Amparo Gastón, quien fuera la compañera, esposa y cómplice del poeta Gabriel Celaya falleció ayer en Madrid. La Diputación guipuzcoana, institución que custodia en propiedad el legado y biblioteca de Celaya, emitió ayer un comunicado expresando su sentimiento y destacando el empeño que Amparitxu -como cariñosamente se la conocía- puso por mantener en el tiempo la memoria del poeta, así como procurar sus ediciones definitivas. Su epitafio debería responder a esa idea, pues es reconocido que sin la existencia de esta mujer ni la vida ni la obra de Celaya hubieran sido lo que son. Entre ambos se trabó un nudo de complicidad y empeño que fue siempre más allá de la relación de pareja. En 1991, aventó las cenizas del poeta en Hernani y San Sebastián, rodeada del duelo popular solidario. Celaya, por su parte, le dedicó muchos poemas, algunos libros, y puede decirse que los principales versos de Celaya a San Sebastián son inspiración de quien fuera su musa. Ambos vivieron momentos emocionantes, como cuando recibió el 'Tambor de Oro' (1989). La decisión de Amparo de cenar la noche de San Sebastián con su poeta, obligó al alcalde Albistur a convocar la cena oficial en el Hotel María Cristina, en vez de la sociedad Gaztelubide.
Amparo procedía de una familia de militancia comunista que había padecido las consecuencias de la Guerra Civil, lo que influyó sin duda en la toma de conciencia de aquella realidad por Celaya, ingeniero gerente de una empresa familiar. En 1956 decidieron trasladarse a Madrid para abrir el horizonte de la carrera literaria de Gabriel, aunque había razones personales y ambientales que aconsejaban su marcha.
Gastón publicó en colaboración con su marido tres libros, 'Ciento volando' (1953), 'Coser y cantar' (1955) y 'Música celestial' (1958). Posteriormente, escribieron algún poema, más como recreo que por intención literaria. Amparo se sintió siempre muy colmada con ser parte indisoluble de la obra de Gabriel Celaya y celebró con emoción la publicación de sus obras completas.