Animados por el gran éxito de algunas monográficas precedentes, como una del mismo autor en 1997 o la más reciente de Magritte, los responsables del Museo de Bellas Artes de Bruselas han abierto las puertas de la institución a una muestra de Paul Delvaux (1897-1994), dedicada a la fascinación que la antigüedad clásica ejercía sobre el célebre pintor, figura destacada, como Magritte, del surrealismo belga.
Se trata de una retrospectiva breve pero intensa, que ocupa una de las salas principales del museo. Unos 70 óleos y acuarelas, dibujos y apuntes ordenan y explican la atracción que el orden clásico ejercía sobre el pintor, y cómo a través de él estigmatizaba el fascismo en alza de los años 30.
A Delvaux se le conoce por sus enormes murales de estaciones ferroviarias y locomotoras a vapor envueltas en humo. La muestra del de Bellas Artes de Bruselas, que permanecerá abierta hasta el próximo 31 de enero, revela otro Delvaux: el de las figuras idealizadas de Leda o Pigmalión, las cuatro 'mujeres-árboles' que tanto inquietaron a Peggy Guggenheim, que adquirió el cuadro, Venus o Penélope, sirenas y efebos. Figuras humanas hieráticas, teatralizadas en escenarios clásicos, de ojos grandes y perdidos que Delvaux imaginó después de haber visitado la Acrópolis de Atenas, Olimpia o Pompeya, adonde le llevó su curiosidad por lo clásico.
El trazo de la figura humana revela el aprendizaje del pintor, no pocas veces madurado en las estatuas clásicas del Museo de Bellas Artes al que ahora vuelve una parte ciertamente especial de su obra.
Los cuadros proceden de lugares diversos: la Tate londinense, la Fundación Guggenheim de Venecia, el Pompidou de París y colecciones suizas y griegas complementan aportaciones de los museos de Bruselas, Amberes o Ixelles, así como otros fondos aportados por la Fundación Paul Delvaux de Saint-Idesbald.
A destacar el 'Pigmalión' de 1939, obra capital del artista que es propiedad de los Museos Reales de Arte e Historia de Bélgica.