El arte del Guggenheim no está sólo en su cubierta de titanio, en las salas de exposición y en los productos de la tienda y la librería. Como no podía ser de otra manera, también está en el restaurante. Y es tan valorado que antes que otras ampliaciones posibles, como la de Urdaibai, le tocará el turno a la zona de comensales.
El proyecto ya está aprobado, con un coste de 900.000 euros. El nuevo restaurante, de 300 metros cuadrados, se ubicará en la actual cafetería del interior del museo, en la sala Fish, en un lateral respecto a las esculturas de acero de Richard Serra. Las obras comenzarán después de Navidad y durarán ocho meses. El diseño, bajo supervisión de Frank O. Gehry, está ideado por Idom.
Será un área exclusiva, de innovación dentro de la alta cocina, comandada por el chef actual, Josean Martínez Alija, y con la intención de colgarse una estrella Michelin del vestido de titanio. Según el contrato vigente, la Fundación Guggenheim ingresa el 10% del dinero recaudado por el restaurante. Sólo en el año de la inauguración, 1997, el porcentaje supuso cerca de un millón de euros ¡ingresados en menos de tres meses! En el ejercicio siguiente, la cifra superó los seis millones: buen provecho.
Entonces aún no estaba al frente Martínez Alija, el joven prodigio de la gastronomía y cocinero de élite desde que tomó las riendas del restaurante Guggenheim allá por el invierno de 2000, con poco más de veinte años. Llegó de la mano de su maestro, Martín Berasategi, y ahora sigue vinculado a la empresa de Andoni Aduriz, encargada de explotar la cocina y el comedor del museo, y cuyo restaurante Mugaritz, en Rentería, posee dos estrellas Michelin.
Los entendidos alaban de Martínez Alija su capacidad para expresar en un plato la fantasía y la delicadeza gastronómica, todo ello con una presentación muy estética. Quienes han probado alguna de sus creaciones, como los históricos percebes a la plancha en sopa de chipirón con puntas de espárragos y patatas, se relamen como si la hubieran degustado hace un par de segundos.
El proyecto nace, pues, con todas las garantías culinarias y también con la certeza de que los platos estarán acompañados de los mejores vinos, escogidos por María José Vázquez García, baracaldesa de poco más de treinta años que ganó la última edición del concurso La Nariz de Oro y se proclamó mejor sumiller de España.
El Guggenheim tiene motivos para celebrarlo, también porque ayer le concedieron el Premio Internacional de Protocolo por la calidad en la organización de sus eventos, y su página web fue reconocido por el Ministerio de Industria como una de las 20 mejores que acaban en .es.