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Donde Visitación no es Visi, sino Ción

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Donde Visitación no es Visi, sino Ción

Un paseo por el valle de Valdeón, en la vertiente leonesa de los Picos de Europa, antiguo lugar de veraneo del expresidente Zapatero

29.03.12 - 18:29 -
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Donde Visitación no es Visi, sino Ción
El pueblo de Caín, a los pies de los Picos de Europa./ Bernardo Corral
No es la más singular, ni la más llamativa, ni la característica que seguramente se llevarán como recuerdo los visitantes del valle de Valdeón, en la parte leonesa de los Picos de Europa. Pero es una curiosidad deliciosa. En Valdeón, Visitación no es Visi, es Ción. Lo mismo que Isidoro no es Isi, sino Doro; y lo mismo que Facundo es Cundo y no de ninguna otra forma. Y Purificación no es Puri, ni Pura; ni siquiera es Ción. Llevando el diminutivo a su máxima esencia, es Cionina. ¿Han visto antes algo más genial?
Esta personalísima forma de acometer el diminutivo del nombre se desvela como una inesperada sorpresa cuando uno ya repite contacto con el valle. Antes, lo que uno recuerda es lo que se ve. Un maravilloso paraje natural situado en pleno Parque Natural de los Picos de Europa y la única vía de acceso a la ruta del Cares desde la vertiente leonesa. Posada de Valdeón es la capital y población que agrupa los servicios del valle, también formado por las pequeñas agrupaciones de casas de Soto, Prada, Caldevilla, Cordiñanes, Los Llanos, Santa Marina y Caín, esta última de la que parte la ruta del desfiladero del Cares hasta Poncebos, en Asturias. Todo ello guarda el encanto natural que se supone a un lugar situado de una forma tan privilegiada, a mil metros de altitud, al pie de las nieves casi perpetuas de los riscos y con su flora y su fauna prácticamente intacta: con rapaces siempre sobre el cielo, con algún que otro lobo, con el característico rebeco y con ciervos a los que no cuesta ver en los paseos matutinos de invierno, cuando descienden a cotas menores en busca de alimento.
Los Picos de Europa son uno de los últimos paisajes españoles donde aún es posible cruzarse con un oso en libertad, aunque a este cronista tal cosa nunca le ha pasado. Eso sí, las historias sobre encuentros mal terminados para el paisano de turno son moneda de curso habitual en las conversaciones en torno a la bolera, recién remodelada hace un par de años en el centro de Posada, donde se despacha bolo leonés con cierta asiduidad y se jalea a los representantes locales antes de medirse a los del pueblo de al lado, o a los de Riaño, a unos 30 minutos, la localidad más grande de la zona y cabecera en materia sanitaria o educativa. El tilo, uno de los árboles más característicos de la zona, ha servido de medio de vida complementario a muchos habitantes del valle, aunque su recogida está ya prohibida en el límite del Parque Natural. Muchos recuerdan los carromatos cargados de su flor atravesando los prados, de la que se obtenía, tras su secado, la tila que luego se vendía como calmante natural.
El pueblo donde veraneaba Zapatero
La vida del valle se concentra en Posada. No hace mucho que el pueblo, acostumbrado al turismo de montaña y que reclama como muchas otras localidades de la zona una estación de esquí en el vecino pico de San Glorio, vivió su momento de gloria televisiva. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, leonés y a quien todavía se le recuerda de cuando veraneaba en el valle en su juventud, regresó a él cuando todavía era presidente. Grabó, junto al aventurero Jesús Calleja, una ascensión montañera para la cadena Cuatro al lugar llamado Collado Jermoso, de cuya belleza habla su propio nombre. En aquel reportaje salía el pueblo, las señoras mayores que le daban dos besos y le decían: 'estás igual que hace treinta años', o '¿te acuerdas? Eras amigo de mi hijo' y cosas por el estilo. Y salía el alcalde, enorgullecido de traer al pueblo a tan ilustre visitante.
Ni el presidente ni el alcalde continúan hoy en sus responsabilidades, pero en el pueblo la vida sigue igual de apacible. En los últimos años, el valle de Valdeón ha recibido de vuelta a parte de aquellos vecinos que se vieron obligados a emigrar hace treinta o cuarenta años para buscar trabajo allí donde lo había. Muchos marcharon a Estados Unidos, donde ejercieron como pastores o como profesionales de oficios manufactureros, como carpinteros o albañiles. A muchos les fue bien y han regresado ahora a los Picos a disfrutar de una plácida vejez. Otros emigraron a León, destino de cabecera por su cercanía, o al País Vasco, atraídos por su esplendor industrial de los años 60 y 70. No es difícil encontrar jubilados de la Michelin o de otras empresas vitorianas.
La Ruta del Cares es el gran atractivo de la zona, pero no el único. Masificada en épocas de vacación, el valle leonés es un punto de partida fantástico para atacar a pie o en bici el macizo central de los Picos de Europa, lo mismo que para investigar rutas de menor entidad en el área de los pre-picos, las zonas de transición hacia la verdadera montaña. Con varios alojamientos rurales, hoteles y hostales, proporciona comodidad al visitante y tranquilidad llegada la tarde, cuando el turista rural regresa de su excursión montañera y lo único en lo que piensa es en un buen baño, una buena merienda y una cerveza bien fría mientras sigue viendo la vida pasar.
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La ruta del Cares es un gran atractivo de la zona, aunque hay que estar preparado para hacerla./ Efe
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