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Cuando los punkis querían a los políticos

37 grados

Cuando los punkis querían a los políticos

Labordeta, Gutiérrez Mellado, Tierno Galván... Un repaso a los representantes que podrían dar lecciones a los actuales

31.01.13 - 00:07 -
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Ocurría en 2008 en un bar del pueblecito oscense de Villanúa. Mientras José Antonio Labordeta (1935-2010) saboreaba un vino quemado y una banderilla de bonito en escabeche, le asaltó un adolescente, un punki de los pies a la cresta y mucho acento maño: “Labordeta, ¿se hace una foto comigo? Que también soy de Zaragoza”. Que a un punki le apetezca retratarse con un político es de llevarse las manos a la cabeza, pero así era el aragonés, querido por todos como a un abuelo, respetado, admirado. Bueno, también hubo quien no cayó rendido a su hechizo. Lo contaba él en aquella ocasión: “Estuve cuatro años en el Congreso pasando cada tarde por delante de Aznar y no me dijo nunca nada, ni me saludó. Respondía a todo el mundo, pero a mí sólo me decía: ‘Yo al señor Labordeta ni le contesto’. Pues de puta madre. Pero es que ahora he estado cuatro años pasando delante de Rajoy y ha sido lo mismo, oye. El tío no me dice nada. Yo en broma digo que como es tan alto a lo mejor no me ve”. Labordeta en estado puro. Un hombre que pese a sus muchas ocupaciones sacaba un momento y mandaba un mensaje a una simple periodista para felicitarle el 2009: “Te deseo que el año que viene, que a punto estuvo de iniciarse con el bombazo, no se vuelva a repetir. Cuando vi las imagenes en la televisión me acordé de ti y de las gentes de ese País que andáis torturados por esa gente sin sentido. (...) Por aquí seguimos con el frío y con la tristeza de las nieblas. Esperemos que la primavera llegue algún día”.

Cuando los punkis querían a los políticos

El 67% de los españoles, según una reciente encuesta, acepta que los políticos corruptos son una minoría, aunque suficiente para enturbiar la reputación de los demás. ¿Y qué opina el resto? Algunos, un 3%, no saben ya ni qué pensar, pero una buena porción, el 30% tiene una idea bastante nefasta del conjunto de nuestros representantes y hace suya esa frase de ‘todos son iguales’. Injusto, porque sólo son 300 los imputados en casos de corrupción, frente a los 78.000 cargos electos que existen en nuestro país. Aunque quede aún mucha manta de la que tirar. En la misma encuesta se dice que el 66% asegura que los partidos actuales son peores que los de la Transición y el 55% está convencido de que con los de ahora no se habría conseguido culminar ese proceso tan vital para nuestro país, que hoy hierve de ira al ver tanta desfachatez sin castigo. Y ya no hay Labordetas que tiren del listón para arriba, al menos del de la imagen. Si el maño levantara la cabeza...

Jesús Lizcano es el presidente en España de la organización Transparencia Internacional, dedicada a combatir la corrupción política. Está convencido de que “antes había tanta o más corrupción que ahora, pero entonces estaba más permitida, más consentida, había más fatalismo o complicidad y menos denuncias. Han cambiado los tiempos, ahora se sabe todo. Por eso creo que en un futuro próximo va a haber mucha menos, los que tiene esas intenciones se lo van a pensar dos veces porque todo se va a saber y se va a denunciar. No hay nadie que quede impune, si hasta a la Casa Real se está investigando. Otra cosa es que los culpables de este tipo de delitos acaben en la cárcel”. Y no deja de tener cierto punto de razón ese 66% que añora cómo eran los políticos en otros tiempos. Parece que ya no quedan de esos que, fueran de la ideología que fueran, eran admirados y respetados por una gran mayoría de los ciudadanos. Hace aquí Lizcano una reflexión interesante: “Faltan líderes políticos, por lo que sea, que saquen la cara a la esfera política, al menos con carisma, como Suárez o González, con tirón. O cercanos y honestos. Ahora son más grises, no hay un sentimiento de liderazgo”.

Un militar contra la droga

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En esta lista de los representantes más queridos, respetados, modélicos o admirados aparece Manuel Gutiérrez Mellado (1912-1995), ministro de Defensa y vicepresidente con Suárez, que pasará a la historia por aquella imagen en la que, con 69 años entonces, pequeño, frágil, se enfrentó solo a los golpistas, compañeros de profesión, que intentaron tirarle al suelo con una zancadilla. Se convertía así en una especie de símbolo de la libertad. “Era un hombre íntegro, con ética, con saber estar, firme en sus convicciones democráticas... Tenía muchas virtudes”, reconoce Lizcano. Después de salir del Gobierno, en 1981, tras el golpe, no formó parte de ningún consejo de administración de empresa ni desempeñó cargo alguno. Hasta el 84, cuando otro presidente, esta vez socialista, Felipe González, le llamó para ser consejero de estado, labor que cumplió hasta que murió en accidente de coche. Antes, le dio tiempo a crear la Fundación de Ayuda a la Drogadicción, al parecer sensibilizado por la muerte del hijo de un gran amigo. “Otro de éstos sería Adolfo Suárez (1932-)”, apunta Lizcano. “Sin duda, un personaje capital, como Gorbachov en la URSS, que supo templar la Transición, ganarse a sus adversarios, con mano izquierda y mucha convicción. Supo aglutinar a la sociedad española”.

