La revelación de la cláusula secreta del acuerdo presupuestario entre el Gobierno central y el PNV -que otorga derecho de veto a los jeltzales sobre la transferencia a Euskadi de las políticas activas de empleo- empieza a arrojar luz sobre las negociaciones que tuvieron lugar a mediados de octubre. Amenaza también con enconar el enfrentamiento entre el partido de Iñigo Urkullu y el PSE, que se culpan mutuamente de la demora de uno de los traspasos 'estrella' que aún quedan pendientes.
Según confirmaron ayer a este periódico fuentes de Lehendakaritza y del PNV, Patxi López sí intervino en las negociaciones y, de hecho, telefoneó a Urkullu la víspera de la firma del pacto de Presupuestos, alarmado ante la inclusión de un traspaso ya comprometido públicamente por su Gobierno en el paquete negociador. No obstante, desde el entorno del lehendakari se insiste en que López desconocía en ese momento el verdadero alcance de las exigencias del PNV y la disposición de José Luis Rodríguez Zapatero a firmar una claúsula que le perjudicaba a todas luces.
La conversación telefónica -ya de por sí inhabitual, dada la escasa relación que ambos mantienen- entre López y Urkullu se produjo la tarde del jueves 15 de octubre, pocas horas antes de que, ya el viernes, el Ejecutivo del PSOE y el grupo peneuvista en el Congreso hicieran público su acuerdo. Mientras el socialista José Antonio Alonso y el jeltzale Josu Erkoreka se afanaban en cerrar los últimos flecos del pacto, que recibió el visto bueno de Zapatero por teléfono desde Israel, el lehendakari decidió tomar cartas en el asunto y llamó a Urkullu porque, según fuentes de la Presidencia vasca, «sabía de la voluntad del PNV de intentar condicionar la transferencia». Cara a la galería, el PNV exigía, de forma ambigua, «transparencia e información» sobre el traspaso, como precondición para negociar el Presupuesto.
No obstante, en privado pidió mucho más que eso, según los jeltzales, para evitar que, como denunció ayer Iñigo Urkullu en su blog, el Gobierno central se guardase la «parte sustancial» de la transferencia -los incentivos a la creación de empleo mediante bonificaciones a la Seguridad Social- «para gestionarla además con el dinero que aportamos desde Euskadi», vía Cupo. Urkullu insiste en que sólo así el traspaso tendría «sentido y utilidad» y que, de otro modo, es sólo «una manzana verde y reluciente con gusano dentro» que ya rechazaron los gobiernos anteriores liderados por el PNV y un «regalito envenenado» que no están dispuestos a aceptar.
Facilitar información
En esa tesitura, y según fuentes de Lehendakaritza, López expresó a Urkullu la disposición del Ejecutivo vasco, del PSOE y del Gobierno central a facilitar cuanta información se les requiriese sobre el estado de la negociación del traspaso de las políticas activas, su cuantía y contenidos. Las fuentes peneuvistas evitaron desvelar el contenido de la conversación y se limitaron a recalcar que ambos hablaron «sobre el acuerdo presupuestario». Eso sí, Urkullu recalca en su artículo que «sabe muy bien» el «papel» que desempeñaron López y «algún consejero» -en referencia a Rodolfo Ares- en esos días de octubre.
De nada sirvió descolgar el teléfono. El acuerdo se firmó, de espaldas a López y al PSE según aseguran ellos mismos, y con un sesgo claramente perjudicial para el Gobierno vasco. No obstante, desde el PNV se insinúa que el lehendakari estaba al tanto de todo y no hizo nada por impedirlo.
Si el martes Urkullu acusó al jefe del Ejecutivo vasco de «mentir», ayer le retó a un «debate público» para dilucidar «quién dice la verdad y quién miente» con el negociador socialista José Antonio Alonso y el PNV como «moderador» o como participante. El líder del EBB lo considera «necesario» tras escuchar a López advertir al PNV y a Zapatero de que «nos tendrán enfrente» si retrasan la transferencia. El PSE cree que los jeltzales han jugado sucio e insiste en que hará todos los esfuerzos porque el proceso culmine lo antes posible.