El nombramiento de Richard Armstrong en 2008 como sustituto en la dirección de la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York se interpretó como un giro de 180 grados respecto a la política expansionista de Thomas Krens. El nuevo responsable traía al puesto un bagaje muy valorado en la organización de exposiciones y un gran reconocimiento intelectual gracias a sus ensayos sobre arte.
Su cometido era concentrarse en el museo de Nueva York, ya que los patronos estaban cansados de que Krens f uera de un lado a otro buscando proyectos, todos fallidos excepto el de Bilbao. La furia expansiva, aunque frustrada en sus resultados, requería mucho esfuerzo y dinero, y al fin y al cabo lo que ellos querían era que luciese la gloria en su ciudad, en Nueva York. Para eso pagaban.
Pero las cosas han cambiado. La crisis hace que todos los proyectos que sumen recursos a la fundación neoyorquina sean bienvenidos. Además, resistirse ante proyectos como el de Abu Dhabi, interesante por asentarse en suelo árabe y entre sus tradiciones, y por el flujo continuo de dinero que supone, no parece nada sensato. De hecho, el Louvre y la Universidad de Nueva York estarán asimismo en el país de los jeques.
Armstrong también apoya sin reservas el Guggenheim de Urdaibai y ha convencido a su patronato de que merece la pena ampliar su radio de acción en el País Vasco. La presencia continua de Vidarte en Nueva York, en su calidad de director de desarrollo internacional de la fundación, seguramente habrá influido en Armstrong, que sólo hace tres semanas ha recibido a los otros socios del museo de Bilbao,representantes del Gobierno de Patxi López.
Krens siempre decía que el apoyo institucional sin fisuras al Guggenheim Bilbao había sido clave para que el proyecto hubiera salido adelante. Sabía de lo que hablaba. El ex director, ahora asesor especial en Abu Dhabi, había visto cómo se iba al garete un precioso proyecto de museo en Salzburgo, diseñado para construirse dentro de una roca por Hans Hollein. Aquello fracasó porque los diferentes niveles de gobierno -municipal, regional y estatal-no se pusieron de acuerdo al ser de distintos partidos. No fue la única vez que le pasó algo parecido a lo largo de su carrera.