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A los 85 años subió al cielo

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A los 85 años subió al cielo

El Mirandés logra su mayor hito con los goles de Pablo y Sánchez en propia puerta

27.05.12 - 12:31 -
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A los 85 años subió al cielo
El equipo celebra el ascenso. / Avelino Gómez
Tenía que ser este domingo, no podía ser otro día. El Mirandés logró el mayor hito de su historia en plenas fiestas de San Juan del Monte. Grandioso, inenarrable, algo que jamás ningún mirandés, aficionado o no al fútbol, olvidará. Una ciudad de apenas 40.000 habitantes, sencilla pero con un profundo sentimiento hacia sus colores, es de Segunda División. Ahí es nada. Esta plantilla y el cuerpo técnico se han convertido en leyenda en un partido cuyo transcurso se convirtió poco menos que en un suplicio para los rojillos, que sufrieron de lo lindo (lo que no está escrito) en un césped artificial. Su desenlace, sin embargo, supuso la mayor alegría del club en sus 85 años.
El Mirandés repitió alineación y convocatoria respecto al once que puso en liza Pouso siete días antes. Los rojillos superaron a su rival en el partido de ida, así que no hubo variaciones en el partido, mientras que por parte del rival finalmente no llegó Lawal y en su lugar participó Thiago. La entrada ya anunciada de David Sánchez, su cerebro en la medular, constituyó la otra novedad.
El cuadro insular salió en tromba, jaleado por una enfervorizada hinchada que recibió al Mirandés de una firma tremendamente hostil. No habían pasado ni tres minutos y ya habían lanzado otros tantos saques de esquina. El balón botaba una barbaridad (no tiene nada que ver con un campo de césped natural) y eso lo acusaron los rojillos. Perera lo intentó desde lejos en el minuto 9 pero atrapó bien Nauzet.
Nada seguros sobre esta superficie los de Pouso se mostraban dubitativos, como Raúl García cuando quiso dejar que el balón saliera fuera, pero Antoñito se lo arrebató. El centro de la zaga pudo despejar.
El temporal tenía que pasar y así fue. Tras los primeros diez minutos, el Mirandés se soltó e intentó llegar al área contraria. Comenzó a tener la posesión de la pelota y eso siempre es buena señal. Los de Siviero ya no llegaban ni tanto ni con peligro, aunque no podía caer en el error de descuidarse al tener enfrente a futbolistas tan peligrosos como Perera, Antoñito o David Sánchez.
El Mirandés tampoco es que lo crease –su primer disparo, alto, se contabilizó en el minuto 40–, pero al menos no pasaba por tantos agobios (extraordinarios Aitor Blanco y César Caneda). Hasta que en el minuto 35 Nauzet salvó al equipo de encajar el primer tanto al tapar perfectamente un cabezazo de Mathias. No hubo más acciones reseñables en la primera mitad, en la que los locales sólo chutaron una vez a puerta, entre los tres palos. Eso sí, las faltas que sacaba Sánchez eran jaleadas por toda la grada, consciente de que se trata de un arma fundamental en los blanquiazules.
La segunda parte comenzó con un lanzamiento desviado de Perera. Había que apretar los dientes y sufrir porque el Mirandés estaba a sólo 45 minutos de la gloria. El guardameta rojillo sacó otra mano prodigiosa en el minuto 54 para despejar un testarazo de Mantovani que se colaba en la portería rojilla. La estrategia balear ponía en peligro a la zaga rojilla.
Dos minutos después llegó un auténtico mazazo para todos los rojillos. La zaga no acertó a despejar tras varios rechaces y Brayan Angulo cruzó desde las inmediaciones del área pequeña lejos del alcance del meta canario.
1-0 y eliminatoria igualada. El Mirandés sufría y desde el banquillo local se pedía (por parte de su delegado, totalmente fuera de sí) a la hinchada que presionase a los de Pouso, mientras la megafonía le acompañaba en sus deseos. Su homólogo en el club rojillo, Roberto López de Davalillo se lo hacía saber al asistente (no se puede poner de forma constante la megafonía durante el encuentro con ese fin). El Estadi Balear era una olla a presión, cada vez que la afición rojilla iniciaba un cántico era callado por todo el público anfitrión, pero a partir del tanto de los de Siviero se vio al mejor Mirandés. Martínez la tuvo porque su tiro desde fuera del área se fue al larguero y en la acción siguiente una falta botada por Pablo se encontró con un acertado Xavi, totalmente inédito hasta ese momento.
En apenas cinco minutos se había visto al auténtico Mirandés. Pouso decidió que era el momento de que entrase Iribas por Muneta; el donostiarra su ubicó en el centro del campo. Corría el minuto 78 cuando Pablo tuvo una de las suyas, una falta al borde del área, inmejorable para su lanzamiento. Se fue alto.
Quedaba lo mejor. Lambarri saltó al césped y resultó providencial. Se hizo con un balón en largo, superó a su par, pero fue cazado por Mantovani. Penalti y expulsión. Pablo se encargaría de lanzarlo. Los intentos de ponerle nervioso por parte del portero y la defensa local no dieron sus frutos. Con su tranquilidad habitual empató el partido; en el 90 Alain peleó un balón y David Sánchez marcó en propia puerta. 1-2 y un ascenso histórico.
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