Quizá recuerden aquellas páginas de 'Tiempo de silencio' en las que se describía Madrid como una «ciudad sin catedral». Eran unas páginas que le dejaban a uno jadeando, tanto por su intensidad como por su extraña puntuación. Han pasado casi cincuenta años desde que Luis Martín Santos las escribió y se diría que han perdido algo de sentido. Y no porque el talento de su autor haya envejecido mal, sino porque hoy, para hablar de una ciudad atrasada, oscura y pobre de espíritu, no habría que fijarse tanto en la ausencia de catedrales, como en la de palacios de congresos.
Basta echarle un ojo a la lista de palacios de congresos que hay en España y otro a la de los que están en proyecto para concluir que hay localidades en las que están más preocupados de construir el coloso que de construir la propia localidad. Existen pedanías en nuestro extraño país en las que van a inaugurar el Centro Internacional de Eventos Multidisciplinares y Congresos Expositivos Miguel Indurain antes de abrir, no sé, la primera farmacia o un saloncito de actos en el que puedan jugar a la brisca los viejos y hacer alguna representación los dos o tres niños que quedan en el pueblo.
Obsta decir que el Euskalduna pertenece a la aristocracia del sector. Nuestro palacio acumula beneficios y completa índices de ocupación como si fuese sencillo hacerlo. Eso no significa que la epidemia de rivales no le afecte. Hay tantos centros similares por la zona, que la competencia, en el mejor de los casos, es salvaje y, en el peor, desleal. Para seguir manteniendo su posición de privilegio en esa jungla, el Euskalduna ha puesto sus fichas en la casilla de la ampliación. Estaba previsto que las obras empezasen con el 2010, pero habrá que esperar a que el año agonice. La razón del retraso tiene que ver con la merma de ingresos de la Diputación, que es quien más dinero va a aportar al proyecto. La crisis otra vez. Preguntado por la posibilidad de que dentro de unos meses las cosas sigan yendo mal para las arcas forales, Jon Ortuzar asegura que el Euskalduna podría comenzar a trabajar con sus propios fondos, aunque cree que no será necesario, ya que cuentan con el compromiso del diputado foral. En principio, no parece haber razones para que los del Miguel Indurain se alegren demasiado.