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La vida agitada de un polemista

Miguel de Unamuno. La biografía

La vida agitada de un polemista

Por raro que parezca, Unamuno carecía de una biografía fiable. Ahora acaba de salir la primera

15.11.09 -
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Tenía fama de ingenuo y de novelero entre sus compañeros de colegio, que se reían de que a los diez años aún creyera que los niños nacían de la bendición sacerdotal. Con tiempo, aquel niño que corría por la Plaza Nueva de Bilbao llegó a llenar plazas de toros en los pocos mítines en los que participó, y cada uno de sus artículos en la prensa se leía con admiración y reverencia en el primer tercio del siglo XX en España.
Miguel de Unamuno fue todo un carácter, más que un pensador, un poeta, un novelista y un articulista. Y ante la insólita ausencia de una biografía completa y bien documetada sobre esta figura clave de las letras españolas, el matrimonio de hispanistas formado por Colette y Jean-Claude Rabaté se pusieron a la tarea hace unos años. El resultado, un volumen de cerca de 800 páginas de ritmo ágil en el que está todo lo debe saberse sobre el escritor vasco.
'Miguel de Unamuno. Una biografía' recorre el arco vital de este autor nacido el 29 de septiembre de 1864 y muerto el 31 de diciembre 1936, después de haber apoyado la rebelión de Franco y y verse luego obligado por los sublevados a permanecer recluido en su casa de Salamanca.
La infancia del escritor estuvo marcada por las guerras carlistas y por la entrada de las tropas liberales del general Concha en Bilbao, el 2 de mayo de 1874, fecha que aún se celebra para significar la unión entre la ciudad y el liberalismo, muy apreciada por el escritor. Jean-Claude Rabaté explica que «inquieto desde niño, a Miguel le gustaban las polémicas. Hay una frase suya que dice: 'Tu alma no ha nacido para la paz, sino para la guerra'. Esas palabras reflejan muy bien su carácter».
El hispanista sostiene que Unamuno fue nacionalista vasco en su adolescencia porque estaba de moda. «Él y sus amigos subían al monte y cuando estaban en la cima recitaban a Rousseau. Maldecían los toros y las fiestas y exaltaban el mundo rural. Pero, como decía Maeztu, Bilbao era entonces la nueva capital de España, la ciudad del empuje industrial, a la que Unamuno se opuso en ese momento manifestándose contra la creación del Ensanche».
Tierra, paisajes y amigos: el escritor mantuvo su fidelidad a ellos «desde la cuna a la sepultura», según Rabaté, una manera de relacionarse con su entorno «muy nacionalista». Ello no le impidió afiliarse a la Agrupación Socialista de Bilbao el 21 de octubre de 1894, dos semanas después de que saliera 'La Lucha de Clases', el semanario en el que colaboró y en el que llegó a escribir que «el socialismo que inició Carlos Marx es el único ideal hoy vivo de veras, es la religión de la humanidad». Fiel a su continuo movimiento de ideas, tres años después se dio de baja, consciente de que no valía para amoldarse a la disciplina militante ni a comulgar con la ortodoxia.
Ruina respetable
Antes, en 1891, se había casado con Concha Lizarraga y había sacado la plaza de profesor de Griego en la Universidad de Salamanca después de probar suerte en un rosario de oposiciones. El histórico centro universitario vivía un periodo de extrema decadencia. «Era una ciudad de provincias en la que había más muertes que nacimientos. La prensa la describía como 'una especie de ruina respetable'», resalta Rabaté. Y con razón. De los 7.832 estudiantes matriculados en 1566, la cifra bajó a 35 en 1809, y subió a 1.028 en el curso 1891-1892, cuando Unamuno entra a formar parte del claustro de profesores.
En 1901 llega al cargo de rector y también hacia ese año empieza a tener una presencia muy rotunda en la vida pública, sobre todo a través de sus artículos en las revistas y en los periódicos. A su condición de representante filosófico de la Generación del 98 unía su pasión por la polémica y sus condiciones como orador. «El prestigio de intelectuales como él y como Ortega y Gasset era enorme -comenta Rabaté-. Ahora estoy en Madrid, muy cerca del Ateneo. He visto fotos de las colas de decenas de personas esperando a entrar a una de sus conferencias. Es verdad que entonces no existía la tele. En todo caso, su influencia era extraordinaria. Su regreso a Bilbao después del destierro en Hendaya, en febrero de 1930, fue multitudinario».
El escritor necesitaba estar en tensión para pensar y para crear. «La crisis religiosa se mantiene a lo largo de toda su vida. Sí, pero ¿por qué? Porque esa dramaturgia estaba en la base de su estilo. El Unamuno íntimo aparece poco, sólo cuando se muere su mujer y su madre. Su pudor fue tremendo».
La imagen del pensador atormentado y sufriente fue utilizada por el franquismo, que ensalzó 'El sentimiento trágico de la vida' a costa de neutralizar su perfil político, según su biógrafo. En 1931 salió elegido concejal en Salamanca por la candidatura republicano-socialista, la misma con la que ganó el escaño a Cortes poco después.
Sin embargo, apoyó el alzamiento de Franco. «Se equivocó. Le pareció vivir un pronunciamiento liberal como los del siglo XIX. Es verdad que durante las primeras semanas algunos sublevados terminaban sus discursos dando vivas a la República. Y además vio a Franco como salvador de la civilización occidental. ¿Cómo no pudo darse cuenta de lo que eso signficaba? Era ya un hombre mayor y creo que no entendió la política de masas», concluye Rabaté.
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Retrato de Unamuno realizado por Venancio Gombau.
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Salida de un acto literario en 1936 en el que se enfrentó al general Millán Astray. / FOTOS: BIOGRAFÍA DE MIGUEL DE UNAMUNO
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Con su hijo Ramón, hacia 1916.
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