El Correo Digital
Miércoles, 22 octubre 2014
llovizna
Hoy 12 / 14 || Mañana 13 / 15 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
La Concha: historia de una barandilla

vamos a la playa de...

La Concha: historia de una barandilla

La playa y emblema de la Donostia más aristocrática es orgullo de sus vecinos y un placer para el visitante, embobado siempre en eso que llaman el "marco incomparable"

18.06.12 - 18:43 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Pocas playas hay que definen e identifican tanto a una ciudad como la de La Concha a San Sebastián. La capital guipuzcoana debe buena parte de su prestigio y su identidad a su bahía, imagen indiscutible que la da a conocer a nivel nacional y mundial. Desde finales del siglo XIX, cuando se convirtió en uno de los arenales favoritos de los reyes -Alfonso XIII encargó construir una caseta real en 1894 para acceder hasta el agua- hasta nuestros días, La Concha se ha convertido en símbolo del turismo de calidad. Más allá de los pros y contras de ser una playa totalmente urbana y de los caprichosos juegos del mar con su arena -que en ocasiones obligan a los playeros a apelotonarse en marea alta-, a día de hoy sigue siendo un magnífico destino para pasar una jornada veraniega a orillas del Cantábrico.
Para el donostiarra, pocas cosas hay más importantes que este panorama, el de 'su' bahía, de ahí el orgullo con el que lo muestra cada vez que tiene oportunidad. Se puede decir que hay dos playas en una, por ‘culpa’ de la marea, pero las estadísticas dicen que su longitud es de 1.350 metros y una anchura media de 40. Si uno mira hacia el mar, a la derecha encuentra el edificio del Naútico y el Ayuntamiento, dos edificios de referencia en la fisonomía de San Sebastián. Enfrente, la isla de Santa Clara, que cierra la bahía y evita que los temporales arrasen la playa y a la izquierda, quedarán los baños de La Perla, el palacio Miramar, la vecina playa de Ondarreta y al fondo, el monte Igueldo, que completan el panorama que uno puede admirar cuando pisa la fina arena de La Concha. Un paisaje que hace unos años se convirtió en uno de los '12 tesoros de España', tras una votación que se hizo a nivel nacional.
En ese recorrido a lo largo de la bahía se encuentran muchos de los símbolos que la playa ha ‘ofrecido’ a la ciudad. Además de los edificios que hemos referido, en el paseo peatonal se encuentra la famosa barandilla que creó Juan Rafael Alday, y que un buen día dejó de ser una simple protección para quienes se posan sobre ella a contemplar el paisaje para convertirse en una imagen reconocible de San Sebastián en cualquier parte. En el centro del paseo se encuentran los relojes, dos torres visibles desde cualquier parte del arenal, y también en el paseo, los tamarindos, los árboles más tradicionales y más propios de la capital donostiarra, que aguantan en pie a pesar de los golpes de los temporales invernales.
Con esmero
Como ciudad volcada al turismo que es, San Sebastián cuida con esmero sus arenales. De hecho, hace ya algún tiempo que en el Ayuntamiento se fue más allá de las banderas azules con las que se reconocen en España la calidad de las playas y se apostó por lograr el EMAS, el máximo certificado de calidad de la Unión Europea.
En esos más de 1.300 metros, los visitantes pueden encontrar todo tipo de equipamientos. Para empezar, existen cabinas donde poder dejar la ropa a buen recaudo, y donde regresar tras tomar el sol para darse una ducha y cambiarse. Se abren a las diez de la mañana y se cierran a las ocho de la tarde. Además, aquellos que lo deseen pueden alquilar uno de los tradicionales toldos blanquiazules situados en la parte central de la playa. Eso sí, quien vaya en agosto, en plena temporada alta, que se arme de paciencia. La playa suele aparecer abarrotada de turistas, y si bien en marea baja hay sitio para todos, cuando el mar avanza, encontrar un hueco libre entre tanta toalla se convierte en misión imposible.
Para los que quieran aprovechar su tiempo haciendo deporte tienen dos zonas de esparcimiento. La situada en el extremo izquierdo, hacia el palacio de Miramar, está habilitada para jugar a pala y al fútbol, mientras que en las instalaciones del Atlético San Sebastián, en el edificio de La Perla, se pueden alquilar piraguas para navegar por la bahía, además de tener la oportunidad de apuntarse a alguno de los cursillos que se ofrecen.
Para llegar a La Concha hay que tomar como referencia el centro de San Sebastián. No hay pérdida. El mayor problema en temporada alta es el aparcamiento. Existen cuatro situados en las inmediaciones -Boulevard, La Concha, San Martín y Buen Pastor- que ofrecen más de 1.500 plazas, además de otros algo más alejados (cinco minutos a pie) como Oquendo, Kursaal o Easo. Claro que también existe la posibilidad de llegar en autobús o en tren sin tener que pegarse una caminata para disfrutar de un merecido baño.
Una vez en el agua, uno de los puntos a favor más importantes de esta playa es su ausencia de peligro. No hay corrientes y la zona de baño está convenientemente acotada para que ninguna embarcación se acerque a la orilla. Las familias con niños pueden bañarse sin peligro, y para los más avezados, en el centro de la bahía existen los denominados gabarrones para alcanzarlos a nado. Y después del baño y la jornada de playa, el turista tiene toda la ciudad a sus pies. La Parte Vieja espera con sus encantos para redondear con su gastronomía una jornada a la donostiarra.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
La Concha: historia de una barandilla
La barandilla, emblema de San Sebastián.
La Concha: historia de una barandilla
Gente paseando por la playa de La Concha.
La Concha: historia de una barandilla
Vista panorámica de La Concha.
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.