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El niño que quería ser rico

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El niño que quería ser rico

Vive en un adosado de 1,5 millones y va por su tercer velero. Diego Torres, el socio al que ahora acusa Urdangarin, ya soñaba de crío con «hacer mucho dinero»

07.02.13 - 13:05 -
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El niño que quería ser rico
Diego Torres, en una imagen de archivo

ADiego, los 700 kilómetros cuadrados de Mahón enseguida se le quedaron pequeños. Sus primeros juegos fueron entre las estrechas calles y las casas blancas de protección oficial del humilde barrio donde nació en 1965. Aunque callejear entre los abundantes bares de pescadores no era lo que más le gustaba. Tampoco el deporte era lo suyo. Al menos de niño... Prefería las canicas. Y se pirraba por los pájaros. «Tendría unos 10 años cuando sus padres le regalaron una escopeta de perdigones. Salíamos los dos con el rifle al campo, pero él nunca quería disparar. Prefería escuchar a los pájaros e identificarlos por sus trinos. Conocía a un cernícalo por el canto», recuerda José Luis Romero, un viejo amigo. Pero lo que realmente le iba a "Dieguito" era hincar codos en casa. No hacía falta que Bartolomé y Rosario, sus padres, estuvieran encima de él para que acabara los deberes. La madre sacaba tiempo entre tintes y permanentes en la peluquería familiar para echarle un cable, pero no porque lo necesitara. Su hijo sacaba notas excelentes. «Era muy buen estudiante. De notazas». Solo iba justito en gimnasia. Lo contaba en el "Diario de Menorca" Miquel Ángel María, compañero de Diego Torres en el colegio Antonio Joan. Allí, entre pupitres, él y otros chavales ya escucharon cuál era el sueño de Diego: «No cesaba de repetir que de mayor quería ser rico, trabajar en algo en lo que pudiera hacer mucho dinero».

Y Diego Torres verdaderamente lo ha conseguido. Dieciséis millones de euros para ser exactos, el montante de ganancias que Hacienda y la Fiscalía Anticorrupción atribuyen a la galaxia del Instituto Nóos, el entramado presuntamente delictivo en el que se embarcó junto a Iñaki Urdangarin. El duque de Palma ya desfiló la semana pasada ante el juez para tirar balones fuera. Defendió su papel meramente "decorativo" al frente de Nóos, negó cualquier facultad ejecutiva, quitó de la "línea de tiro" a la infanta Cristina y cargó toda la responsabilidad sobre su antiguo socio: «Me ha estado robando», llegó a decir ante el tenaz juez José Castro. En su día, Diego Torres se acogió a su derecho de no declarar cuando fue citado. Pero ahora quizás se anime. No se descarta un careo.

«Vive para trabajar»

La amistad que Torres y Urdangarin trabaron en ESADE como profesor y alumno ha quedado hecha añicos. La Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas de Barcelona -a tiro de piedra de la mansión de seis millones de euros de los duques de Palma en Pedralbes- ya formaba parte de los objetivos de Diego Torres allá en su Mahón natal. Un centro digno de sus aspiraciones, una etiqueta de élite, una escuela de negocios que cada año se coloca entre las 25 mejores del mundo para publicaciones tan prestigiosas como "Financial Times" o "The Economist". Y Diego decidió respirar, recorrer el camino contrario de sus padres, llegados a Menorca desde la península para labrarse un futuro. Diego salió del ahogo de la isla, de las aulas prefabricadas de su escuela y se lanzó a cumplir el sueño de ser rico.

«Tiene una inteligencia desbordante y una enorme capacidad de trabajo. Vive para trabajar y exige lo mismo a sus empleados. Si hubiera querido, podría haber llegado a ser un gurú internacional en cualquier rama de los negocios». Lo confiesa un exempleado de Nóos, cinco años bajo el mando de Torres y que prefiere mantener el anonimato. Normal con la que está cayendo... Fue a finales de los años 80 cuando Diego hizo el petate en Menorca, dijo adiós a los suyos y se matriculó en ESADE. Allí empezó a sumar méritos académicos: licenciado en Ciencias Empresariales, máster en Administración de Empresas y doctor en Management Sciences. Y allí comenzó a hacer los contactos que le han llevado a la cima del éxito y a la más profunda sima del fracaso...

