Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) siempre aparece intenso y airado en las fotos. Nada que ver con el buen humor que gastaba en la reciente Mostra de Valencia, que homenajeó al más dotado de los directores vascos que cambiaron la faz del cine español en los 90. Urbizu tiene un doble motivo para estar feliz. Acaba de dejar las labores directivas en la Academia de Cine, de la que fue vicepresidente en el equipo de Ángeles González-Sinde, y el 23 de septiembre estrena ‘No habrá paz para los malvados’. Un ‘thriller’ en la estela de ‘La caja 507’ que competirá en el Festival de San Sebastián y que su autor define como «una patada en las costillas». De ‘La vida mancha’, aquella maravilla que nadie vio, hace ya ocho años.
– ¿Aliviado después de tanto tiempo en la Academia?
– Ya he hecho la mili. Lo dejo por razones estrictamente laborales y personales. Tengo escrita una nueva película, soy presidente de DAMA (la entidad de gestión de directores y guionistas), doy clases en la universidad... Demasiadas cosas. Toca que continúen otros.
– ¿Alguna espinita clavada? Han logrado que regrese Almodóvar pero no Garci.
– No hubo manera. Estuvimos hablando un par de horas con él pero no quiso. Qué vas a hacer. No puedes obligar a nadie a que se inscriba en la Academia. Espero que vuelvan los años de calma del comienzo, años de paz mediática, que es lo que necesita el cine español. No estar siempre siendo mala noticia en todas partes.
– ¿Y qué se puede hacer para lograr esa paz mediática?
– Trabajar de puertas adentro y ser constructivo. Nada de discusiones puertas afuera. La Academia representa a todos los oficios creativos del cine, es el núcleo de la industria.Tiene que ser un lugar de encuentro, no es un sitio para legislar ni para discusiones ideológicas. Por encima de todo está el bien común del cine español. Yo siempre lo he entendido así y Ángeles también, por eso nos metimos.
– Vamos, que le dio tirones de oreja a Álex de la Iglesia en la junta de la Academia.
– El contenido de las juntas es secreto. Soy amigo de Álex desde hace 30 años. Nos conocimos en Bilbao cuando éramos dos discutidores del cine de John Carpenter. Esa amistad no la va a romper ninguna diferencia de opinión.
– Su postura es muy diferente a la suya respecto a los derechos de autor en Internet.
– Diametralmente distinta. Llevo muchos años en contacto con el Ministerio y participé en la elaboración de la anterior Ley de propiedad intelectual. Hace falta una labor prácticamente imposible: reeducar a las futuras generaciones, porque la actual ya está perdida. A alguien le ha interesado vender que la cultura es gratis.
– Se mete en un jardín espinoso.
– El conflicto no es con el internauta, sino con el que proporciona contenidos sin poseer los derechos. Han conseguido puentear a la industria, han enfrentado al autor con el consumidor, y eso es un espejismo. Los que se están yendo de rositas son las teleoperadoras y los fabricantes de tecnología, que han logrado situarse fuera del debate. La gente no se ha dado cuenta de que, al suprimir el canon, te pueden crujir si te pillan con una copia pirata, como ocurre en Inglaterra. Y otro espejismo. No solo se perjudica a los autores, se destroza un tejido industrial: estudios de sonido, secretarias, músicos, mezcladores...
«Dios me libre de tuitear»
– ¿No era ese un sistema caduco? ¿No se lucraban las discográficas y las distribuidoras de cine? Dicen que ha pasado el tiempo de las pantallas de cine y las tiendas de discos.
– Los fabricantes de coches se lucran y yo no robo un Mercedes. El tiempo de las pantallas de cine volverá. La gente se va a hartar de ver productos en una pantalla pequeña y con una mierda de sonido. Si tienes 40 años y un pedazo de plasma puedo entender que te cueste irte con los niños al cine. Pero ese consumo patético en tabletitas... Si no podemos vivir de nuestras canciones, películas y novelas dejaremos de hacerlas. Dentro de treinta años escucharemos ‘Obladi oblada’, porque no habrán compuesto nada nuevo. Lo que late en el fondo es un gran desprecio por el bien cultural, que es lo que construye la identidad común de un país. Seremos aún más una pequeña colonia.
– Usted no cree que el futuro del cine sea Internet.
– Eso es distinto. El acceso al producto pasa por Internet. Lo que no es el futuro del cine es gratis. Plataformas legales y que la gente consuma donde quiera. El pringado no es el que paga siete euros por ir al cine, sino el que roba una cosita que vale eso. Si quieren robar, que roben el banco nacional. Además, lo que no te cuesta conseguirlo lo infravaloras. Y a mayor acceso, menor conocimiento. Mis alumnos tienen torres de productos descargados, pero no los ven. Nosotros en Bilbao, sin vídeo y con dos salas en versión original, veíamos todo.
– ¿Qué mas aprende de sus alumnos?
