La grúa Carola estaba expectante ayer ante semejante gentío. El Muelle de Ramón de la Sota tenía más vida que cualquier otro domingo de otoño y dos eran los focos de atención: el Museo Marítimo de Bilbao y el bergantín goleta 'Thalassa' atracado a escasos metros, que podían visitarse gratuitamente en el marco del sexto aniversario del equipamiento cultural. La cola de la taquilla llegaba al exterior del recinto y en ella se veía un amalgama de edades, desde los que no podían andar porque todavía no habían aprendido, hasta los que tenían que hacerlo ayudados de cachavas.
«Quiero ver cómo funcionan los barquitos», reclamaba Asier a su padre que, finalmente, no vio otra salida que unirse a las miles de visitas que recibió ayer el museo desde primera hora de la mañana. «La última vez vinieron unos 3.000 visitantes . Hoy superaremos esa cifra», vaticinaban en el museo. Abundaban los hombres que hacían el recorrido en solitario. «La parienta no ha querido venir y yo no quería desaprovechar una oportunidad así. Hoy en día hay pocas cosas gratis», relataba Vicente, mientras observaba detalladamente una maqueta.
Fernando y Josune estaban entusiasmados contemplando «la historia y el desarrollo que ha tenido Bilbao desde el siglo XIV». Con su primera visita al museo, descubrieron la existencia de la isla de Uribitarte. «Y eso que ya somos viejecitos», bromeaban. Los más pequeños frenaban su hiperactividad ante la grandeza de un motor Guascor, que invitaba a buscar su punto de encendido. Pocos lo encontraban sin la socorrida ayuda paterna.
Al timón del 'Thalassa'
A unos metros, en el exterior, la goleta holandesa Thalassa dejaba explorar cada rincón de su interior. Cientos de curiosos perdían el miedo a las empinadas escaleras y se lanzaban a la aventura abriendo las puertas de camarotes y baños. «De mayor voy a ser marinero», declaraban muchos niños una vez que lograban abrirse camino hasta el timón. Todos disfrutaban de los secretos que guarda la ría de Bilbao de la mano del Museo Marítimo.