Marta es el nombre ficticio de una mujer que ayer se sometió a una sesión de criolipolisis, una técnica revolucionaria para terminar con el odioso michelín. A esta vizcaína de 44 años le preocupa su estado de salud y su físico, dos aspectos que en muchas ocasiones van de la mano. Prueba de ello es que, además, de «cuidar mucho la alimentación», practica ejercicio con regularidad y está al tanto de todas las novedades en el campo de la medicina, que no de la cirugía estética, porque «de quirófanos no quiero saber nada».
Esta aversión al bisturí le ha llevado a probar una nueva técnica que permite eliminar grasa sin tener que recurrir a una liposucción. El tratamiento se conoce como criolipolisis y consiste en la aplicación de frío de forma controlada en zonas muy concretas del cuerpo, como el abdomen, los flancos de la cintura y la espalda.
«Como muy sano, me machaco en el gimnasio y no hay forma de acabar con este michelín», comenta Marta para referirse al pliegue de la parte baja del abdomen que estropea su figura. Junto a ella, los doctores Nerea Landa y José Luis Aspiazu, de la clínica Dermitek, hacen su trabajo. El tratamiento es, en realidad, muy sencillo. «La nueva tecnología se basa en las especiales características de los adipocitos, que son destruidos mediante la aplicación de frío controlado», detalla Nerea Landa.
«Muerte de la grasa»
La especialista explica que las células grasas son, por naturaleza, «más vulnerables al efecto del enfriamiento que otros tejidos adyacentes». Este funcionamiento permite «la rotura de los enlaces químicos de los adipocitos, mientras que las capas superficiales de la piel como la epidermis y la dermis no se ven afectadas».
Una vez que las células grasas se ven afectadas por el frío, comienza un proceso de muerte natural de las mismas y son eliminadas de forma gradual y progresiva por el propio organismo. Los resultados son visibles «a los 3 ó 4 meses después de realizada la sesión» y la reducción media viene a ser de entre 5 y 7 milímetros del grosor de la grasa. «Lo mejor de este tratamiento es que se realiza «sin incisiones, con lo que resulta indoloro, no requiere ningún tipo de anestesia y la persona se incorpora a su actividad diaria en cuanto acaba la sesión».
«No noto nada», dice Marta con el aplicador de la criolipolisis sobre el vientre. «Cuando me lo han colocado, he sentido como si me hicieran un 'chupón' y algo de frío, pero ya se ha pasado», explica. «Lo normal es que la zona se quede como adormecida durante un día y un poco roja», apunta José Luis Aspiazu.
Los dos especialistas están convencidos del futuro de esta técnica, que ha sido desarrollada por investigadores norteamericanos de colegio médico de Harvard y del hospital general de Massachussets. ¿Y los michelines vuelven a salir? «No. El efecto es el de una liposucción, siempre y cuando la persona no haga excesos».