El salto supersónico de Felix Baumgartner desde las puertas del espacio, el 14 de octubre de 2012, alcanzó una cota de velocidad superior a la inicialmente estimada: Mach 1,25. Esta estadística solo es una parte de los datos y noticias incluidas en un informe que detalla los resultados de tres meses de análisis de los datos recogidos por el equipo científico de la misión Red Bull Stratos.
El amplio espectro de los hallazgos, que incluye la obtención de los primeros datos psicológicos recogidos en un salto en caída libre que ha superado la barrera del sonido, también ha llevado a algunas revisiones de las cifras iniciales estimadas. Los datos recogidos, que se usarán para futuras misiones aeroespaciales, han evidenciado la superación de diversos récords: la velocidad vertical máxima de Baumgartner fue de 1.357,6 kilómetros por hora o Mach 1,25, en relación a los 1.342,8 km/h o Mach 1,24 estimados en un principio. Con la ayuda de un dispositivo adicional de registro de datos, la altura del salto también ha sido corregida hasta los 38.969,4 metros, en relación a los 39.045 estimados el día del salto.
El descubrimiento más importante del análisis de la misión ya fue evidente para los millones de espectadores de todo el mundo que siguieron la misión en directo. El salto en caída libre del aventurero austriaco demostró que, con el equipamiento adecuado y un entrenamiento estricto, un ser humano puede atravesar la barrera del sonido con seguridad. Éste ha sido un avance vital para la industria aeroespacial en su búsqueda de respuestas para establecer protocolos de evacuación de tripulación y pasajeros en situaciones de emergencia, especialmente con la perspectiva no muy lejana de los viajes espaciales comerciales.
“Juntos hemos demostrado que un ser humano en caída libre puede romper la barrera del sonido al volver de las puertas del espacio, puede pasar por la fase transónica y puede aterrizar sano y salvo”, explica el doctor Jonathan Clark, Director Médico de la misión Red Bull Stratos. “Esa fue una gran parte del programa y monitorizar la misión fue un evento significativo para la medicina y la fisiología aeroespacial”.
Los datos fisiológicos
La monitorización fisiológica de Baumgartner ha proporcionado al equipo científico más de 100 millones de puntos de referencia, incluidos los primeros datos fisiológicos de la historia de un hombre viajando a velocidad supersónica sin apoyo mecánico. En la publicación de estos datos no solo se pueden observar el ritmo cardíaco y la respiración, sino que también se indican las fuerzas que tuvo que soportar en momentos clave de la misión.
El ritmo cardíaco de Baumgartner llegó a las 185 pulsaciones por minuto cuando salió de la cápsula y se mantuvo entre las 155 y las 175 durante la caída libre. Baumgartner, cuyo ritmo cardíaco durante el periodo de respiración de oxígeno previo al inicio de la misión fue de entre 40 y 100 pulsaciones, mantuvo un nivel de entre 60 y 100 durante el ascenso, llegó a las 169 cuando alcanzó Mach 1,25, se mantuvo entre las 155 y 180 durante el descenso con el paracaídas, registró 163 en el momento del aterrizaje y volvió a las 100 mientras regresaba en helicóptero al Centro de Control de la misión. Su ritmo respiratorio llegó a un máximo de entre 30 y 43 respiraciones por minuto durante la caída libre.
Baumgartner experimentó 25,2 segundos de absoluta ingravidez durante la fase inicial del salto. Como consecuencia de ello, entró en un periodo de giros y vueltas que llegó a un máximo de 60 revoluciones por minuto y que puso al austriaco de 43 años en situación de “barrena” durante 13 segundos. Baumgartner fue capaz de estabilizar su trayectoria gracias a su experiencia como paracaidista. Todos los datos fisiológicos entraron sobradamente en los parámetros estimados con antelación y nunca excedieron los márgenes previstos. Por ejemplo, el contador de fuerza G que Baumgartner llevaba en su muñeca nunca registró las 3,5 G de fuerza durante seis segundos seguidos que habrían desplegado automáticamente su paracaídas de frenado (o estabilización). De hecho, la zona de mayor riesgo de Baumgartner, su región craneal, se mantuvo bajo las 2G de fuerza durante el periodo que estuvo en barrena.