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En esta línea destaca también el socialista Enrique Tierno Galván (1918-1986), el ‘viejo profesor’, el alcalde de Madrid por antonomasia, defensor de la Movida... el mismo que decía que los políticos debían tener “los bolsillos de cristal”. Lizcano reconoce que entre todos, se quedaría con él: “por ser tan cercano a los jóvenes, muy inquieto en política, natural, campechano. Tenía muchas convicciones y la gente lo veía como a su alcalde, pensara como pensara. Es un poco lo que ocurre con Iñaki Azkuna (1943-), alcalde de Bilbao, muy respetado por una mayoría que le valora bien a él y a su política de transparencia; por algo se ha llevado el premio al mejor alcalde del mundo y el ayuntamiento que gobierna es el más transparente de España, que es precisamente lo que hoy se echa en falta”.

Con las personas sin hogar

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Otro exalcalde, José Ángel Cuerda (1934), de PNV, entraría en la lista gracias a “su mano izquierda, y también su campechanía, su cercanía y su honestidad”. Tras dejar el ayuntamiento de Vitoria, hace trece años, Cuerda se volcó en ayudar a un colegio de la zona vieja de su ciudad que acoge a inmigrantes. Y elaboró de un proyecto para personas sin hogar, Bizitza Berria (Vida Nueva). El exalcalde sale a las calles en busca de personas en peligro de caer en la marginación, les asesora, les procura residencia y les ayuda en la búsqueda de un trabajo. «Lo más gratificante es poder comprobar la recuperación de una persona», dice, aunque no le guste hablar de esto.

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Bien podría entrar en la lista Miguel Herrero de Miñón (1940), padre de la Constitución Española. Del PP -hasta que se dio de baja en 2004-, su trayectoria y su ecuanimidad han sido reconocidas con premios como el Blanquerna de la Generalidad de Cataluña (distingue la contribución al desarrollo y conocimiento de esta comunidad) y el Sabino Arana, como ‘amigo de los vascos’.

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De Euskadi son Mario Onaindia (1948-2003) y Juan María Bandrés (1932-2011), dos políticos que dejaron un gran legado. El primero fue miembro de ETA y luego de ETApm, después dirigente de Euskadiko Ezkerra y finalmente parlamentario por el PSE-EE. Activista en favor de las libertades y la democracia, sus últimos años los pasó con escolta por estar amenazado por la banda terrorista. Recibió el premio José Luis López de Lacalle por su lucha contra el terrorismo y, ya fallecido, la Orden del Mérito Constitucional. Su amigo y compañero de partido (EE) Bandrés también recibió numerosos premios por su dedicación en pro de la pacificación, entre ellos el Olof Palme y la Gran Cruz de la Orden Civil de la Solidaridad Social.

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Entre otros políticos que también se granjearon las simpatías del pueblo figura Julio Anguita (1941-). Lo dice la wikipedia: “Se distingue por su oratoria y pedagogía en sus discursos y exposiciones. Comprometido con sus ideas, hace gala de integridad y honestidad. Su periodo al frente de Izquierda Unida se distinguió por la exigencia de concretar acuerdos programáticos y el rechazo a la corrupción”.

Y vuelta a la mina

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Y muchos recuerdan aún a su antecesor en el cargo de coordinador general de IU, Gerardo Iglesias (1945), minero, profesión que abandonó por la política y a la que volvió después. Famosa es la foto que lo inmortalizó a punto de bajar de nuevo a la mina, después de dimitir en 1989 de sus cargos en el PCE e IU. Suscitó todo tipo de reacciones, desde los que no se acababan de creer que aquello fuera verdad hasta los que se maravillaban de encontrar tal ‘rara avis’ entre la clase política. Pero regresó a picar. Y es cierto que no pasó allí mucho tiempo, como auguraban los más incrédulos, pero porque se cayó a un agujero de 15 metros. «Me desgracié la vida. Me operaron en el hospital de la empresa, me pusieron unos tornillos en la columna. Y aquello no debía reunir las condiciones necesarias porque tuve una infección que se me cronificó. Meses después me tuvieron que retirar el material de acero inoxidable», decía el años pasado en una entrevista para este periódico. Cinco operaciones, tres años sin salir de su casa de Oviedo, de la cama. La última intervención fue en 2005 para ponerle implantes de titanio. «Pero lo peor es que me han lesionado nervios y tengo un dolor que me restringe mi vida». A partir de ahí, toda una historia de mala suerte, de perdedor. Montó un restaurante de “comida sana”, pero la gente le pedía fabes y callos y tuvo que cerrar. Después fue capataz de una empresa de la construcción hasta que cerró; estuvo dos años currando sin cobrar. Hace poco acaba de publicar un libro, ‘Por qué estorba la memoria’, sobre la represión ejercida contra los guerrilleros asturianos en el franquismo.

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Un par de mujeres que sumar: Cristina Almeida (1944-), ligada al PCE, a IU y al PSOE, que ahora se dedica a trabajar en un despacho de abogada. Dejó claras sus posturas en defensa de los derechos de la mujer, al igual, cómo no, que una figura mítica, Dolores Ibarruri, la Pasionaria (1895-1989). La fuerza de sus discursos está en la memoria de todos. Para Jesús Lizcano, un político debe tener estas cualidades o, si no, dedicarse a otra cosa: “Honestidad, ética, mano izquierda, poder de diálogo con los de arriba, los de abajo, a derecha e izquierda y con los de dentro del propio partido. Integridad, transparencia, saber compartir las decisiones, tranquilidad, no dramatizar siempre, porque algunos son buenos políticos pero como siempre están a la defensiva o radicalizados levantan animadversión...”. En esta lista hay muchos que ya se fueron. Y otros podrían estar, como Luis López Jiménez, diputado del PSOE que renunciaba el año pasado a su puesto en el Congreso porque no se veía “útil”: “Lo que hace falta es gente que sea útil y sirva a los españoles para salir de esta situación en la que estamos”. Añada el lector sus propuestas.

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