Isabel Celaá ha invertido buena parte de sus primeros seis meses al frente del Departamento de Educación en modificar los tres decretos curriculares de Primaria, Secundaria y Bachillerato -que establecen los contenidos a enseñar a los alumnos- aprobados por el anterior responsable de EA, Tontxu Campos; dos de ellos, semanas antes de dejar del Gobierno. Los 150 cambios aplicados a las normativas para alejar a la escuela del «adoctrinamiento nacionalista» han desatado una oleada de críticas desde sectores nacionalistas; Celaá asegura no entender al PNV «que tampoco compartía» la filosofía de su predecesor.
-¿Esperaba una reacción tan contundente por parte del nacionalismo?
-Pues no. Sinceramente me ha sorprendido que el PNV se sintiera aludido, puesto que lleva sin gestionar Educación más de 22 años. Obviamente, la referencia no era este partido que, como todo el mundo sabe, estuvo en desacuerdo con la formación que gestionaba la cartera, con EA.
-Pero las críticas más furibundas han salido de sus filas, a pesar de los puntos comunes que compartieron en materia lingüística durante la última legislatura. ¿Es un paso atrás?
-En absoluto. Nosotros ya teníamos unos buenos consensos con el PNV conseguidos a través de la Ley de la Escuela Pública, del pacto escolar, de la Ley de Normalización del uso del euskera e incluso respecto al documento Euskera 21. Pero esos consensos se han visto deteriorados en los últimos ocho años de mandato de EA. ¿O no es deteriorar el consenso expulsar a 157 profesores que llevaban más de diez años en la educación vasca por no haber alcanzado un requerimiento de perfil, cuando eran necesarios? ¿O categorizar las lenguas entre sí, estableciendo el euskera como vehicular, cuando para cualquier hablante su lengua materna es la principal? ¿O llamar extranjero a un niño que venía de otra comunidad autónoma?
-Lo han tomado como una agresión al nacionalismo de un Gobierno no nacionalista.
-Pero yo no diría el PNV; es decir, Íñigo Urkullu se ha sentido aludido y ha reaccionado de manera desmedida, cuando de todos es sabido que en los últimos ocho años el PNV discrepaba con EA. Por eso no salieron los proyectos de mi antecesor: porque había una oposición dentro del propio Gobierno.
-Urkullu le acusa de plegarse a los intereses del PP. ¿Ha tenido que limar más de lo necesario en favor de la estabilidad del Gobierno?
-No, en absoluto; a mí el PP no me dicta la política. Todo el mundo sabe que tenemos unas bases de acuerdo en materia educativa, para nada discrepantes con respecto a los consensos alcanzados en este país.
-Habla constantemente de consenso, sin embargo, estos días le han acusado de exceso verbal incalificable, de promover actitudes nada dialogantes y conciliadoras, de revanchismo, incluso de ser inquisitorial. ¿Le han dolido estas críticas?
-Curiosamente, ninguna de estas personas ha entrado en el fondo de la cuestión. No sé por qué se han sentido tan heridos por decir que la escuela no tiene que ser adoctrinadora.
-Pero, al final, las posturas vuelven a estar enfrentadas en dos bandos: antes eran el PSE y el PP los que acusaban al Gobierno de «adoctrinamiento nacionalista»; ahora son PNV y EA los que les acusan de «adoctrinamiento españolista».
-Yo voy a combatir todo adoctrinamiento, todo, incluso aquel que pudiese venir de mi propia ideología, porque la escuela tiene que ser un ámbito científico y de libre pensamiento y un ámbito acogedor y respetuoso con todas las ideologías.
-¿Está en peligro su aspiración de lograr un gran consenso para aplicar su propuesta de modelo trilingüe en la enseñanza?
-Espero que no, espero que todos seamos lo suficientemente sensatos. A mí me gustaría que todo esto pudiera dejarse a un lado y que realmente entráramos en el fondo de la cuestión. Lo único que pretendemos es restaurar los consensos que teníamos con el PNV para volver a esa centralidad que funcionaba de manera tan estupenda.
-¿Cómo va a reconducir la situación?
-Yo apelaría a la sensatez y al sentido común. Tenemos que ser capaces de construir un consenso en torno a la educación contemporánea. No podemos seguir amarrados al duro banco en el debate lingüístico porque tenemos un sistema educativo perfectamente bilingüe que, obviamente, tendrá que mejorar en calidad, pero que no corre ningún riesgo.
-Esos consensos de los que habla se consiguieron cuando Fernando Buesa era consejero de Educación y usted viceconsejera.
