Construir un centro de alto rendimiento: esa puede ser la manera de desatar el complicado nudo que cierra la caja del nuevo San Mamés. El Gobierno vasco, convencido de que la aportación de una montaña de dinero público debe justificarse mediante el aprovechamiento público de las instalaciones, propone que se incluya en el proyecto un centro de alto rendimiento. ¿Qué es eso? Bueno, un lugar lleno de aparatos que hacen 'pip' en el que se enseña a los atletas a destrozar sus cuerpos de un modo que les permita correr más rápido, saltar más alto, lanzar más lejos y ganar muchas medallas antes de dar positivo en el control antidoping.
Ignoro si un centro de alto rendimiento sirve para algo, pero cualquier cosa que incluya en su nombre las palabras 'alto' y 'rendimiento' causa buena impresión. Es como si nos preguntan por la necesidad de construir una planta de ingente efectividad o un sistema de máximas bondades. A favor, claro. Según parece, el centro no sería incompatible con el polideportivo del que en su día habló Julia Madrazo: aquel polideportivo que gustó al Ayuntamiento y a la Diputación le pareció «una ocurrencia».
Tras meses de presiones, cambios de rumbo y polémicas, quizá los implicados en la financiación del futuro San Mamés se pongan ahora un poco de acuerdo. La inclusión del polideportivo y el centro de alto rendimiento permitiría que los socios del Athletic tuviesen un nuevo estadio, que los bilbaínos pudiesen sudar en un nuevo gimnasio y que los atletas vascos mejoren sus marcas en un nuevo centro de torturas. También permitiría que los políticos pudiesen explicarse ante su afición, o sea, ante sus votantes. Tanto ante quienes no entienden el uso que se hace del dinero público en tiempos de crisis como ante quienes dicen que 'oeoeoeoeoé'.
Lo curioso es que hay políticos que, perteneciendo a partidos antagonistas, también vienen a decir que 'oeoeoeoeoé'. Es todo muy extraño. Y tú mencionas, por ejemplo, el concepto abstracto 'pista de atletismo', y la gente se pone roja, y suda, y grita, y entonces piensas que es importante que no se olviden de trasladar los desfibriladores aquellos del viejo San Mamés al nuevo San Mamés. Por si las moscas.