El artista checo Frantisek Kupka (1871- 1957) pensaba que «la pintura imitativa», la que reproduce con mayor o menor subjetividad personas y cosas, pertenecía al pasado, «a épocas de brujos, místicos y alquimistas», de manera que la práctica artística debía dirigirse hacia la abstracción. Fue uno de los pioneros en el uso de las formas abstractas, cosa que rara vez se le reconoció, ya que su carácter huraño y solitario le llevó a desarrollar una trayectoria muy personal, desmarcada de los movimientos artísticos de primera mitad de siglo XX. Este distanciamiento le impidió gozar de una fama que sí disfrutaron contemporáneos suyos como Kandinsky.
La Fundación Miró homenajea a esta figura fundamental para entender los orígenes del arte abstracto dedicándole una exposición patrocinada por el BBVA. La muestra ofrece un recorrido cronológico por la trayectoria del pintor checo a través de 80 pinturas y dibujos procedentes del Centro Georges Pompidou, de París, donde se encuentra la mayor colección dedicada al artista. «La obra de Kupka es un ejemplo de lo mucho que nos queda por aprender de las primeras vanguardias del siglo XX», explica Martina Millà, encargada de la programación de la Fundación Miró.
La personalísima abstracción del checo, denominada 'abstracción orgánica', nace de un profundo interés por la investigación científica y las grandes cuestiones filosóficas: la vida, la muerte, la reproducción en el mundo natural... Prueba de ello es una de sus grandes obras, la monumental 'Autour d'un point' (1920-1930), basada en la flor de loto -símbolo de la fertilidad en las culturas orientales- y en la idea de la eternidad del ciclo vital. Varios círculos concéntricos y la explosión de colores de una paleta variada aluden a la reproducción infinita del cosmos.
Máquinas
Son pinturas que hablan de los orígenes, del mundo orgánico, de ciencia y espiritualidad. Pero también de la velocidad de la vida moderna, como demuestran trabajos más cercanos a los futuristas italianos: 'Machinisme' (1926-1933), 'L'acier boit nºII' (1927-1928) o 'Machine comique' (1927-1928). Su interés por la tecnología y los fenómenos físicos queda plasmado en estas obras, que intentan representar las vibraciones de la maquinaria que alimentaba a automóviles, locomotoras y complejos industriales de los años veinte.
En 1931 fundó, junto a Auguste Herbin, Jean Hélion y otros artistas, el grupo Abstraction-Création, que pretendía defender la abstracción frente a las tesis del movimiento surrealista liderado por André Breton. Cinco años más tarde participó en la legendaria exposición 'Cubism and Abstract Art' en el MoMA de Nueva York, acontecimiento que marcaría su tardía consagración como uno de los principales precursores del arte abstracto.