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Bizkaia plantea la fusión de las dos orquestas vascas, que recortaría un 40% las plantillas

SINFÓNICAS

Bizkaia plantea la fusión de las dos orquestas vascas, que recortaría un 40% las plantillas

El diputado general sugiere a Urkullu una operación que permitiría crear una sinfónica mejor a un coste inferior

29.01.13 - 02:47 -
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Hacer una gran orquesta donde ahora hay dos de tipo medio y al tiempo reducir los costes. Esa es la filosofía que subyace tras la propuesta de fusionar las Sinfónicas de Bilbao (BOS) y Euskadi (OSE) que el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, hizo ayer al lehendakari, Iñigo Urkullu. La subvención pública que recibirán la OSE y la BOS en 2013 supera los 14 millones de euros, una suma que podría reducirse de forma sensible con una fusión que tendría como consecuencia inevitable un recorte de plantilla de aproximadamente un 40%. No es el único problema de una operación de una notable complejidad.

Euskadi es una de las comunidades autónomas mejor dotadas en cuanto a orquestas sinfónicas porque tiene una por cada 1,1 millones de habitantes. La BOS, en cuyo patronato figuran la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao, dio su primer concierto en 1922 y su temporada de abono radica íntegramente en la capital vizcaína. La OSE fue creada por el primer Gobierno vasco en 1982 y reparte su temporada entre San Sebastián -donde tiene su sede-, Bilbao, Vitoria y Pamplona.

La propuesta dejó descolocados a los responsables de ambas formaciones, pese a que es una idea que ha ido cogiendo cuerpo en los últimos meses entre los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco. Al parecer, incluso figuró en los borradores del programa electoral con el que esta formación acudió a los comicios del pasado octubre.

Fuentes próximas a ambas entidades reconocen que una fusión es posible, pero se trata de un proceso difícil y a largo plazo. La primera de las dificultades está en las plantillas: ambas son empresas de titularidad pública y a día de hoy suman más de 160 músicos, a los que deben añadirse otras 25 personas más dedicadas a tareas administrativas y técnicas. La cifra es inviable para una orquesta. A modo de ejemplo, la Nacional de España tiene apenas 100 instrumentistas, y la Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña no llega a 90. Las dos mejores orquestas del mundo, las filarmónicas de Berlín y Viena, con presupuestos que multiplican varias veces los de la mejor orquesta española y una agenda repleta de conciertos, grabaciones y funciones de ópera en el caso de la capital austriaca, están en torno a los 120 músicos.

La solución no es fácil. En los próximos cuatro o cinco años, se jubilarán media docena de músicos tanto en la BOS como en la OSE. Aún suponiendo que sus plazas se amortizaran -lo que es posible en secciones donde hay muchos instrumentistas, como en la cuerda, pero puede no serlo en otras-, todavía quedarían en ese momento unos 150. Una cifra descomunal si se tiene en cuenta que una sinfonía de Mozart suele interpretarse con medio centenar de músicos y una de Brahms o Beethoven, con 70-80. Cuando se programan obras de compositores que requieren de despliegues mayores -Mahler y Shostakovich, por ejemplo-, lo habitual es recurrir a "extras" a los que se paga solo por su participación en esos conciertos. Pero eso no sucede más de una o dos veces por temporada, ya que el 95% de las obras puede interpretarse con unos ochenta instrumentistas.

Problema crucial

El asunto de las plantillas es crucial por cuanto en una orquesta suponen por encima del 70% del gasto, pese a que los salarios no son elevados: en la mayor parte de los casos están entre 35.000 y 45.000 euros anuales. Una orquesta fusionada podría reducir costes en la parte artística (alquiler de partituras, derechos de autor y directores y solistas invitados, cuyo número se reduciría drásticamente), pero se trata de partidas menores.

Por ello, la fusión no significaría, en ningún caso, rebajar el presupuesto y las subvenciones a la mitad. Sin embargo, la experiencia de otras formaciones demuestra que una orquesta de algo menos de cien músicos con un presupuesto de gasto de unos 12 millones de euros, frente a los 17 que suman ahora, tiene recursos para ser mucho mejor que las actuales: podría quedarse con los músicos más capacitados, contratar a mejores directores y solistas invitados y hacer más giras y de mayor importancia.

Al margen de los problemas de personal, delicados y de difícil resolución, hay otros muchos asuntos que deberían abordarse de cara a una hipotética fusión: uno de ellos es la sede; otro, la realización de la temporada. Todas las fuentes consultadas ayer por este periódico coincidieron en que la nueva orquesta debería repartirla entre las capitales vascas manteniendo un delicado equilibrio. En este momento, la OSE tiene 7.000 abonados, de los que la mitad lo son a los conciertos que se celebran en San Sebastián. La BOS tiene más de 2.000. La capital vizcaína, por su población y la existencia de una temporada de ópera, tiene una masa crítica mayor de aficionados. Pero también San Sebastián goza de un peso notable en el sector musical, y es sede cada verano de la Quincena Donostiarra, donde la OSE tiene siempre presencia.

Jose Luis Bilbao ha lanzado de manera oficial una idea que ayer fue bien acogida en algunos círculos porque puede suponer la creación de una orquesta mejor que contribuya a difundir la "marca Euskadi". Sin embargo, a nadie se le escapa que la gestión de esa propuesta está plagada de dificultades técnicas y también políticas.

El (gran) problema de dónde fijar la sede

14,3 millones anuales cuestan al erario público las dos orquestas. La OSE recibe una subvención del Gobierno vasco de 7,2 millones. La BOS recibe 4,8 de la Diputación vizcaína y 2,3 del Ayuntamiento de Bilbao. Las orquestas obtienen otros ingresos hasta sumar más de 17 millones.

En su origen, la Sinfónica de Euskadi era calificada de orquesta de San Sebastián, por el afán de su promotor, el entonces consejero Ramón Labaien, de disponer de una sinfónica con sede en esa ciudad. Durante años, la existencia de dos orquestas fue motivo de recelos institucionales incluso entre políticos del mismo partido. Por eso, la cuestión de dónde se asentaría una hipotética orquesta producto de la fusión de la OSE y la BOS no es un tema menor. Ahora, la OSE tiene su sede en Miramón, en un edificio de su propiedad, mientras la BOS ocupa un espacio en el Palacio Euskalduna, donde también da los conciertos.

¿Aceptarían las instituciones vizcaínas perder la sede de una orquesta que camina hacia el siglo de vida? ¿Y las guipuzcoanas sufrir la misma pérdida cuando se ha convertido en parte esencial del entramado cultural de San Sebastián? Una solución que algunos apuntaban ayer era mantener una doble sede, dedicando una de ellas a grabaciones, conciertos didácticos y otras actividades, y la segunda para la gestión administrativa y los ensayos. Quizá fuera políticamente aceptable, pero eso supondría duplicar algunos gastos no necesarios, lo que va contra uno de los objetivos de la fusión propuesta ayer por el diputado general de Bizkaia al lehendakari: reducir los costes.

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