E n la sección de nuestro común periódico titulada Vivir encontré hace unos días un reportaje titulado 'Las claves del móvil, de la A a la Z'. No pude leerlo entero porque cuando iba por la letra F mi cerebro comenzó a echar humo.
¿Es posible que con un simple móvil se puedan hacer hasta veinticinco operaciones diferentes y utilizar las docenas de siglas que sirven de indicativo a tan complicadas operaciones, una por cada letra del abecedario excluyendo la Ñ? Pues si señor. Es posible.
A la vista de aquel maremágnum de siglas y servicios, saqué mi teléfono móvil del bolsillo y lo miré con el respeto que se contempla un artefacto que en cualquier momento puede estallar. Casi me dio miedo y volví a guardarlo preguntándome que clase de tripas y pixeles podían caber en un 'cacharrico' tan pequeño para ser capaz de hacer tantas cosas raras.
Yo también tengo un teléfono móvil, es cierto, pero lo utilizo exclusivamente para tres cosas: llamar en casos de emergencia, recibir llamadas (muy pocas) y guardar números de teléfono. Por lo visto, sólo tiene tres letras del abecedario y una de dos; o le sobran las otras veintidós o yo soy tan tarugo que no he aprendido a utilizar ni el Amoled, ni el Bluerooth, ni el Interfaz, ni el Qwerti ni otra docena y media de cosas que hace un aparato tan pequeño.
Y no debe resultar difícil navegar por ese océano de siglas y nombres estrafalarios, porque hasta el más pequeño de mis nietos maneja el móvil de la A a la Z con una sola mano usando el dedo pulgar para pulsar las teclas. Y lo malo no es eso. Lo malo es que los individuos que se dedican a fabricarlos cada vez les añaden una nueva tecnología y a este paso nos vamos a quedar sin letras en el abecedario para hacer la lista y tendremos que inventar otro nuevo para ir anotando las nuevas picotadas telefónico-móviles.
Afortunadamente yo estoy libre de este peligro. Ni pude leer el reportaje del abecedario con las veinticinco claves del móvil, ni me interesa leerlo. Me tiene sin cuidado que el móvil sea capaz hasta de hacer quinielas. Yo vivo y viviré lo que me quede de vida con mi móvil antidiluviano y sus tres sencillas operaciones y si el mundo siga corriendo como loco, ¡a mí plim!