En Muskiz y Zierbena miran con recelo a los dos buques draga que se acercan a la playa de La Arena. Las dragas no vienen de visita, sino a extraer material del fondo marino, que es lo que les exige su naturaleza. Y no crean que van a sacar una muestra para darse el capricho extractor. Tienen órdenes de extraer millones de metros cúbicos de arena. Comenzarán con dos millones, pero llegarán hasta los diez. Nos dicen que con diez millones de metros cúbicos de arena podrían llenarse a rebosar trescientos campos de fútbol. Lo que no nos dicen es para qué querría nadie llenar de arena trescientos estadios. Cuando el mundo de las unidades de volumen se mezcla con el del balompié, se producen efectos misteriosos.
Detrás de la extracción masiva está el Ministerio de Fomento. Su idea consiste en coger arena del fondo marino para utilizarla como relleno en las obras del Superpuerto. El plan espeluzna a los ecologistas y a los ayuntamientos implicados. Todos temen que las extracciones afecten gravemente a la costa y especialmente a la playa de La Arena. Viendo el tamaño de su inquietud, uno llega a dudar de si en Fomento han estudiado con cuidado el asunto o si han decidido extraer arena de La Arena por la misma razón por la que buscarían salvajes en La Salvaje.
Los ecologistas estiman que la operación convertirá la zona en la mayor cantera submarina de España. En el Ayuntamiento de Muskiz temen que la liposucción submarina termine con su playa en la UVI. Recordemos que La Arena alberga el espacio de dunas más importante del país. También, cuando hace sol, a un buen número de bañistas del mismo país. Quizá los bañistas no sean tan importantes como las dunas, pero son simpáticos y en Muskiz están preocupados por ellos. ¿Por qué? Pues porque se sabe que en los sótanos marítimos de La Arena aguarda un completo catálogo de sedimentos contaminados. Tal vez andar revolviendo por ahí abajo con unas dragas gigantescas no sea la mejor de las ideas si se quiere tener una playa limpia y saludable. Mientras tanto, los barcos se acercan a la costa y en Muskiz y Zierbena no terminan de entender por qué a veces a su playa, en lugar de como a una playa, se la trata como si fuese un taller.