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Jonan Fernández, el decimoquinto apóstol de Arantzazu

ARCA DE NOÉ

Jonan Fernández, el decimoquinto apóstol de Arantzazu

El nuevo responsable de Paz y Convivencia ha culminado su doctrina sobre la reconciliación a la sombra del friso de Oteiza en el santuario franciscano

06.02.13 - 00:15 -
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Fue en octubre de 2006 cuando se inauguró Baketik, el Centro para la Paz de Arantzazu, promovido por los franciscanos en este enclave tan simbólico para la identidad cultural y política vasca. Jonan Fernández fue nombrado director de esta iniciativa, de carácter abierto y plural, laica y aconfesional, pero anclada y entubada al santuario de una orden religiosa identificada con el carisma de la paz. Por entonces, el obispo de Gipuzkoa era Juan María Uriarte, un prelado con el que el nuevo director general de Paz y Convivencia, nombrado recientemente por el lehendakari Iñigo Urkullu, tiene un fuerte vínculo personal. Incluso coinciden en los puntales del discurso de la reconciliación.

La arquitectura de esa doctrina la ha terminado de cincelar durante los últimos seis años junto a la magnífica basílica de Arantzazu en la que Jorge Oteiza esculpió un friso con catorce apóstoles. Jonan Fernández ha reflexionado largo y tendido sobre la pacificación, tanto sobre la fina arena de la playa de Berria, en Cantabria, como desde los acantilados del santuario, a los pies de las campas de Urbia, balcón privilegiado de sierras y macizos. Y, una y otra vez, este tolosarra metafísico e insistencialista –es muy machacón y ha demostrado capacidad para convencer– parece haber seguido el pensamiento estético de Oteiza a la hora de llenar los vacíos de Euskadi.

Tarea titánica la que tiene Jonan Fernández por delante, en esa apuesta arriesgada de Urkullu. ¡Hay tantos vacíos en la sociedad vasca! Y, sobre todo, ¿cómo se cierra el agujero negro que abrió hace 55 años ETA en Euskadi? Jonan, como el Jonás bíblico en el 'Androcanto y sigo' de Oteiza, conoce la ballena por dentro y por fuera. Ha vivido el 'conflicto' por dentro y por fuera en su particular y personal itinerario. La revisión crítica del pasado, el nuevo concepto acuñado en la hoja de ruta de la normalización, ya la ha experimentado Fernández.

En efecto, la suya ha sido una peculiar evolución. Empezó en la política como concejal de Herri Batasuna en los momentos mas duros en la entonces convulsa Euskadi. Y lideró el movimiento Lurraldea cuando ETA impuso el nuevo trazado de la autovía de Leizarán y humilló a las instituciones democráticas. Luego coordinó Elkarri, una organización en favor del diálogo que trabajó durante 14 años. De ahí salieron muchas iniciativas para aprender de otros escenarios, como el espejo irlandés. Incluso no faltaron quienes vieron en el nacimiento de Elkarri la paternidad de la izquierda abertzale para contrarrestar la influencia de Gesto por la Paz.

Integró el 'comité de sabios' que asesoraba a Juan José Ibarretxe y el propio lehendakari inauguró la puesta en marcha de Baketik. En el Centro por la Paz, Fernández se rodeó de una 'intelligentsia' muy plural, en distintos comités de asesores y rectores. Nombres como los de Miguel Herrero de Miñón, José Saramago, José Antonio Marina, Daniel Inneratity, Anjel Lertxundi o Arantza Urretabizkaia. Agnósticos como Victoria Camps y sacerdotes como Matteo Zuppi, miembro de la comunidad de San Egidio, que tiene su casa madre en el barrio romano del Trastévere. El común denominador: una ética humanista con la dignidad humana como columna vertebral.

Baketik ha formado a cerca de 5.000 voluntarios como agentes e impulsores de la reconciliación y ha socializado su mensaje en numerosos municipios y colegios. Jonan Fernández ha publicado decenas de artículos en la revista 'Arantzazu' –fusionada con otras cabeceras–, un clásico en muchos hogares vascos. Y sus reflexiones las ha plasmado en algunos libros como 'Ser humano en los conflictos' y 'Cuatro aprendizajes básicos'.

Cuando Jonan Fernández llegó a Arantzazu se definió como «católico y creyente» tras un itinerario personal sembrado de simbolismos y metáforas. 'Existe Dios al noroeste' tituló Oteiza uno de sus libros. Fernández comenzó en la política y vuelve a la política, tras una evolución cargada de una fuerte espiritualidad. El pasado 20 de diciembre, veinte años después de nacimiento de Elkarri, Fernández reconocía en un artículo que habían llegado tarde a la cuestión de las víctimas, en lo que suponía, ya entonces, una revisión critica de su propio pasado. Según su exdirector, Baketik es hoy un proyecto «consolidado» y recién renovado que cuenta con un nuevo patronato y acaba de modificar sus estatutos para certificar su autonomía con respecto de las instituciones franciscanas y ser así una fundación plenamente independiente. De hecho, ha trasladado su sede operativa de Arantzazu a Tolosa.

La apuesta de Urkullu es fuerte ¿un guiño al sector ibarretxista del PNV, atractivo también para la izquierda abertzale? Hay que dar a Jonan Fernández un voto de confianza. Mirar menos su pasado y dejarle que empuje en los nuevos carriles. Su comportamiento lo dirá todo. Fernández, teórico del tercer espacio, aquél que también perseguía Chillida cuando lo intentó compaginar con el vacío y con el tiempo. Y con la geometría, ya sea variable o invariable, impregnada también de metafísica y filosofía. Y cuando buscaba entre los pliegues de la historia la luz. Al final del túnel. Fernández buscaba el espacio, como Chillida, y se encontró con los vacíos de Oteiza. Escapar del Minotauro, salir del laberinto, meditaba el artista de Orio. Euskadi en el laberinto, escribía ya hace tiempo el profesor Linz. Y mucho antes Julio Caro Baroja. Ya no se necesitan Teseos, sino muchas Ariadnas con hilos, ahora que se conjuga mucho el verbo tejer. Parece más fácil encontrar la salida.

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Jonan Fernández, junto a una fotografía de la escultura de Chillida ‘El peine de los vientos’. / Efe
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