¿Puede un maltratador corregir su actitud? Los psicólogos defienden que esto es posible, y los jueces incluyen en ocasiones en sus sentencias la asistencia a terapias de rehabilitación. Algunos agresores pueden, incluso, librarse de otras penas si acuden a este tipo de grupos. Otros hombres -bastantes menos- acuden voluntariamente a estas terapias. Los expertos coinciden en que el éxito de las sesiones es diametralmente opuesto si la motivación es voluntaria u obligada.
De hecho, «la mitad de los que acuden por orden de un juez, abandonan pronto», afirma Roberto Osle, responsable del programa Amikeco de intervención en violencia de género. Por contra, «es rarísimo que la dejen quienes vienen por propia voluntad», dice. Reciben cada año a una treintena de hombres y, en total, el número de agresores que acuden a estos servicios en Euskadi ronda el centenar. Choca con la cifra de 4.078 víctimas.
Cuando empiezan la terapia de grupo «vienen nerviosos, si han pasado por algún juicio rápido, están quemados con la Justicia. Lo han perdido todo, están fuera de casa, no pueden ver a los niños y no entienden qué les pasa porque tratan de defenderse quitándose responsabilidad». Osle compara los casos más severos con «un muro de hormigón. Su discurso es difícil de cambiar».
Quieren cambiar
Por eso, es muy importante crear un buen clima en el grupo para que hablen sin sentirse juzgados. «Y los que vienen más motivados son muy útiles para que el resto se abra porque ellos saben que han hecho algo inadecuado y que quieren cambiar». Los momentos más duros son las sesiones «que les tocan los recuerdos, lo más íntimo» y la mayoría abandona «porque no aceptan su culpabilidad y no creen en que les vaya a servir para algo la terapia». No hay perfiles en este caso. «Ha venido gente desde 20 a 60 años y de todos los niveles culturales y sociales». ¿Las posibilidades de reincidencia? «Siempre puede ocurrir, pero tendrán que saltar muchas más barreras personales que antes».
En la Dirección de Víctimas del Gobierno vasco son partidarios de las terapias de rehabilitación «siempre que no sustituyan otra pena, porque esto significaría que el agresor tiene motivación para solucionar su conducta y ponerle fin». De hecho, planean una revisión de estos programas «para que todos cumplan ciertos criterios de calidad y control».