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Un calvario para el Gobierno vasco

Liberación del 'Alakrana'. Secuelas políticas

Un calvario para el Gobierno vasco

El secuestro del atunero ha terminado por desgastar al Ejecutivo autónomo y al lehendakari

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El fin del secuestro del 'Alakrana' también cierra el episodio más espinoso al que se ha tenido que enfrentar Patxi López en los seis meses que lleva al frente del Gobierno vasco. Limitado su margen de maniobra, el Ejecutivo autónomo ha seguido la estela de la Administración para capear el temporal sin demasiados daños. En público no ha cuestionado ninguna de las decisiones adoptadas en Madrid, algunas de ellas muy criticadas en Euskadi.
El 'Alakrana' ha terminado por convertirse en un importante foco de desgaste para el Gabinete del PSE en su conjunto y para el lehendakari en particular, que ha optado por mantener un perfil bajo durante una crisis que ha llevado a su Gobierno a, entre otras cuestiones, sufrir una derrota parlamentaria, enfrentarse al malestar de las familias y, en ciertos momentos, ofrecer cierta imagen de desorientación que ha intentado suplir con golpes de efectos. Un calvario de mes y medio que ha tapado la gestión de su equipo, que no ha naufragado, pero ha sufrido daños.
El asalto al buque bermeano cogió a los socialistas a las puertas de su VI congreso. Es el 2 de octubre. Ese mismo día, López cuelga en su 'blog' un texto de apoyo al pesquero. También habla telefónicamente con el armador. Se pone en marcha un 'gabinete de crisis'. La consejera de Pesca, Pilar Unzalu, el viceconsejero, Jon Azkue y otros dos altos cargos del departamento se hacen cargo de un número de teléfono para estar en contacto permanente con los allegados de los arrantzales.
Los acontecimientos se precipitan. El domingo 4 de octubre se conoce la noticia de que dos de los secuestradores han sido capturados por la fragata española 'Canarias'. El lehendakari se entera a través de María Teresa Fernández de la Vega. La vicepresidenta del Gobierno central le telefonea para informarle. El jefe del Ejecutivo autónomo expresa sus dudas al considerar que la medida puede complicar aún más la situación. En privado muestra su total rechazo a una posible entrega a la Justicia española de los dos somalíes.
La tormenta política se intensifica. El 8 de octubre, el PNV y el PP -este último, socio preferente de López- logran que el Parlamento vasco pida al Gobierno central la presencia de militares españoles en los atuneros para prevenir futuros asaltos. El Ministerio de Defensa rechaza embarcar soldados profesionales. Los socialistas vascos optan por no desautorizar a su partido en Madrid y no abrir una grieta entre las dos administraciones. ¿El precio?: un revés en la Cámara de Vitoria.
A mediados de octubre, los familiares necesitan respuestas. Algunos de ellos expresan en este periódico su malestar por el, a su juicio, escaso apoyo mostrado por el Ejecutivo autónomo. Consideran insuficiente el teléfono puesto en manos de los responsables de Pesca. López permanece en un segundo plano al optar por no mantener ningún encuentro público ni privado con los allegados de los pescadores. Tampoco les telefonea.
Un día después de aparecer publicados estos reproches, el lehendakari lanza un mensaje. El 17 de octubre, durante el congreso del PSE de Vizcaya, afirma: «No quiero olvidarme de los marineros secuestrados del 'Alakrana' y de sus familiares. Quiero decirles que el Gobierno vasco está poniendo todos los medios, en colaboración con el central, para lograr su pronta liberación».
En Lehendakaritza se hacen eco de las críticas. Se fija un encuentro con los familiares para el 22 de octubre. Una reunión privada en la sede de la Presidencia vasca. Sin fotos. Se intenta reconducir el rumbo. Pero la nave embarranca poco antes. Los alcaldes de los pueblos de donde proceden los marineros convocan para el mismo día 22 una manifestación de apoyo en Bermeo. Unzalu reacciona de forma airada. Y precipitada. Considera que se «utiliza políticamente» a los pescadores. En apenas unas horas tiene que rectificar. Uno de los alcaldes, el de Sestao, es del PSE. A la concentración acaban asistiendo destacados dirigentes de los socialistas vascos.
A finales de octubre, López anuncia que su Ejecutivo financiará un 25% de la seguridad privada de los atuneros en el Índico. Las aguas parecen calmarse con los armadores. Pero la situación estalla el 5 de noviembre. Los arrantzales retenidos comunican a sus familiares en España que los piratas comenzarán a matarles si no se arregla la situación de los dos somalíes encarcelados.
En Lehendakaritza empiezan a barajar opciones. Y se opta por una de alto riesgo. A última hora de la tarde, López comparece para pedir a la Audiencia Nacional que, «desde la más absoluta legalidad», estudie la posibilidad de trasladar a los dos piratas a Somalia o Kenia para que sean juzgados allí. Es la primera vez que un alto cargo político 'presiona' a los jueces para que tomen esa decisión. El anuncio es acogido con cierto malestar en la sede judicial y en algunos ámbitos del Gobierno central. Tres días después, se celebra en Bermeo una nueva concentración a la que asisten Unzalu y la portavoz del Ejecutivo vasco, Idoia Mendia.
Malestar con el PNV
A partir de ese momento, se entra en una fase de tensa calma solventada ayer. Tras conocerse la liberación, Unzalu realizó una declaración institucional en la que destacó la «entereza» de las familias y se puso a su disposición para «apoyarles en todo lo que precisen hasta que recuperen la normalidad». La consejera de Pesca desveló que López no pudo comparecer al sufrir una dolencia de espalda. El lunes padeció un ataque de ciática.
El lehendakari tampoco telefoneó ayer a los familiares. Desde Presidencia se sostiene que quienes se han ocupado del contacto directo con los allegados han sido los responsables de Pesca. Una vez conocida la liberación, los familiares hicieron un listado de agradecimientos. Recordaron a sus vecinos, a los armadores y a los ayuntamientos. Ni el Gobierno central ni el vasco fueron mencionados.
Pero hay otra herida que puede sangrar. Y es la política. Los socialistas creen que algunas declaraciones del PNV han sobrepasado algunos límites. «No todo vale para desprestigiar al lehendakari», señalan.
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Patxi López conversa con la consejera de Pesca, Pilar Unzalu, el pasado jueves en el pleno del Parlamento vasco. / EFE
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