El cambio de manos en la explotación del hotel construido por la promotora Abandoibarra III Milenio ha destapado la complicada situación que atraviesa el sector hotelero en Bilbao debido a la caída de turistas. Inaugurado en julio de 2004, el edificio gestionado desde el pasado septiembre por la cadena Meliá se vistió de largo en una fiesta rebosante de glamour que concentró a la flor y nata del mundo empresarial y político de Vizcaya. Todos los grandes deseos expresados por algunos protagonistas de aquel encuentro cayeron rápidamente en el olvido.
El ex lehendakari Juan José Ibarretxe se mostró convencido de que el hotel -hoy llamado Sol Meliá- debía ser «un motivo más» para que los turistas eligieran el País Vasco «como destino,» pero la realidad es que la crisis continúa haciendo estragos en una ciudad con unos índices de ocupación cada vez más bajos y con una oferta hotelera al borde de la saturación, según reconocen expertos del sector. El responsable de la cadena Starwood, que gestiona también el María Cristina de la capital donostiarra, concibió el Sheraton como «su gran apuesta» en Euskadi, pero finalmente sólo aguantaron cinco años en Bilbao. Abandonaron la ciudad incapaces de enderezar el negocio. Quizá sólo se han cumplido los pronósticos del promotor Enrique Guzmán, quien definió el local como «un nuevo hito» que situaría a Bilbao «en el mapamundi».
Hall y piscina climatizada
La cadena Meliá está convencida de las posibilidades de este inmueble, que sorprende a sus clientes nada más pisar su espectacular y elegante hall de 34 metros de altura y termina de seducirle con su impresionante piscina climatizada, situada en la sexta planta y desde la que se divisan algunas de las mejores vistas de la ciudad.
En esta nueva andadura, su director, Daniel Lozano, reconoció que el momento elegido para acometer esta aventura no era «el más idóneo», si bien destacó el enorme potencial de Bilbao para convertir su establecimiento «en un referente tanto a nivel nacional como internacional». A su juicio, cuenta con la cercanía del Palacio Euskalduna y el Museo Guggenheim y de tener a la vuelta de la esquina el macrocentro comercial de Zubiarte.
Ya sólo hace falta que una vez se subsanen las deficiencias detectadas principalmente en las fachadas, el edificio consiga mantener su «buen aspecto». Aspecto del que no habría que lamentarse «si en lugar de apostar por el estuco, que se ha demostrado que no era válido para aquí, se hubiesen limitado a pintarlo», confiesan portavoces de la promotora.