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Otro modelo es posible

«¿Tenemos que pagar por el uso de una marca para desarrollar un proyecto cultural? ¿No somos capaces de desarrollar nuestro propio proyecto?», dice la autora ante el propósito de la Diputación vizcaína de construir un Guggenheim en Urdaibai

03.01.10 - 02:30 -
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Mi última intervención ante la Comisión de Cultura y Juventud en el Parlamento vasco en torno a la propuesta de la Diputación de Bizkaia para hacer un museo Guggenheim en Urdaibai fue calificada con diferentes adjetivos, dependiendo del medio donde se vio reflejada o del columnista, comentarista ocasional, ciudadano o ciudadana, líder político o parlamentaria que emitió sus opiniones sobre ella.
El párrafo de mi discurso que más revuelo produjo fue aquél en el que manifesté ante los miembros de la Comisión parlamentaria que «lo primero que llama la atención es la poco delicada consideración de la cultura que tiene este proyecto. Efectivamente, la cultura sirve tanto al desarrollo económico de una zona como al propio desarrollo local, concebido en términos más integrales y globales. Tiene esos y otros efectos positivos. Pero incomoda que la cultura sea vista de manera tan grosera como instrumento o argumento básicamente para buscar un posible desarrollo económico de una comarca. Pero vayamos más allá. ¿Es argumento de peso, sensato, decir que una inversión de algunos centenares de millones de euros genera economía y puestos de trabajo simplemente con su propia construcción? ¿Hay algún atisbo de economía y de sociedad y de cultura sostenibles en ese simplista aserto? Efectivamente que doscientos millones de euros invertidos en un museo generan inmediatamente empleos y economía. Pero pasaría lo mismo si se construyera cualquier otra cosa. Eso no es ningún argumento de idoneidad, ni económica ni, mucho menos, cultural».
Por tanto, la pregunta es otra bien distinta: Desde un mínimo conocimiento de las infraestructuras culturales de nuestro país -que es lo que en definitiva es un museo, una infraestructura cultural-, ¿estamos seguros de que la primera gran inversión necesaria es un museo que reproduzca en otro lugar y a otro nivel la marca y el 'know how' de nuestro Guggenheim bilbaíno? ¿No han pensado en otras opciones: un museo del Patrimonio de nuestra gran e histórica experiencia industrial, un museo de gran formato de ciencias naturales, un espacio de circulación de fondos de relevantes museos nacionales, por ejemplo, sin salir de lo museístico?
El objetivo que pretendía esa intervención era doble. Por una parte, establecer la diferencia de criterio entre modelos de ver la cultura y los proyectos culturales, y, por otra, abrir el debate sobre un proyecto en concreto a otros sectores sociales.
Esta consejera ha mantenido desde el inicio y a lo largo de sus discursos el valor de la cultura como estimuladora de la economía. Ya lo manifesté en mi primera intervención en el Parlamento al afirmar que en la actual coyuntura de contracción económica, el Departamento de Cultura tiene y quiere trasladar a la sociedad vasca el pleno convencimiento de que la cultura es también una buena inversión, un recurso de importantes dimensiones económicas, y no un componente suntuario y accesorio que puede sacrificarse a la espera de mejores tiempos. Una cultura dinámica y fuerte puede perfectamente ayudarnos a superar las embestidas de la crisis, no solamente porque supone invertir en un patrimonio tan valioso como es el capital humano y, de esa forma, contribuir a superar más dignamente la actual situación de dificultad, sino también por la gran capacidad que de forma patente posee la cultura para traer retornos, dinamizar los diversos sectores productivos y potenciar la imagen de nuestro país ante nuestros propios ojos y los de los demás ciudadanos y ciudadanas del mundo.
Al presentar el proyecto de presupuestos del Departamento para 2010 destaqué el importante esfuerzo realizado desde el Gobierno para mantener la apuesta por la cultura. Y hemos hecho este esfuerzo porque consideramos que la cultura supone una inversión estratégica y no un recurso suntuario que deba sacrificarse en tiempos de crisis. Lo hemos hecho porque la cultura, además de ser espejo de nuestra sociedad, es una enorme fuerza dinamizadora que motiva y une a las personas. Lo hemos hecho porque de, por y para la cultura vive un enorme capital en personas que son extraordinariamente valiosas para nuestra comunidad. Y lo hemos hecho porque la cultura contribuye al desarrollo social y a la animación de la economía.
Por tanto, la diferencia de criterio radica en el propio modelo de concepción de la cultura como un elemento tractor más de la economía de una localidad, territorio o país. Creemos, y así lo hemos manifestado, que la cultura ha de ser elemento fundamental en la economía de nuestro país. Es más, pretendemos que una de nuestras líneas estratégicas sea la de trabajar para que la política cultural forme parte de las prioridades del propio Gobierno vasco, influyente en otras políticas, en estilos y formas de hacer política, huyendo de visiones meramente esteticistas y ornamentales tanto como de las visiones meramente instrumentales.
El proyecto cultural ha de contribuir a la revitalización económica, y no al revés. Los proyectos culturales han de tener objetivos y contenidos culturales. Tenemos que pasar de la concepción icónica de la cultura a la cultura de los creadores, de los ciudadanos.
El segundo objetivo de mi intervención era abrir el debate sobre un proyecto concreto a todos los sectores de la sociedad. Hasta ahora sólo se habían escuchado dos opiniones, y este proyecto merece la opinión de más agentes sociales implicados. De ahí las preguntas que planteé en mi intervención y a las que añado alguna más. ¿Tenemos que pagar por el uso de una marca para desarrollar un proyecto cultural? ¿No somos capaces de innovar también en cultura y desarrollar nuestro propio proyecto?
Yo pienso que somos capaces y que no podemos hipotecarnos con esa millonaria inversión. Pero es sólo una opinión.
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:: JOSÉ IBARROLA

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