Jon Aldeiturriaga, gerente de la Asociación de Comerciantes del Casco Viejo, asegura que una de las camisas «más bonitas» de su vida la compró en Lamana. «Era de cuadritos», recuerda. «¡Y quién no se ha comprado en esta tienda sus primeros vaqueros!», subraya. Este negocio centenario «'rompió la pana'», según Aldeiturriaga, con la venta de los famosos vaqueros Levi Strauss etiqueta roja, un icono de la moda del siglo pasado. Lamana fue durante décadas uno de los emblemas de la moda juvenil de Vizcaya, con un punto justo de pijerío.
Fundada en 1883, arrancó su historia, como casi todos los comercios de aquella época, en el Casco Viejo. Su sello siempre fue vestir a los vizcaínos «a la última» hasta convertirse en uno de los establecimientos más populares y punteros de ropa masculina y femenina. Mantuvo el tipo hasta no hace mucho tiempo gracias a la ropa de marca y la popularización de firmas de estilo desenfadado, como Miss Sixty, G-Star, Gas, Energie, Freesoul...
A los locales de la calle Correo fue sumando nuevos establecimientos en Bidebarrieta y Artecalle, además de dar el salto al corazón de Indautxu. Con los nuevos hábitos comerciales captó la potencialidad del extrarradio y se hizo un hueco en el Max Center, uno de los primeros grandes complejos levantados en Vizcaya. Sin embargo, la crisis y, sobre todo, diferencias familiares en la gestión empresarial han provocado su desaparición. Las seis tiendas que llegaron a tener abiertas han ido cayendo una detrás de otra.
'Ponte lo que te dé Lamana'
Pese a su cierre, se mantiene en la memoria un eslogan, convertido ya en un clásico, que pasó de boca en boca por sucesivas generaciones: 'Ponte lo que te dé Lamana'. Imposible. A mediados del pasado verano, sólo contaban con tres establecimientos, pero el futuro no pintaba ya nada bien. «La cosa está mal para todos los comercios y el mercado nos pondrá a cada uno en su sitio», afirmaron portavoces de la empresa, sin desvelar si mantendrían la actividad.
Pese a la caída del consumo, confiaban en reanimar las ventas y que «no tuviesen que cerrar». Al menos, su buque insignia: el edificio de la calle Correo. Pero no pudo ser. Grandes carteles anuncian en sus ventanales la próxima apertura de una sucursal bancaria. Otra entidad financiera también adquirió la tienda de Gregorio de la Revilla.
Aldeiturriaga considera un caso «aislado» el cierre de Lamana y cree que los comercios familiares del Casco Viejo están capeando «bastante bien» la crisis. Asegura que durante las pasadas navidades todos los establecimientos de la zona aumentaron las ventas respecto al mismo periodo del año anterior y adelanta que antes del verano se producirá un gran «número de aperturas» de firmas importantes. Jorge Aio, gerente de BilbaoCentro, destaca también la fortaleza de los negocios tradicionales de Abando e Indautxu, que atribuye a la importancia del «valor de la marca» y a «la bolsa de clientes» que mantienen, además de su calidad.