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¿Segunda división?

22.11.09 - 02:49 -
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E ste año el premio Nobel de Física fue concedido a tres científicos, uno nacido en China y formado en Inglaterra y dos en Estados Unidos. En la memoria de la Academia de Ciencias sueca en la que se justifica la concesión se dice: «El Premio Nobel en Física 2009 honra a tres científicos, que han jugado importantes papeles en la configuración de la moderna tecnología de la información. Charles K. Kao, por haber iniciado la investigación y el desarrollo de fibras ópticas de bajas pérdidas usadas actualmente en los sistemas de comunicación por fibra óptica. Willard S. Boyle y George E. Smith, por haber investigado y desarrollado el CCD, usado actualmente en muchas cámaras digitales y en instrumentación avanzada médica y científica».
Cualquier ciudadano o empresario moderno, así como cualquier científico con un buen sentido común y una amplia y generosa visión de la ciencia o cualquier gobernante con una buena formación y aceptable capacidad intelectual, no dejarán de admirar los extraordinarios resultados de la investigación de estos científicos. La existencia o carencia de las cualidades indicadas explican por qué, en el grupo de los países desarrollados, unos están en la cabeza y otros en la cola. Unos tienen un sistema productivo competitivo y otros no. Estas afirmaciones no son gratuitas, están ampliamente demostradas y tienen que ver con los premios Nobel de 2009. Para analizarlo es necesario introducir algunos conceptos, no usuales para los lectores. Por las limitaciones propias de un artículo de prensa, sólo se citan dos de ellos.
Recordamos que las políticas científicas de los países las escriben los gobiernos pero, en su elaboración y aplicación, participan algunos de los científicos del país. Por tanto los aciertos y errores, o mejor, éxitos o fracasos, se deben atribuir a las dos partes, aunque cada una tenga diferente peso. La situación límite se da cuando las administraciones actúan bajo el dictado de un reducido número de científicos. Este hecho, más común de lo que parece, produce escalofríos cuando estos científicos no buscan el interés general, sino sus propios intereses. En segundo lugar, se introducen algunos de los parámetros de medida que utilizan los sistemas científicos. El 'número' de artículos publicados, el 'índice de impacto' de una revista y el 'índice h'. Decir que un investigador tiene un 'índice h igual a 20' significa que, por lo menos, 20 de sus publicaciones son citadas 20 veces por otros científicos. Además, en España se ha puesto de moda hablar de la 'excelencia', hasta dejarla sin contenido. Así, los 'dueños' del término consideran que un investigador es excelente cuando tiene sus artículos publicados en un reducido grupo de revistas seleccionadas, a favor propio, por ellos mismos. La adulteración del término se pone de manifiesto cuando un científico, cuyo trabajo tiene conexión directa con el desarrollo económico del país, es considerado, en general, como un investigador de segunda fila.
a fatuidad del sistema de valoración español y vasco la confirma el hecho de que, con la aplicación de los parámetros anteriores, tal y como se hace en España, los tres premios Nobel de este año obtendrían una valoración muy baja. Así, por ejemplo, no serían seleccionados por Ikerbasque (programa diseñado por el Gobierno vasco para traer científicos relevantes a la comunidad), tampoco serían seleccionados para ayudantes de Física en la UPV-EHU, o cualquier otra universidad pública española y tendrían muchos problemas para que se les concediera un pequeño proyecto de investigación del Gobierno vasco o del Gobierno de Madrid. La razón de todo este descalabro es que: su 'índice h' es muy bajo; no tienen ningún artículo en las revistas de 'excelencia'; la mayor parte de las revistas en las que han publicado tienen un bajo índice de impacto y el número de artículos que han publicado es muy pequeño. Está claro que, para los 'sabios' españoles, la Academia de Ciencias sueca se columpió.
Es evidente que los parámetros de medida anteriores, que valen en otros países, se están aplicando muy mal en el nuestro. Ante este desatino nos podemos preguntar: ¿Por qué no se aplican bien? Citaremos dos de las múltiples razones: Una se debe a los intereses personales de los científicos influyentes. La otra es debida a que los fines electorales de los responsables políticos quedan cubiertos cuando pueden decir que, durante su mandato, se incrementó el número de publicaciones por habitante y año. Estos y otros hechos nos condenan a jugar, dentro del grupo de países desarrollados, la liga de segunda división. Sabemos contar los artículos publicados, pero no sabemos valorar el contenido de lo que se hace. Como ejemplo, que es la regla y no la excepción, citaré algo reciente. Un miembro de un tribunal para seleccionar a un profesor asociado para la UPV-EHU descalificó a un candidato porque hacía investigación muy aplicada. Ese miembro del tribunal trabaja en temas esotéricos que son publicados en las revistas de 'prestigio', pero jamás tendrán ninguna aplicación. Este 'episodio' es lo usual en el panorama universitario español. Con los criterios aplicados por ese tribunal, los tres galardonados con el Nobel no serían contratados como profesores asociados. En cambio lo sería uno de los muchos jóvenes que a base de hacer un trabajo repetitivo en los grupos de excelencia tienen un currículum vitae inflado artificialmente. Con esta dinámica de valoración se está consiguiendo eliminar del sistema de ciencia, español y vasco, a los investigadores que pueden contribuir de forma directa a la creación de riqueza. Justo lo contrario de lo que debe ocurrir para conseguir un crecimiento económico sostenible.
sta es la realidad del país. Se escriben muchos artículos científicos, pero carecemos de patentes que den riqueza. El reducido número de científicos con influencia para forzar el cambio, porque tienen sobrada capacidad intelectual para hacerlo, se dedican a engañar a unos políticos descoloridos, impidiendo que el país juegue en la liga de primera división. Su actitud se debe a que quieren controlar un sistema que no les pide cuentas y que les permite hacer lo que quieren. Como es poco probable que esos científicos cambien de actitud, a los ciudadanos sólo nos queda pensar en un milagro. Que los empresarios tomen cartas en el asunto, o que lleguen al poder gobernantes de talla, que sean capaces de desembarazarse de esta red limitante. En definitiva, es dar pasos para que en el futuro, si tuviéramos oportunidad, no dejemos de contratar a los premios Nobel. Esto significaría que caminamos hacia metas mejores. Aprendamos de los países que juegan en primera división. Está bien ganar en fútbol o baloncesto, pero el bienestar general y el futuro sólo se ganan con competitividad, innovación y tecnología. La sociedad del conocimiento no sirve de mucho si este conocimiento no se hace efectivo para generar un desarrollo económico sostenible.
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