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Hollande, la kefia y la cruz

ARCA DE NOÉ

Hollande, la kefia y la cruz

La laica Francia concede 200.000 euros a las autoridades palestinas para reconstruir la iglesia de la Natividad de Belén, lugar emblemático para los cristianos

09.01.13 - 00:07 -
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François Hollande al rescate de los Santos Lugares. Como si fuera un cruzado del siglo XXI. Francia, estandarte de la laicidad, un país que rinde culto a la sacrosanta separación Iglesia-Estado, no ha tenido complejos ideológicos a la hora de apoyar la recuperación de la iglesia de la Natividad de Belén, donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesús. El cónsul francés en Jerusalén, Frederic Desagneaux, y el cónsul de la Autoridad Palestina para Asuntos Cristianos, Ziyad al Bandak, han firmado un acuerdo para la restauración del tejado del templo, que compromete al Gobierno galo a aportar 200.000 euros. El santuario original fue construido en el año 323 d. de C. por el emperador Constantino, alentado por su madre, santa Elena, que fue personalmente a visitar las obras en el 326. La basílica fue destruida en el 529 durante la rebelión de los samaritanos, si bien luego fue reconstruida por el emperador Justiniano. En la conquista persa de Cosroes (614) fue la única iglesia que se salvó de tanta destrucción.

La basílica fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 29 de junio del pasado año, para disgusto de Israel, siempre contraria a cualquier paso que suponga un reconocimiento implícito del Estado palestino. Antes ya había sido incluída en la Lista de Patrimonio en Peligro. Belén tiene un significado que une a cristianos y árabes. Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, ya donó un millón de dólares en 2010. El turismo es una fuente de ingresos muy importante para los palestinos, más en estos momentos en los que el Gobierno de Tel Aviv retiene el dinero de los funcionarios en represalia por los últimos enfrentamientos en Gaza. En abril de 2002 dieron la vuelta al mundo las fotografías de los monjes franciscanos mediando con los soldados israelíes cuando unos 200 palestinos se atrincheraron en la Natividad. Los milicianos protestaban por la invasión del campo de refugiados de Jenín y la ciudad cisjordana de Nablus, atacadas por tanques y aviones F-16 del Ejército israelí. Ha habido otras fotografías menos edificantes. Como las de diciembre de 2011 de los monjes que custodian el recinto peleándose a escobazos.

La Natividad tiene un complejo sistema de financiación, compartido por clérigos de las iglesias católica, griega ortodoxa y armenia ortodoxa, que ha ido retrasando las obras de restauración. Cualquier incidente que se perciba como una invasión de los límites de jurisdicción dentro de la iglesia –cada confesión tiene su área- puede iniciar una pelea. La declaración de la Unesco era necesaria para acceder a ayudas internacionales, pero el propio sistema administrativo del templo –como el de otros lugares de Tierra Santa- dificultaba iniciativas conjuntas en su favor. El gesto del Gobierno de Hollande va más allá de una simple aportación de dinero para salvar un edificio emblemático, supone, también, un apoyo a los cristianos de Tierra Santa. Pese a que tenga mucho de respaldo solidario con la causa palestina.

En efecto, Belén ha vivido el año pasado una fiesta muy especial. Los palestinos reivindicaron en junio una victoria "histórica" al obtener la inscripción de la iglesia de la Natividad y de la ruta de peregrinos de Belén en el Patrimonio Mundial de la Unesco, a pesar de la oposición de Israel y de Estados Unidos. En el plano diplomático, también lograron otro éxito al convertirse, a finales de noviembre, en Estado observador no miembro en la ONU durante una votación en la Asamblea General, apoyada por España y Francia. Mahmud Abbas ha calificado esta votación como "acto de nacimiento". El pasado 24 de diciembre, en la plaza del Pesebre, el líder palestino reivindicó este paso histórico antes de participar en la Misa de Gallo, en el lugar que los cristianos sitúan otro nacimiento histórico, el de Jesús, otro personaje revolucionario.

El muro del apartheid

La tradicional misa de Nochebuena fue un acto religioso, pero tuvo mucho de reivindicación política, asociada al cumplimiento de los derechos humanos. El patriarca latino de Jerusalén, monseñor Fuad Twal, de origen jordano, condenó en su mensaje de Navidad el bloqueo israelí "inhumano" a la Franja de Gaza y manifestó su satisfacción ante el estatuto de Estado observador de Palestina en la ONU. La mayor autoridad romana en Tierra Santa considera que se trata de "un paso hacia la paz y la estabilidad en la región", Israel "podrá tratar de igual a igual con otro Estado para el bien de todos, porque es urgente encontrar una solución justa y pacífica a la cuestión palestina", opinó.

También el Vaticano se ha mostrado a favor de la causa palestina, aunque con su diplomacia habitual. La Santa Sede saludó la decisión de la ONU de conceder el estatuto de observador no miembro, aunque estimó que "no es una solución suficiente para los problemas de la región". El Vaticano siempre alude a la Resolución 181 del 29 de noviembre de 1947 de la ONU, un documento que sienta las bases jurídicas para la existencia de dos Estados "uno de los cuales no ha sido constituido en los sucesivos 65 años, mientras que el otro ya ha visto la luz". La Santa Sede defiende la 'tow-states solution' y que se reconozca que el pueblo palestino tiene derecho a "una patria independiente y soberana, y a vivir con dignidad y desplazarse con libertad". La diplomacia vaticana sostiene que la paz requiere decisiones valientes, una máxima que blandía Yaser Arafat cuando se refería a 'la paz de los valientes' tras la firma de los acuerdos de Camp David con Isaac Rabin y Bill Clinton de testigo.

El Vaticano, en un gesto que se salía un poco de su finezza habitual, ya se refirió en su día a Gaza como "un inmenso campo de concentración". Esa sensación también se vive estos días en Belén, con un muro de hormigón -una 'barrera de seguridad' de 600 kilómetros-, que humilla a los palestinos. Los cristianos celebran estos días la Epifanía y la Huida a Egipto, un episodio del Evangelio de Mateo que relata la salida de la Virgen María, José y el niño Jesús para escapar de la matanza de los inocentes decretada por el rey Herodes. Estos días, algunos de mis amigos me han felicitado la Navidad con la estampa de la Huida, actualizada al paisaje de hoy. La Sagrada Familia no podría escapar a Egipto porque un muro de cemento –el muro del apartheid- se lo impide. Eso es lo que les pasa hoy a miles de familias palestinas, prisioneras en su propia tierra por la intransigencia israelí, mientras los colonos siguen teniendo todas las facilidades para instalarse. En las últimas semanas, Israel ha multiplicado los anuncios de proyectos de construcción de miles de casas en colonias en Jerusalén Este y en la Cisjordania ocupada como represalia a la gestión palestina en la ONU.

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