«A Jota le dolía el alma. Tan grande era su dolor que decidió quitársela. Nunca más sintió». Lacónicos como un haiku, certeros como una fábula, los microrrelatos de 'Cortocuentos' están protagonizados por seres que se dirían emparentados con el melancólico Chico Ostra de Tim Burton. Un domador de nubes, un monstruo que tiene miedo y se esconde debajo de la cama, una niña eléctrica que emite luz o se apaga según su estado de ánimo, un heladero tristón...
Borja Crespo defiende el carácter «agridulce y metafórico» de sus relatos, ilustrados por Chema García en un volumen editado por Astiberri (17e ). «Se dicen cosas duras con dibujos bonitos», resume este cineasta, agitador cultural, dibujante, alma mater del Salón de Cómic de Getxo y colaborador de EL CORREO, que narra cada una de las historias en cuatro viñetas con otras tantas frases. 'Duele, existes', se titula el cuento que abre esta reseña, cuyo poder de síntesis y evocación se extiende al resto de episodios: 'Corazón de plastilina', 'Planeta Piruleta'...
Crespo y García se conocieron hace años, cuando el dibujante bilbaíno dirigía la editorial Subterfuge Comix. Juntos crearon a Diox, el Exterminador, «un cruce entre el Serpiente Plissken de John Carpenter, Torpedo, de Abulí, y Hellblazer», que todavía sobrevive en las páginas de la revista 'El Manglar'. García vive en Granada y Crespo en Madrid, así que los 'Cortocuentos' han ido creciendo a través del teléfono y el correo electrónico. El 'chanante' Joaquín Reyes alaba en el prólogo «unos dibujos que dan asco de lo bonitos que son y lo bien que se adecuan a lo que se cuenta».
Mirarse al espejo
Y es que no hay un estilo gráfico único a lo largo de 128 páginas que pueden disfrutarse con mirada adulta e infantil. «Hay ternura, humor negro y un tono intimista. Intentamos darle la vuelta a los personajes clásicos de los cuentos infantiles, son fábulas cortitas que el lector puede completar», defiende Crespo. «Metáforas sobre el comportamiento humano que cada uno puede ampliar como quiera, unas más optimistas otras más oscuras, pero todas sirven para mirarse al espejo».