El tupé que ha dado la campanada

Imanol Arias, que acompañó a Anne Igartiburu en la emisión de TVE1 para despedir el año, se muestra descontento por el peinado que ensalzaba su cabeza y por sus aportaciones

SOLANGE VÁZQUEZ ,BILBAO
Anne Igartiburu e Imanol Arias. /E.C./
Anne Igartiburu e Imanol Arias. /E.C.

La decimotercera campanada de la Nochevieja en TVE1 la dio Imanol Arias. Bueno, más bien el tupé que le colocaron para la ocasión y que, conociendo la imagen del atractivo y discreto actor, tuvo que ser una imposición poco más o menos que a punta de pistola. A los que siguieron la emisión no hace falta explicarles por qué, pero a los que no lo hicieron, una rápida descripción les pondrá rápidamente en situación: los peluqueros convirtieron al intérprete en un híbrido entre Elvis Presley y alguna de 'Las chicas de oro'. ¿El motivo de tamaño despropósito? Arias, como el caballero que es, desmiente que el tupé fuese un intento -desesperado e infructuoso- de nivelar su altura a la de su pareja, la interminable Anne Igartiburu. Según él, "el peinado se caía por el agua", de ahí que le plantasen una torre de cemento armado sobre la frente. En declaraciones a El Mundo recogidas por 'Vertele', el actor admite, algo apesadumbrado, que lo que más ha destacado del espacio ha sido su tupé.

Pero no es el único motivo que ahora, rebobinando, le hace estremecerse. El caso es que no le gustó su trabajo durante la emisión. "No repetiría la experiencia, a no ser que fuera absolutamente necesario". "Me vi muy mal. Tengo que aprender mucho", ha destacado después de su primera -y espera que sea la última- experiencia desde la Puerta del Sol. A esta declaración de humildad, ha añadido, no obstante, unos atenuantes: "Es muy complicado. El sitio es muy pequeño, con mucho ruido. Hacía un frío terrible: eso me superó. Creo que estaba helado". Además, a su juicio, "las Campanadas, como programa, deberían quedarse en los últimos cinco minutos. Quizá debido a los nervios, al guirigay del momento o a que se le congelaron las ideas, el actor pronunció frases como: "La vida sin compañía no tiene sentido", "La plaza está petada", "Cada vez que La Primera estornuda, España se resfría" o "A la gente de América latina, que cierre las persianas". Definitivamente, la laca le nubló la mente.

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