-Así es, y los conseguimos con el PNV y con EE.
-¿Hasta qué punto le inspira la filosofía de Buesa en su modelo de escuela?
-Yo tengo en mi patrimonio el honor de haber trabajado con José Ramón Recalde y con Fernando Buesa y entre los dos hay un hilo conductor: que la escuela pública sea el referente del sistema educativo y la necesidad de alcanzar consensos. He recibido un buen patrimonio de los dos y tengo en mi memoria y en mi corazón a Fernando Buesa, porque lo dio todo y le arrebataron todo.
-Si no consiguiese ese gran consenso, ¿seguiría adelante con su propuesta de modelo trilingüe?
-Es que ni me planteo que no se vaya a conseguir el consenso. A lo mejor es por mi naturaleza o porque soy pertinaz en mis propósitos, pero observo con tranquilidad que tanto el PNV como el PP y EA están en la misma dirección.
-¿Cuándo lo presentará?
-A principios de 2010. Hay que impulsar el pasaporte lingüístico del futuro, que es el inglés, que lógicamente trabajaremos en menos medida que el euskera o el castellano. Pero el objetivo es que todos los alumnos, al margen de sus rentas familiares, puedan ser trilingües y puedan conocer el país de origen de esa lengua extranjera.
-El acuerdo de mínimos adoptado por el Parlamento la semana pasada apunta a esa dirección.
-Por eso, yo creo que todo el arco parlamentario, salvo algunos matices legítimos, está en esa misma sintonía. No preveo que haya desacuerdos ni enfrentamiento.
Respeto a la pluralidad
-Uno de los reproches que le hacen es que las dos lenguas no pueden estar equiparadas porque el euskera es un idioma en proceso de recuperación. ¿Queda realmente garantizado su dominio por el alumnado?
-Por supuesto. Pero fomentar el conocimiento de una lengua no tiene nada que ver con su jerarquización normativa en un decreto. Para cualquier hablante la lengua en la que nace es la principal. El jerarquizar las lenguas entre principal y secundaria es una distinción perversa y además no hace ninguna aportación al necesario avance del euskera. Yo no soy neutral a este respecto; es decir, considero que las dos lenguas cooficiales deben ser trabajadas, pero más el euskera que el castellano porque se conoce menos.
-Existe entre los padres la preocupación de que la escuela sea utilizada como arma arrojadiza por intereses partidistas. ¿Qué les diría?
-Que de ninguna de las maneras caeremos en esa tentación. No voy a hacer una escuela socialista, bajo ningún concepto.
-¿Cabe la posibilidad de que si llegase un Gobierno de otro signo a Ajuria Enea esta normativa pudiera ser modificada de nuevo?
-No vamos a hablar de futuro, que ya se verá. Pero mi voluntad política ha sido la de generar materiales con los que todas las fuerzas puedan estar de acuerdo. Hemos respetado todo el material que era válido, pero lo que no podemos hacer es sesgar los contenidos para que sean dictados sólo desde una perspectiva, sin respeto a la pluralidad. Todos los hombres y mujeres de este país se tienen que sentir en casa en su propio sistema educativo.
-También han eliminado las referencias a Euskal Herria como entidad político-administrativa. Pero se mantiene como concepto cultural.
-Yo también puedo tener en mi horizonte ideológico la República pero no se me ocurrirá decir que la escuela tenga que adoctrinar en la República. Lo cierto es que Euskal Herria no existe como una entidad jurídico administrativa, más allá de lo que puedan desear algunos. Lo que existe es un ámbito de lengua común con territorios del sur de Francia y Navarra.
-¿Habrá que editar nuevos libros de texto?
-Hoy en día material escolar es todo: libros de texto, un programa de televisión, un periódico... Hemos descartado cualquier censura previa pero sí va a existir una atención de la inspección educativa. Si un libro de texto o cualquier otro material curricular no atiende a los derechos humanos o la legalidad, saldrá de la escuela. Supongo que las editoriales encajarán lo que se dice en los decretos, que son de obligado cumplimiento.
-La violencia terrorista está ahora más presente. ¿Las víctimas les han dado su opinión?
-Trabajamos en perfecto diálogo con ellas. A los alumnos hay que educarles los sentimientos, además de la razón, y deben ser capaces de identificar quién es una víctima y por qué lo es. Más allá de si van a entrar o no en las aulas, que eso es anecdótico, lo importante es que haya una empatía hacia ellas. En este país se ha producido la distorsión de pensar que la víctima era la culpable. En eso vamos a ser muy serios.