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"Me han destrozado 21 años de vida"

reclama medio millón de euros

"Me han destrozado 21 años de vida"

Una mujer relata sus dos décadas de infierno por la gasa de 15 centímetros que los médicos se olvidaron dentro de su abdomen en una operación

02.02.13 - 00:17 -
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'Me han destrozado 21 años de vida'
Gráfico: Dos décadas con una gasa en el intestino. / Gonzalo de las Heras

«El daño que me han hecho es irreparable». María, 51 años, repite esta frase una y otra vez. Hace ahora doce meses fue intervenida en el hospital de Galdakao para extraerle una gasa de quince centímetros de longitud que, durante una intervención ginecológica, los médicos olvidaron en su abdomen en 1991. «Me han destrozado 21 años de vida», se lamenta. Para cerrar definitivamente este largo capítulo de sufrimiento, ahora acude a los tribunales. «Busco un reconocimiento público de la situación que he padecido durante tanto tiempo», explica.

En diciembre de 1990, a esta bilbaína le diagnosticaron un cáncer de endometrio, lo que obligó a extirparle el útero. La intervención tuvo lugar en un clínica ginecológica de Bilbao. Tres meses después, la joven -tenía 29 años- tuvo una segunda operación a fin de reubicar los ovarios fuera del campo de la radioterapia, tratamiento al que tenía que someterse para combatir la enfermedad.

«Ya en el postoperatorio sufrí una oclusión intestinal de tal calibre que los médicos se plantearon volver a abrirme. ¡Ojalá lo hubieran hecho! Me habría ahorrado 21 años de sufrimiento», dice. Pero no fue así. Los facultativos interpretaron que se trataba de una obstrucción -un ileo paralítico en la jerga médica-, bastante común tras una cirugía de abdomen. A medida que pasaron los días, María fue tolerando la dieta y recibió el alta hospitalaria.

Fue el inicio de una pesadilla que ha durado más de dos décadas. Y es que durante los años siguientes, las crisis se sucedieron en forma de fuertes dolores abdominales y vómitos que duraban un promedio de cuatro días. En un principio, los facultativos que la atendían atribuían estos episodios a las adherencias postoperatorias, así como a la radiación. «Fueron unos años en los que tenía que acudir de continuo al médico». Al no dar con la causa real de estas crisis, la solución era medicación para cortar los vómitos y calmantes contra el dolor.

Dos TAC al año

Las visitas a Urgencias -siempre en la Sanidad privada porque María, debido a su profesión, en aquellas fechas no tenía acceso a Osakidetza- eran habituales, al igual que las exploraciones. «Al principio me hacían dos TAC al año, con la dosis de radiación que esto supone». Sorprendentemente, los médicos no percibían nada extraño en estas pruebas por lo que, en ningún momento, se planteaban operar.

Entre cólicos y náuseas van transcurriendo los años. «Mi vida personal y profesional se ha visto totalmente trastocada. No he podido formarme como me habría gustado hacerlo porque no me atrevía a vivir fuera de aquí, donde estaban los médicos que me atendían. Apenas he viajado porque cada viaje suponía acabar en Urgencias. Me conozco bien las Urgencias de media España», dice con una mezcla de ironía y de amargura.

Transcurrida más de una década de crisis oclusivas, empezó a sufrir diarreas y hemorragias «que todavía me limitaban más. Pedí una colonoscopia, pero mis médicos me lo desaconsejaron porque decían que existía el riesgo de perforación. En 2006, me hacen un nuevo TAC. El radiólogo ve algo que no considera normal, pero el médico internista al que me había derivado el ginecólogo no hace caso».

Así hasta 2010. Otro escáner mucho más específico habla ya de la existencia de «un cuerpo extraño». Pese a este rotundo radiodiagnóstico, el facultativo que la asiste sigue atribuyendo las dolencias de María a secuelas de la operación de cáncer. «Me llegó a decir que era el precio a pagar por estar viva», recuerda con dolor.

El «cuerpo extraño» visible en el TAC alarma a sus amigos y familiares. Ya en 2011, a través de unos conocidos contacta con un cirujano del hospital de Galdakao. Le muestra la prueba radiológica y el facultativo no tiene ninguna duda. María tiene en su abdomen una masa anormal. En enero de 2012, es intervenida en este centro. Según el informe médico, le extirpan «una masa de unos quince centímetros de diámetro íntimamente adherida al eplipón mayor, a las asas del intestino delgado y al mesocolon transverso». Los análisis de laboratorio confirman la sospecha de que el origen de este cuerpo extraño es «textil», es decir, que se trata de una gasa olvidada en la intervención de 1991.

Reclamación judicial

«Aunque no me recuperé de un día para otro, al poco de extraerme esa masa, ya empecé a notar que mi cuerpo era otro», asegura. Pero el cada vez mayor bienestar físico no ha impedido que perdure el malestar psíquico por los «21 años de vida destrozados». Cree que le deben hacer justicia. Los abogados Gómez Menchaca que la representan han planteado ya una demanda de acto de conciliación, como primer paso para lograr una reparación del daño. Reclaman en su nombre una compensación de medio millón de euros «por el sufrimiento físico y emocional padecido durante más de dos décadas».

A sus 51 años, esta bilbaína espera que la Justicia atienda su demanda, que va dirigida contra la clínica ginecológica que la operó en 1991 y contra el medico internista. «Busco un reconocimiento público de la negligencia que se ha cometido conmigo. Los años que he perdido ya no van a volver y era muy joven cuando empecé con todo esto. Cada vez que tenía una crisis, pensaba que era un nuevo cáncer».

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