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La reinvención de Obama

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La reinvención de Obama

22.01.10 - 02:28 -
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Barack Obama celebra su primer año en la Casa Blanca en silencio, con pocos logros y un desgaste muy superior a lo esperado. La elección de senador en la Mancomunidad o Commonwealth (que no Estado) de Massachusetts para cubrir el escaño que había dejado vacante Ted Kennedy se ha convertido en un referéndum sobre la gestión presidencial de Obama, con un resultado lo suficientemente adverso como para replantearse su programa político con sólo doce meses de gestión y tener que reinventar a sí mismo. Ni tan mal que ocurra ahora, porque los refuerzos o penalizaciones a la gestión presidencial suelen llegar a mitad de cada mandato en forma de renovación de las dos cámaras del Parlamento, con más castigos que premios para el partido del presidente. A mitad de su primer mandato, Bill Clinton se encontró con unos resultados electorales que dejaban, por primera vez en cincuenta años, las dos cámaras en manos de los republicanos. Esta situación obligó a Clinton a renunciar a sus ambiciosos planes de reformas sociales y a iniciar una inédita cohabitación con el 'speaker' del Congreso, Newt Gingrich, el tábano conservador de Georgia, quien líderó la revolución republicana de 1994. El equipo de Clinton sacó una rápida conclusión: había que gobernar el país desde el centro, la moderación y el diálogo, nada de giros extraños a la izquierda. La estrategia fue políticamente correcta porque dos años después Clinton sería reelegido.
Su sucesor, George W. Bush, tuvo más suerte. En medio de un huracán de escándalos y de una gestión que sería generoso calificar de desastrosa, inventó un supuesto 'eje del mal' liderado por Irak que, unido al 11-S, convenció a los estadounidenses de que la seguridad nacional estaba por encima de la renta disponible. El resultado fue, en 2002, la 'triple corona' del poder político para Bush junior. Es decir, control total de todo por los republicanos con W. Bush como gran líder seis años más.
El caso de Barack Obama se parece más al de Clinton que al de Bush. El escaño 41 en el Senado para el partido del elefante obliga al presidente a replantearse por completo su agenda política en general y su reforma sanitaria en particular. Sin reforma sanitaria, se pierde un año, y se pierde el proyecto estrella de los grandes cambios anunciados. ¿Se puede aprobar la reforma sanitaria en las circunstancias actuales? Hombre, sí, hay diferentes mecanismos legislativos y parlamentarios para sortear la pérdida de 'supermayoría' y aprobar el proyecto con la mayoría que todavía permanece fiel al Gobierno. Pero cualquier fórmula que transmita una cierta sensación de trampa tendrá un precio a pagar dentro de diez meses. Por lo tanto, son necesarias grandes dosis de audacia, diálogo y consenso. No hay otra alternativa, salvo que Obama busque una segunda edición más generalizada de la catástrofe de Massachusetts, el próximo mes de noviembre, con la elección parcial de las dos cámaras parlamentarias, con unos resultados que podrían mermar aún más la mayoría demócrata.
Este posible y temido escenario ha activado ya las críticas y desmarques de los demócratas más conservadores o moderados. Son quizá el aviso más elocuente de que, en breve, Obama puede ser protagonista de algún episodio de la soledad del poder en el Despacho Oval, donde ahora le toca analizar lo que ha ocurrido en Massachusetts. Hace catorce meses, Obama obtuvo en el feudo de los Kennedy el segundo mejor resultado de un candidato a presidente desde 1964. Sólo le había superado John Kerry, por un 0,14%, y eso que jugaba en casa. Con ese dato, sustituir a Ted Kennedy era, a priori, más que posible con un demócrata e imposible con un continuador de la saga.
La gran esperanza de los Kennedy se esfumó hace más de una década en Massachusetts. El entonces congresista Joseph P. Kennedy (Joe II, hijo mayor de Bob Kennedy) se vio obligado a renunciar a su más que segura elección como gobernador -un trampolín hacia el Senado o la carrera presidencial- por el duro alegato de su ex mujer detallado en un libro-denuncia, 'Shattered Faith' (algo así como fe hecha añicos). A falta de un Kennedy, los demócratas de Boston mantuvieron la fe en sí mismos, esa mezcla de arrogancia y clasismo que les hacía creerse por derecho natural propietarios de los escaños al Senado en juego. A ello hay que sumarle la confianza en un electorado cautivo que les votaba por inercia desde los tiempos de Martin Lomasney, un cacique de finales del XIX que convertía a los emigrantes irlandeses en demócratas a cambio de empleo u otros favores.
Con esos datos pensaban que ganarían sin bajar del autobús a Scott Brown, un desconocido republicano que se recorría en camioneta la finca particular de los bostonianos. Vamos, algo así como el pulso en Texas en 1996 por un escaño senatorial entre el fallido candidato republicano a presidente Phil Gramm y Víctor Morales, un maestro tejano que recorrió el extenso Estado haciendo campaña con su furgoneta 'pick-up' y 5.000 dólares de sus ahorros. Pero los electores de Massachusetts se lo planteaban más o menos así: aquí tenemos ley sanitaria propia desde 2006 y es suficiente. ¿Quién votará en el Senado una reforma que supondrá un aumento del déficit federal? ¿La candidata demócrata Martha Coakley? Pues si lo va a hacer así le recordamos también que los escándalos de corrupción alcanzan aquí a compañeros suyos de partido y que su presidente no lo está haciendo bien en la lucha contra la crisis económica, porque los números no nos salen en nuestra casa y a Obama tampoco en la suya, la Casa Blanca, ya que lleva 91 promesas cumplidas frente a más de 300 pendientes. Los datos son de un diario editado en Florida, pero, problemente, sean también los datos de muchos ciudadanos de Massachusetts que, con ellos en la mano, votaron por otro cambio, el segundo en catorce meses: el de Barack Obama a su propios proyectos para que dejen de ser esperanzas y se conviertan en realidades.
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:: JESÚS FERRERO

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