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Paddy, soldado de la Antigüedad

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Paddy, soldado de la Antigüedad

Lean a Patrick Leigh Fermor, aventurero y escritor, que capturó a un general alemán en Creta y aprendió a manejar una vieja máquina escribir poco antes de morir el año pasado en Inglaterra

05.01.12 - 18:00 -
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¿Quién dice que estudiar Humanidades no sirve para nada? Cuando las tropas alemanas ocuparon Creta, en 1941, los servicios de inteligencia británicos les combatieron con los soldados más eruditos y extravagantes que pueda imaginarse: un grupo de arqueólogos, lingüistas e intelectuales que fueron seleccionados porque conocían la isla y la cultura y el griego clásicos. Aquellos aventureros enamorados de la Antigüedad eran capaces de lanzarse en paracaídas, y destruir puentes y depósitos de combustible con la misma facilidad con que citaban a los poetas latinos. Y así amargaron la vida a la Wehrmacht, algunos de los cuales no eran menos cultos que ellos.

Entre esos combatientes aliados, precursores de lo que hoy conocemos como fuerzas especiales, se encontraba el escritor y viajero angloirlandés Patrick Leigh Fermor, conocido como Paddy, que falleció el pasado año a la edad de 96 años en el condado inglés de Worcestershire. Para arrancar el nuevo año, la serie 'Batallitas' se toma esta semana la libertad de recomendar cualquiera de sus libros: 'El tiempo de los regalos', 'Mani', 'Rumeli'... Son ensayos escritos a partir de los cuadernos de notas del autor, que se caracterizan por un cuidado estilo personal y un exacerbado tinte poético. Quizá el más exquisito de todos sus títulos, una verdadera joya, como los demás, sea 'Tiempo de callar', que recoge las reflexiones del excombatiente Leigh Fermor acerca de la vida de los monjes de clausura, cuya espiritualidad exploró en los años cincuenta.

La muerte sorprendió a Paddy en junio pasado, cuando concluía un nuevo volumen sobre el viaje que le llevó en su juventud desde Holanda a Constantinopla. Su trepidante vida difícilmente entraría en una enciclopedia de voluminosos tomos. En 1933, a los 18 años, decidió atravesar Europa central. A raíz de aquel periplo vivió un romance con una noble rumana, artista, mayor que él, a la que conoció en Atenas y con la que se fue a vivir. No obstante, se casaría con una fotógrafa originaria de la aristocracia británica, una aventurera como él, que le ayudó a construir una casa en la península griega de Mani y con la que alternó estancias en Grecia y el Reino Unido hasta que ella murió a los 91 años.

Leigh Fermor era ante todo un hombre de acción, cualidad que no perdió al envejecer: cumplidos los sesenta cruzó a nado el estrecho del Helesponto. Un rasgo definitorio de su carácter es que, poco antes de morir, en plena era de Internet, acababa de aprender a manejar una antigua máquina de escribir. Sus libros siempre habían sido originalmente manuscritos.

El escritor Bruce Chatwin admiraba a Paddy hasta el punto de considerarlo su maestro. Pero era el pueblo griego el que lo tenía en un pedestal, pues durante la Segunda Guerra Mundial lo había ayudado a combatir a los alemanes, andanzas recogidas en una película en la que el actor Dirk Bogarde encarna su personaje. Miembro del grupo de británicos que sirvió de enlace con el Ejército griego y que organizó a los feroces partisanos de Creta, Leigh Fermor ejecutó con éxito el audaz secuestro del general Kreipe, al que mantuvo escondido en la isla hasta que fue evacuado en un submarino aliado.

Durante varias semanas, vestido con uniforme alemán y ayudado por los guerrilleros, Paddy y su prisionero sortearon los puestos de control enemigos. Anthoy Beevor dedica a esta historia un capítulo de su libro 'Creta', en el que incluye una anécdota especial: Kreipe, emocionado al contemplar a lo lejos la luz del amanecer en el monte Ida, recita en latín los primeros versos de 'Ad Thaliarchum', una oda del poeta Horacio: 'Vides ut alta stet nive candidum/ Soracte, nec iam sustineant onus...'.

Y entonces Paddy, que fuma un cigarrillo, prosigue con el poema: ‘silvae laborantes geluque/ flumina constiterint acuto?'

(¿No ves el Soracte -monte Santo Oresto, cerca de Roma- encanecido/ por la espesa nieve, y los bosques/ agobiados por su carga, y los ríos/ detenidos por el punzante hielo?)

Según Anthony Beevor, entre captor y prisionero se estableció a partir de ese momento una relación que "nada tenía que ver con la guerra".

Acabada la contienda, Paddy recibió la orden de servicios distinguidos del Imperio Británico y se dedicó a escribir. Kreipe se convirtió en un inversor bursátil. El militar siempre agradeció a Paddy que lo hubiera secuestrado, ya que los griegos ajusticiaron a los otros dos generales alemanes que se rindieron en Creta. "No les guardo rencor a mis secuestradores", declaró a 'Der Spiegel'. "De no haber sido por ellos habría sido ejecutado. Ellos me salvaron la vida".

¿Quién dice que estudiar Humanidades no sirve para nada?

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