beso gay de la serie ‘Herederos’, para cambiar un reportaje sobre el ‘Prestige’ por una reposición “de mayor actualidad” sobre personas centenarias... Menos para no admitir preguntas. Pero lo hace el señor Rajoy, quizá no el sábado, admitamos pulpo como animal de compañía, pero sí muchas otras veces (ostenta un récord, seis meses sin dar una rueda de prensa, entre abril de 2009, cuando estalló el caso Gürtel, y octubre); lo hace el señor Rubalcaba y el señor Urkullu, lo hacen las señoras y señores de Bildu al estilo Bildu, un montón de individuos parapetados tras una mesa hablando de libertades...

Pero Rajoy es el presidente del Gobierno y la que le está cayendo encima es bastante gorda. Ganó las elecciones el 20 de noviembre de 2011, un mes después juraba su cargo. Hasta el 6 de enero de 2012 no respondió como presidente a las preguntas de los periodistas (lo hizo en una rueda de prensa conjunta con Sarkozy). 25 días sin respuestas. Incluso la web de RTVE recogía así una de sus intervenciones en público, el pasado 6 de diciembre: “Cuando los periodistas intentaron dispararle varias preguntas de actualidad, Mariano Rajoy se escabulló y citó a los informadores para otro día”. La misma web informa de que en 2012 sólo dio tres grandes ruedas de prensa con preguntas, y eso con la crisis galopante, “en otras ocasiones se trata de breves conferencias con mandatarios extranjeros y con un cupo cerrado (y escaso) de preguntas”. Después de su aparición el pasado sábado, el lunes pensó que sí podía contestar a los informadores: lo hizo desde Alemania junto a Angela Merkel. Si tienen amigos periodistas les podrán contar muchas historias. Pregunten, pregunten, ya que ellos lo tienen prohibido.

Ver todos los artículos de la serie 37 grados.

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