Los sueldos son públicos, pero no es un tema para hablar en plena crisis». «¿Qué queréis, que nos linchen?». «Ofenderíamos a los mileuristas...». Estas excusas y otras muchas similares han sido esgrimidas por alcaldes vizcaínos para evitar dar cuentas a la ciudadanía, a través de este periódico, de cuánto ganan, de cuál es su sueldo, a cuánto asciende su nómina real. Muchos ayuntamientos han colaborado y han ofrecido los datos exactos de los emolumentos de su regidor. En otros casos, ante la reiterada negativa, ha habido que buscarlos en actas plenarias o en los boletines oficiales, donde tampoco es fácil encontrar referencias a las retribuciones de los cargos locales. Y es que los salarios deben ser públicos, pero numerosas corporaciones hacen lo posible por evitar que se conozcan. Algunos, hasta con retranca. Así, a la pregunta ¿cuánto cobra?, el alcalde de Zalla, Leandro Kapetillo (PNV), contestó: «Menos que el de Güeñes».
¿Cuál es el resultado una vez analizados los datos? Que, por lo general, los alcaldes vizcaínos ganan, en función del tamaño de su municipio, lo que tienen que ganar. En la mayoría de los ayuntamientos -aunque hay excepciones, algunas muy sonadas- han ajustado sus sueldos y los de sus concejales a las recomendaciones de Eudel. La Asociación de Municipios Vascos, en un documento aprobado a finales de 2007, cuando la crisis aún apenas se intuía, establece criterios diferentes en función del volumen de habitantes o, excepcionalmente, del presupuesto manejado o de otras circunstancias, como una elevada población flotante, de temporada.
Por encima de 2.000 vecinos, dice Eudel, el alcalde debe estar liberado; es decir, lo ideal es que se dedique en exclusiva a dirigir el pueblo. Hasta 5.000 habitantes propone que lo haga por un salario de 58.000 euros al año brutos (sujetos a impuestos); de 5.000 a 10.000 residentes, por 63.000 euros; y de 10.000 a 20.000, por unos 70.000. Las cantidades van creciendo por tramos hasta los municipios que superan las 100.000 personas, para cuyos presidentes de Corporación plantea un sueldo de 87.414 euros, un 5% por debajo de lo que cobra un consejero del Gobierno vasco. En esta situación sólo hay un municipio en Vizcaya: la capital. Pero su alcalde, Iñaki Azkuna, cobra más: 104.782 euros anuales, unos 600 menos que el lehendakari. Bilbao es uno de los pocos ayuntamientos vascos que muestra en su página web todas las retribuciones de los cargos públicos. Aún así, el regidor evitó opinar para este periódico sobre su salario. «No va a salir hablando de lo que cobra en una época de crisis como ésta. Sería una falta de respeto para quienes están en paro o lo están pasando mal», justificó una portavoz.
La regla de Eudel, aunque se aprobó iniciada ya la legislatura -mientras que los sueldos suelen fijarse en el primer pleno tras las elecciones-, es de extendido cumplimiento en los municipios vizcaínos. Entre los grandes, el regidor de Barakaldo (PSE) percibe exactamente lo recomendado para una localidad de su tamaño, 83.252 euros al año; y el de Getxo, el jeltzale Imanol Landa, está ligeramente por debajo, con 81.000 euros, casi lo mismo que un ministro (81.155). En una escala inferior, los de Durango y Erandio también cobran algo menos de lo indicado para localidades de entre 20.000 y 50.000 habitantes (en ambos casos, unos 67.000 euros anuales frente a los 73.000 aconsejados), mientras que en Basauri, Portugalete y Leioa rondan los 80.000 anuales y están, por tanto, por encima.
En el escalón de entre 10.000 y 20.000 vecinos, los máximos responsables de Arrigorriaga y Trapagaran están también por debajo de lo aconsejado -unos 70.000 euros, lo mismo que un director del Gobierno vasco-, el de Sopelana se ajusta a ese nivel y lo supera Carlos Totorika, el alcalde socialista de Ermua. Es uno de los pocos que no tiene reparos en charlar sobre su retribución (82.000 euros al año). El asunto «me saca de quicio», admite.
Fotocopias de la nómina
«¿Cuántas horas de trabajo tiene la semana de un alcalde?», se pregunta. «Si hay un incendio de madrugada, allí voy. Si hay un accidente, me llaman a mí a la hora que sea. Mientras un funcionario hace 1.600 ó 1.700 horas al año, yo he calculado varias veces que nunca bajo de las 2.500», explica. Totorika, que acumula 18 años al frente de su Ayuntamiento, dejó el puesto que tenía entonces de director de una sucursal de la BBK y ahora se cuestiona «cuánto estaría ganando» de haber continuado su carrera bancaria. «Algo habría ascendido», reflexiona el dirigente del PSE.
La desazón que muestra es compartida por otros muchos alcaldes que, a micrófono cerrado, no se consideran mal pagados, pero sí poco reconocidos. «Se cuestiona la retribución de un alcalde, pero no la de un diputado o la de un senador, que en muchos casos cobran más y no están en la primera línea como nosotros; a pie de calle y en el primer frente», apuntala Jokin Bildarratz, el regidor de Tolosa por el PNV, que preside la Asociación de Municipios Vascos. En todo caso, el momento no acompaña para la reflexión. «No es fácil ni cómodo hablar de estos asuntos en tiempos de crisis», ratifica.
Claro que, en otros momentos, bien que los políticos han aprovechado este asunto para, por ejemplo, atacar desde la oposición al alcalde de turno o para dar muestras de su sensibilidad y sacar pecho cuando en algunas ocasiones -pocas- se les ha ocurrido rebajarse la nómina.
En el primer caso, aún se recuerda en la margen izquierda la polémica que surgió en Portugalete cuando el ex alcalde Mikel Cabieces -actual delegado del Gobierno en Euskadi- fue acusado por el PNV de cobrar una cantidad muy superior a la real cuando las elecciones estaban cercanas. El dirigente del PSE convocó a la prensa y repartió una fotocopia de su nómina.
En el segundo, el terremoto lo provocó el alcalde San Sebastián, Odón Elorza, cuando desveló su sueldo -que hoy es de 83.200 euros- y todo su patrimonio en la misma campaña electoral en la que el PNV se enfrentó a serios problemas de imagen por las propiedades de su fallido candidato a diputado general de Guipúzcoa Jon Jauregi, quien tuvo que acabar renunciando. Tras Elorza, Azkuna y el vitoriano Alfonso Alonso (PP) desvelaron en público sus intimidades. Claro que no todo el dinero es para ellos: los partidos 'muerden' parte del sueldo a sus cargos públicos. Habitualmente, del 5% al 15%.