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Al amparo de un buen amigo

Voluntariado

Al amparo de un buen amigo

25.01.10 - 02:51 -
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Una tarde cualquiera un par de amigos quedan para tomar un café en un céntrico local de Bilbao. Son Alberto y Luisma. Se conocen desde hace 15 años gracias a Futubide, una fundación que se encarga de la tutela legal de personas con una minusvalía intelectual que han sido incapacitadas legalmente, y han querido compartir una experiencia «muy gratificante».
Luis María Sagasti tiene 47 años y es de Bilbao. Trabaja «desde hace mucho» en los talleres de Lantegi Batuak y Futubide ejerce su tutela legal desde 1994. Alberto Álvarez Sabarte es educador social y voluntario en Futubide desde su fundación. Tiene también 47 y es natural de Elorrio. En sus ratos libres, ambos hacen «lo que hacen los amigos» -dice Alberto-. Salen a tomar algo, van de excursión o comparten conversaciones en torno a un café en las que hablan «unos días de fútbol y otros de mujeres», remata Luisma.
Le gusta ir al monte, ver águilas y coleccionar fotos, sobre todo si sale él. Es de buen comer y aunque «ahora tengo que cuidarme», dice, le gusta fumarse «los Farias hasta atrás, como hacía mi padre». Alberto, que conoce su fanfarronería, sonríe. Después de tantos años se ha creado entre ellos una complicidad y un afecto sincero que es la clave de la labor que realizan los voluntarios de Futubide.
Desde 1991, esta fundación privada ejerce la tutela legal de adultos con discapacidad psíquica en situación de desamparo. Es una medida de protección legal dictaminada por un juez, y que la fundación asume cuando no existen personas físicas que se hagan cargo del tutelado. Su labor la compara Maialen de Zuazua, coordinadora del área social de Futubide, con la de «un buen padre de familia». Actualmente la fundación se hace cargo de las necesidades básicas de 98 personas a las que se encarga de buscar una ocupación, un lugar donde vivir, asistencia médica si la necesitan, administran sus bienes y defienden sus derechos.
«No hay un modelo»
Pero hay un aspecto en el que la fundación no puede ser eficaz sin la colaboración de voluntarios. Para apoyar a los tutelados en el plano personal y afectivo, Futubide cuenta con la colaboración de lo que llaman 'delegados tutelares', que son básicamente amigos con los que comparten problemas, alegrías, confidencias y momentos de ocio. Esa es la labor que desempeña Alberto desde hace 15 años y asegura que «no hace falta un perfil definido para ser delegado, como no lo hay para encontrar amigos».
Con Futubide colaboran como voluntarios «desde veinteañeros a señoras de 70 años, estudiantes o amas de casa» y como dice Alberto, «siempre hace falta más gente». Como delegado tutelar en la fundación, reconoce que «al principio estaba más perdido, no sabes en qué consiste tu compromiso, no eres un monitor, ni estás aquí para entretener a nadie», pero el tiempo se encarga de tejer lazos y dar naturalidad a una relación que, en ocasiones, comienza en circunstancias traumáticas para el incapacitado.
Luisma vive en un piso tutelado con otros 14 compañeros, entre ellos Ana María, su novia desde hace 8 años. Cuando habla de ella, a Luisma se le enciende la cara. Busca elogios con los que demostrar su cariño, para concluir con un sencillo y contundente: «Es maja chica». Alberto da fe de ello, ya que los tres comparten muchas veces estas tardes de charla y café. También es frecuente que Luisma acompañe de excursión a Alberto, su compañera y sus dos hijos. «Los he tenido de pequeños en mis brazos», recuerda Luisma con una sonrisa en los labios. Y es que después de tantos años sus vidas se mezclan hasta el punto de que son casi familia. Ambos están orgullosos de la encomiable labor que realiza Futubide con un centenar de discapacitados y se alegran de que un día les pusiera en contacto. Pero más allá de su compromiso con la fundación, Alberto y Luisma lo tienen claro: «Siempre seguiremos siendo amigos».
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Alberto Álvarez, a la izquierda, conversa con Luisma Sagasti, su tutelado dentro del programa de la fundación. :: MITXEL ATRIO

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