Curavacas es una montaña de granito con paredes verticales y oscuras, casi como carbón, que le han otorgado el apelativo del 'Dragón Negro' entre los aficionados a las alturas. Perteneciente a la Cordillera Cantábrica, se eleva hasta los 2.520 metros en el corazón de la Reserva Nacional de Fuentes Carrionas, al norte de Palencia. Junto a Espigüete (2.451) y Peña Prieta (2.538) configuran el triángulo de cumbres más importantes y ansiadas de la montaña palentina.
Aunque Curavacas no es inaccesible, desde la distancia lo parece. Y su perfil siempre impresiona, con sus verticales caras Norte y Sur, de un desnivel superior a los mil metros. En verano, su vía normal desde el pueblo de Vidrieros, por el conocido como 'Callejo Grande' de la cara sur, no entraña dificultad técnica y es factible para todo montañero que tenga una mínima preparación física y no se deje amedrentar por el vértigo de las alturas. Un sendero vertical pero bien marcado permite acceder a la cumbre. La dureza de su ascenso la dan los más de 1.100 metros de desnivel que salvan la interminable pedrera.
Es en invierno cuando el Dragón Negro' muestra sus afiladas garras. Con hielo y nieve, Curavacas queda reservado a montañeros experimentados y bien equipados. Y eso sin hablar de las vías más técnicas, donde el nivel de exigencia no tiene nada que envidiar a las rutas invernales más duras de Pirineos o Picos de Europa. En esas condiciones, sus corredores, chimeneas, espolones y canalizos de hielo son del más puro estilo alpino y con altos grados de dureza.
El 'ochomilista' palentino Tente Lagunilla, miembros del equipo de rescate que recuperó los cuerpos de los hermanos Rodrigo y gran conocedor del Curavacas, explicaba ayer esta doble cara que ofrece la montaña. «Es un pico muy accesible, porque se puede llegar con facilidad a rutas atractivas», aseguraba. Pero accesibilidad no es sinónimo de facilidad, porque esta montaña «tiene rutas difíciles» y en invierno se convierte en una montaña muy técnica reservada a alpinistas con experiencia.