Cruzar el Mediterráneo también le supo a poco a Diego Torres. En 1991 se lanzó a hacer las Américas y se curtió durante años como consultor de Arthur Andersen y Hewlett Packard en San Diego (Estados Unidos). A mediados de los años 90 regresó a España, retomó el contacto con ESADE convirtiéndose en profesor «asociado» del Departamento de Política de Empresa -puntualizan desde la escuela, desmarcándose de Torres, apartado del centro desde noviembre- y empezó supuestamente a tejer los hilos del imperio Nóos.

Su caída en desgracia no ha sido en solitario. Ana María Tejeiro, su mujer, también está imputada en la trama. «Ha ejercido siempre de mujer fiel y le ha acompañado en todas sus aventuras profesionales», explica el exempleado de Nóos. Igual que sus hermanos Marco y Miguel Tejeiro. Ana María y Diego llevan dos décadas juntos: se conocieron cuando ella estudiaba Derecho en la Universidad de Barcelona.

Su niña, "acosada"

No solo su esposa y sus cuñados sufren el peso de la sospecha. Diego Torres es padre de una niña y un niño. A la mayor, de unos 11 años, la ha tenido que cambiar de colegio. Algunos compañeros le hacían la vida imposible al saber quién es su padre. Hasta la tranquila Mahón también ha llegado la resaca de la marea Nóos. «Su familia ha sido increpada en algunas ocasiones», explica una periodista de Menorca que ha rastreado en la infancia del socio de Urdangarin. Su éxito no parece haber redundado en beneficio de su familia. «Nunca hablaba de ellos», dice su antiguo empleado. A la isla ha vuelto en contadas ocasiones. De las últimas, en 2005, a una cena de antiguos alumnos del colegio. Allí se jactó de su gloria. «Reside en Barcelona y está montado en el dólar, con consultoras y otros negocios...», escribió el exprofesor Manuel González en una pequeña crónica del encuentro en "Es Diari".

Su madre sigue viviendo en el humilde barrio de Mahón del que él se marchó. También su hermana Rosario, la única que ha hablado en los medios. «¿Cómo lo lleva la familia? Como cualquiera ante todo esto... Esperando que la Justicia actúe como deba actuar», fue su frase ante una cámara de "Equipo de Investigación" (Antena 3) antes de subirse a un humilde Nissan plateado y algo cascado. Nada que ver con las lujosas berlinas norteamericanas que su hermano conduce por las calles de Barcelona. Como tampoco tiene nada que ver la sencilla vivienda de muros blancos donde ella vive con el adosado de dos alturas y valorado en 1,5 millones de euros que sirve de residencia a los Torres Tejeiro, en una exclusiva urbanización de Sant Cugat del Vallés, a cinco kilómetros de Barcelona. Pidió una hipoteca de 1,2 millones y los duques de Palma le prestaron 400.000, según la investigación.

Los únicos barcos que su madre y su hermana divisan en Mahón son los de los pescadores de manos callosas. Él va por su tercer velero. «Cada uno más grande que el anterior». El último, de 10,6 metros de eslora y con capacidad para ocho personas, está amarrado en el puerto de la Ciudad Condal. La vela es otra de sus pasiones. En sus barcos ha regateado en varias competiciones con más pena que gloria... Incluso en Nóos intentó crear un equipo con los empleados. «Nos escaqueamos. Bastante había con "sufrirlo" en el trabajo...».

Sus exalumnos de ESADE (donde el viernes dimitió su secretario general, Marcel Planellas, director de la tesis de Torres y acusado de cobrar 128.000 euros de la trama) lo ven como un profesor «de sobresaliente». Amante del "power points", armado con un portátil MacBook, con dominio de la escena y don de gentes. Acostumbraba a motivar a sus pupilos con ejercicios de reflexión. Por ejemplo: "Imaginad que caéis con un avión en mitad del desierto. ¿Vais a pedir ayuda o esperáis?". En clase le encantaba repetir una frase que atribuía a Urdangarin y que convirtió en uno de sus lemas: «La política tiene mucho peso en el deporte».

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