– Tienen un nivel y un respeto que te sorprendería. Otra cosa es que se descarguen una temporada entera de ‘Mad Men’. Si te lo llevas gratis, ¿cómo pretendes dedicarte a esto?
– ¿Se siente desplazado en esta era de descargas y Twitter?
– No. Dios me libre de tuitear. Se me escapa esto de hacer pública tu intimidad: ‘Estoy haciendo una entrevista’, ‘voy a cagar, ahora vuelvo’... ¿A quién le importa? Con lo a gusto que se está a solas. Y, claro, luego así te caen hostias por todas partes. El mecanismo es estupendo pero su uso, de momento, no.
– ¿Cree que las salas desaparecerán?
– ‘No habrá paz para los malvados’ es mi primera película en ‘scope’, espero que se estrene en una pantalla grande, ja, ja. Un plano general necesita metros de pantalla, es una cuestión de lenguaje. Un ‘western’ clásico no se puede ver en televisión. Vamos a la ‘primerplanitis’, ese cáncer televisivo... Además, el cine es una experiencia colectiva, con desconocidos, aunque a veces sean molestos. Cuando Indiana Jones mata al del látigo la sala lo vitorea. No hay nada más triste que ver una comedia solo en casa. Del cine como rito social hemos vuelto a los orígenes, al kinetoscopio. Metes una monedita y miras a la bailarina... ¡Bah!, al cine ya solo van la chavalada y la gente mayor.
– ¿La ‘Ley Sinde’ será efectiva?
– Probablemente sea mejorable, pero es la primera ley decididamente destinada a proteger la propiedad intelectual. Me quito el gorro ante la ministra, ha tenido mucho valor y espero que el sector se lo reconozca. Somos el hazmerreír a nivel mundial, el país más chorizo después de China.
–La idiosincrasia española.
– ¿Desde cuando el carácter español es ir por ahí robando? Me niego, no es el mío. ¿También lo es despreciar nuestra propia cultura? Mira a los franceses, qué respeto tienen por sus poetas. Aquí se valora más la chabacanería televisiva y la cosa esta del deporte. Hay más en la vida que unos tíos en calzoncillos persiguiendo un balón. Y luego somos el país con más niños gordos del mundo... En este país Rafa Nadal es un héroe y Javier Bardem un canalla.Así nos va.
No amargarse la vida
– ¿Le apetece competir en San Sebastián con ‘No habrá paz para los malvados’?
– Los concursos de películas no acabo de entenderlos, pero será bueno para el estreno. ‘No habrá...’ es un palo en las costillas, un ‘thriller’ serio, contemporáneo, riguroso formalmente. Con un José Coronado espectacular. Habla de conexiones entre submundos. Todos mis ‘thrillers’ tratan del funcionamiento del sistema, de lo que está oculto. Como ‘La caja 507’, que será eterna porque el tema no pasa de moda; en el Festival de Cognac me decían que lo mismo ocurría en su ciudad. Esta vez pongo en primer término las insospechadas relaciones entre noticias aparentemente inconexas que leemos en los periódicos y que condicionan la vida de todos nosotros. El protagonista, en las últimas, acaba salvando el mundo.
– ¿Es bueno esperar ocho años entre película y película?
– Te juro que haría una cada año. He tenido muchos guiones a punto de encontrar financiación, y otros que no eran tan buena idea. He recibido ofertas para dirigir películas que no me interesaban. No he parado de escribir y de intentarlo. Ocho años son muchos. Parece que te estás jugando la vida, y eso es insano. En una industria mas salubre rodaríamos con más continuidad. Porque esa es la vida de un director de cine, no estar en tu casa. Hay que saber no quemarse y resisitir para no amargarte la vida. En el fondo, te haces fuerte. Cuando más difícil te lo ponen, más resistente te vuelves.
«Mi anonimato vale su peso en oro»
– Su último filme, ‘La vida mancha’, no se estrenó como debía. Ahora cuenta con el apoyo de la maquinaria promocional de Tele 5.
– Bueno, cuando no va nadie a ver tu película tienes que pensar que se ha estrenado mal. O que te has equivocado. Esta lleva mejor pinta, estamos hablando de ella meses antes. No ha habido ninguna imposición de Tele 5. De hecho, es una de las películas que más conscientemente puedo firmar.
– ¿Irá con una camiseta de la película por las televisiones?
– No. Mi anonimato vale su peso en oro. Admiro lo que hace Santiago Segura, pero el precio que paga es altísimo. No poder ir a una tasca de Madrid y poner la antena... ¿Te imaginas a Visconti hablando en los programas de su película? ¿O a John Ford llegando en caballo al estreno? Peter Biskind describe en su libro ‘Moteros tranquilos, toros salvajes’ las reuniones de los directores en los años 70. En la esquinita siempre estaba alguien que miraba y escuchaba. No se drogaba ni follaba. Era Spielberg.