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Michelito, ni de puntillas

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Michelito, ni de puntillas

El niño torero fracasa en su debut. Sufrió tres volteretas, trató sin éxito de matar a su novillo en nueve ocasiones y acabó en la enfermería

10.11.09 -
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«Camino de la enfermería, tras múltiples porrazos a la hora de matar, fue despedido con una fuerte ovación ya que por momentos corrió la mano con empaque, conocimiento y la gracia propia de su edad y torería. Sin embargo, quedó muy clara su imposibilidad física para vaciar la embestida de un novillo casi tan alto como él, lo que originó que no pudiese enterrar la espada en los nueve envites. Tal fue la porfía del niño y tan cortas sus estocadas, que por momentos se le vio a punto de romper a llorar, pero el público nunca mostró fastidio».
Con estas palabras resumía el crítico taurino peruano Baldomero Cáceres la primera novillada con picadores jugada por el niño torero Michelito Lagravere, convertido, a sus once años, en el novillero más joven del mundo aunque el domingo no pudiera ni terminar con el primero de su lote. Hubo de pasar a la enfermería para ser atendido de múltiples contusiones tras sufrir tres volteretas y varios encontronazos en los nueve intentos con el estoque. Michelito usó el descabello en otras nueve ocasiones, también sin éxito. El novillo fue muerto por el español Fernando Tendero, quien también lidió el segundo del lote del niño torero.
La primera corrida de la feria peruana contó también con la presencia de la novillera local Milagros Sánchez, quien, escribe Cáceres, «demostró valor y actitud pero recursos insuficientes para resolver una complicada papeleta: el primero por muy encastado, el segundo que rompió a bueno con la muleta, pero que resultó poco picado, dificultando el acople en las series de poco temple de la torera peruana».
Pero la atención estaba puesta en el pequeño franco-mexicano Michelito Lagravere, de quien dicen los diarios locales, cursa 6º de Primaria, le gusta bucear, ver por Internet los goles de Messi y escuchar a La Oreja de Van Gogh. «Es un niño común y corriente, cuando viajamos se mete en nuestra cama, pero frente al toro se transforma, en ese papel no es un niño, sino un matador», relató a 'Efe' su madre, la mexicana Diana Peniche Marenco.
La historia del niño torero comenzó cuando Diana conoció hace 13 años al francés Michel Lagravere, torero en su país y que de vez en cuando hacía 'bolos' en plazas latinoamericanas. Flechazo inmediato, y a los dos meses, boda. Tienen tres hijos. La madre es gerente de la plaza de toros mexicana de Mérida. «Con dos años Michelito agarraba un pañito de cocina o una toalla y se ponía a torear. Los tenedores o los lapiceros de colores eran sus banderillas y daba pases a un perro salchicha», recuerda la madre.
Hoy Michelito frecuenta hoteles de cinco estrellas y quiere tener su propio estilo aunque, como muchos otros niños que persiguen la gloria, es un apasionado de Morante de la Puebla. Ayer usó su traje azabache y oro (su favorito). Supersticioso (huye del 13 y de los gatos negros), jamás usa dos veces seguidas el mismo vestido de torear y antes de salir al ruedo se rocía con agua de Lourdes, de cuya Virgen su padre es devoto.
«Mis compañeros de clase me preguntan si no me da miedo el toro, pero a mí me dan más miedo los balonazos en el patio», dice el chiquillo torero.
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Michelito, 11 años, no pudo matar al novillo de su debut en Acho. / EFE
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