La matanza de Fort Hood ha puesto una vez más de actualidad el aumento de la violencia en las filas de las fuerzas estadounidenses. Aunque todavía se desconoce el móvil concreto de lo sucedido los expertos consideran que este tipo de acciones suele obedecer sobre todo a un «desorden de estrés postraumático» que sufren muchos soldados especialmente tras participar repetidamente en guerras.
Según Robert Ursano, director del Departamento de Psiquiatría en la Universidad de Ciencias de la Salud de Washington, ése es el factor más importante. Pero en su opinión, tampoco se deben olvidar los problemas económicos y familiares, y el abuso de alcohol entre la tropa.
La situación ha llegado a tal punto de gravedad que el Pentágono ordenó llevar a cabo un estudio de cinco años que con un costo de casi 34 millones de euros investigará la salud mental y las causas de la suicidio entre miembros del Ejército. En el estudio, que englobará a la mayoría del más de medio millón de miembros que integran esa rama de las Fuerzas Armadas, participan altos mandos, así como científicos del Instituto Nacional de Salud Mental y las universidades de Harvard, Columbia y Michigan.
A comienzos de año, el Ejército confirmó el suicidio de 143 de sus miembros en 2008. Fue la cifra más alta en tres décadas desde que se empezaron a llevar a cabo controles. Además, la cifra de 20,2 suicidios por cada 100.000 soldados es superior a la media civil de 19,5 por cada 100.000 personas registrada en 2005.
Enero negro
Poco después, el Ejército señaló que se creía que 24 soldados se habían quitado la vida en enero de ese año, seis veces más que el mismo mes de 2007. Once de ellos fueron suicidios confirmados y otros 17 están bajo investigación. «Esto es terrible. No sabemos qué podemos hacer», indicó un alto cargo militar a la cadena de televisión CNN.
Al explicar el mayor número de suicidios en esa fecha, la coronel Kathy Platoni, psicóloga clínica de la Reserva del Ejército y de la Guardia Nacional, sumó la depresión del invierno boreal al trastorno de estrés postraumático, los problemas de separación familiar y el mayor índice de alcoholismo entre los militares.
Pero agregó que también inciden el aumento de participaciones en los conflictos de Irak y Afganistán, el estigma de procurar tratamiento para el estrés que consideran una enfermedad mental así como el consumo excesivo de fármacos antidepresivos.