Una sucursal de la BBK en el barrio baracaldés de Arteagabeitia fue saqueada a primera hora de la mañana de ayer. Los atracadores practicaron un butrón en el trastero de un portal ubicado en la trasera de la entidad y, tras amordazar a los dos operarios que acababan de entrar en la oficina, se llevaron un botín de 42.000 euros. «Se trata de una actuación meticulosa, muy preparada», admitieron fuentes del Departamento de Interior del Gobierno vasco. Con un desarrollo digno del mejor argumento cinematográfico: tres encapuchados armados con pistolas, provistos de guantes para no dejar huellas y supuestamente conectados a personal de apoyo en el exterior.
Al parecer, la tormenta que el pasado domingo afectó a Vizcaya permitió a los ladrones amortiguar los mazazos con los que abrieron el boquete. Cincuenta centímetros de ancho y otros tantos de alto en un cuarto comunitario destinado a guardar bicicletas y sillas de niños. Los vecinos no percibieron nada alarmante. Según reconocía Sergio González, coadministrador del número 2 de la plaza López de Ayala, varios residentes sí debieron de oír algún golpe, e incluso un ruido parecido a un taladro, «pero entre el mal tiempo que hacía y que se trata de un edificio de cuatro años donde la gente todavía aprovecha los fines de semana para terminar de montar sus casas, nadie le dio importancia».
Las primeras investigaciones apuntan a que los atracadores se lo tomaron con tranquilidad, que incluso pudieron haber pasado la noche en el cuarto. Esperaron pacientemente hasta las ocho de la mañana, cuando dos empleados entraron al banco y desconectaron las alarmas. Entonces, irrumpieron en la estancia y redujeron a los trabajadores.
Amordazados
Tenían media hora de plazo antes de que la oficina abriese sus puertas al público, pero les sobró tiempo. Actuaron con gran diligencia. De hecho, la Ertzaintza apenas tardó quince minutos en llegar al lugar de los hechos, pero cuando los agentes accedieron al interior sólo encontraron a los oficinistas amordazados. Los ladrones ya habían huido a través del mismo butrón. Después, salieron tranquilamente por el portal, sin levantar sospechas.
Los vecinos están convencidos de que los asaltantes planificaron el atraco después de vivir una temporada en el edificio, donde hay varias viviendas alquiladas «por las que ha pasado mucha gente». La clave, a su juicio, es que no forzaron ni la cerradura del portal ni la del trastero, «lo que quiere decir que tenían llaves». José explicaba que hace algo más de un año el bar Gaudí, situado prácticamente al lado del portal, fue asaltado por el mismo sistema. «Entraron en la lonja de al lado, hicieron un butrón y desvalijaron el local».