El abandono del colegio inglés de Izarra

El complejo, propiedad del Alavés, presenta un avanzado deterioro y su estado ha sido denunciado por los vecinos del pueblo

ALBERTO CANTOVITORIA.
Fachada del edificio principal, que está abandonado. ::
                             IGOR AIZPURU/
Fachada del edificio principal, que está abandonado. :: IGOR AIZPURU

Ventanas rotas, puertas reventadas, bancos destrozados, figuras y cuadros por los suelos, una pared derruida y hasta un improvisado vertedero, con sofá incluido. No es la descripción del paisaje después de una batalla, si no de la imagen que ofrece al visitante el complejo que en su día albergó el flamante colegio internacional inglés de Izarra. Una situación de abandono que ya ha sido denunciada por los vecinos del pueblo, que reclaman «seguridad por la gente que suele colarse dentro».

Estas instalaciones, que ocupan cerca de 120.000 metros cuadrados y de las que sólo se mantienen en pie los edificios y los carteles indicativos en inglés, fueron adquiridas por el Alavés en 2000 por dos millones de euros. El club llegó a un acuerdo el año pasado con la Diputación para vendérselo por 5,7 millones, en una operación que permitiría reducir la deuda que el Alavés mantiene con la Administración foral, cercana a los 11 millones. Sin embargo, aún no se ha materializado la compra. El Gabinete Agirre anunció en marzo de 2009 que Izarra acogería un proyecto social «referente en el norte de España. Hemos elegido ese emplazamiento porque, por su extensión y ubicación, encaja en lo que queremos», señaló entonces José Luis Cimiano, diputado de Hacienda.

Pero, de momento, nada se ha concretado y el complejo campa al capricho de los depredadores. Un redactor y un fotógrafo de EL CORREO no tuvieron ninguna dificultad para colarse una mañana en el colegio y recorrer sus dependencias sin que nadie lo impidiera.

«Queda poco por llevarse»

Y es que la entrada al recinto, supuestamente vallado, es demasiado fácil. La verja que impide el acceso casi siempre está abierta, aunque también se puede franquear sin problema ya que no cuenta con cerradura ni candado. El primer edificio, el más emblemático del complejo, es el preferido de los 'okupas'. Su fachada trasera ha sido destrozada e incluso alguien ha colocado paneles de madera para impedir la entrada de los indeseables, sin conseguirlo. Cristales, botellas rotas y, sobre todo, mucha suciedad jalonan la trasera del inmueble, que tiene unos oxidados columpios.

El resto de las instalaciones presentan un lamentable estado de abandono, incluidas las dos piscinas. En los edificios de la zona más alta del recinto, en otro tiempo residencias de élite, el acceso tampoco es problema pese a que existen barrotes en la planta baja. Figuras rotas, cascotes y persianas desprendidas de sus carriles forman parte del paisaje, que culmina en un vertedero, frente a las piscinas. «Antes había un guarda, pero ahora entra todo el mundo como le da la gana y roba, aunque ya queda poco por llevarse», ironiza Antonio.

Sin embargo, para la mayoría de los habitantes de Izarra el colegio ya es historia e, incluso, a algunos les cuesta recordar dónde se encuentra. «¿El colegio inglés?», se pregunta extrañado un vecino. «¡Ah, sí!, el de arriba». «Ya no queda nada. Deberían cuidarlo un poco más porque es una zona muy bonita y ahora es muy poco segura», relata.

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