Si el miércoles fue el padre del acusado el que tuvo que pasar el mal trago de declarar ante el tribunal, ayer le tocó el turno a la madre de José Diego Yllanes. María Rosario Vizcay no pudo entrar en la sala sin acercarse antes a la progenitora de la víctima para pedirle perdón. «Siento mucho lo que le ha ocurrido a Nagore», se sinceró. El encuentro fue breve, pero intenso. Asun Casasola aceptó las disculpas, aunque le reprochó que no la hubiera llamado antes. «Le dije que ella no tuvo la culpa, que los padres no siempre somos responsables de los actos de nuestros hijos», le contestó la madre de la joven.
Ya en la sala, María Rosario apenas miró unos segundos a José Diego. Explicó que cuando su marido y ella se encontraron con él, su hijo «estaba ido. Decía que le dejáramos, que no podía seguir así». La madre del asesino de Nagore -para quien las acusaciones solicitan penas que oscilan entre los 20 y 27 años de prisión-, relató que la mañana en la que se perpetró el crimen llamó por teléfono a su hijo «muchísimas» veces. «Cuando me levanté y vi que no estaba en su habitación, me preocupé. La noche anterior había comentado que tenía previsto regresar pronto. Entonces, comencé a llamarle. Lo hice en cantidad de ocasiones», recordó.
Las investigaciones policiales confirmaron que la madre realizó una llamada al móvil de José Diego a las diez y tres minutos del 7 de julio y que alguien descolgó el teléfono, probablemente la propia víctima. La comunicación apenas duró nueve segundos y se cortó porque la madre colgó. «No me di cuenta de que alguien había descolgado», confesó María Rosario Vizcay. Acto seguido, Nagore llamó al 112 desde el móvil del acusado para pedir auxilio.
La madre de José Diego explicó que vio a su hijo por primera vez -después del crimen- sobre la una de la madrugada del día siguiente en Soragain, localidad donde la familia tiene una vivienda. «Estaba bastante ido y con frío», señaló. También explicó que era un joven que no solía salir mucho por las noches y que cuando lo hacía regresaba tarde. María Rosario reconoció que a veces volvía a casa bebido y que cuando lo hacía les pedía perdón. Recordó, no obstante, que había sufrió dos comas etílicos. La madre de asesino de Nagore manifestó que su hijo no tomaba drogas, «que yo sepa». No obstante, reconoció que ella misma pidió que le hiciesen pruebas de alcoholemia y sustancias estupefacientes tras el asesinato de la joven irundarra, «porque todo era muy extraño».
Indemnización
Dijo que su hijo no era autoritario ni tampoco caprichoso. Que su relación y la de su marido con él era bastante buena, «pero quizás las mujeres entendemos más las cosas», matizó. Tras recordar que su hijo había tenido dos novias, María Rosario señaló que las trataba bien. «Era responsable en sus relaciones, las acompañaba a casa». La madre del procesado también explicó que la última vez que se había limpiado el piso donde se cometió el asesinato fue el día 4 de julio y recordó que en el frigorífico había una botella de ron, prácticamente llena.
María Rosario reveló que la familia se hace cargo de la hipoteca y de los gastos que genera el piso de su hijo desde agosto del año pasado y que José Diego les ha pedido «126.000 euros para tratar de indemnizar a la familia de la víctima».
«Estaba bien»
Además de María Rosario, ayer también testificó la madre de Nagore. Su declaración no llegó a la media hora. Fue intensa y estuvo cargada de emotividad. Asun Casasola aseguró que el asesino de la joven no sólo se llevó a su «niña» sino que ha destrozado a toda una familia. «Desde hace dieciséis meses no vivo. En casa todos estamos mal. Txomin, mi marido, no habla. Mi hijo Javier tampoco y además está más contestón», lamentó. La madre de Nagore definió a su hija como «una mujer de principios, con carácter, que no violenta». La defensa del acusado no le formuló preguntas y aprovechó su intervención para «lamentar lo ocurrido de todo corazón».
Ayer también testificó una amiga y compañera de piso de la víctima. La joven reconoció que no le extrañó que la víctima y sus asesino se hubieran ido juntos porque se conocían de la clínica en la que ambos trabajaban. Sobre los rumores que señalaban a José Diego Yllanes como un mujeriego, la testigo admitió que «se decía que le gustaban las enfermeras». A su juicio, Nagore no se hubiese ido con un desconocido al que no hubiera visto nunca, y que si se marchó con el acusado fue porque «sabía quién era».
Dijo también que la víctima tenía «carácter fuerte si la enfadabas», pero rechazó que fuera una mujer violenta. Relató que la noche del 6 de julio salió con Nagore Laffage y otras amigas, pero que se separaron sobre la una o las dos de la madrugada. Para entonces, la víctima apenas había bebido. «La dejé bien. Nagore no solía emborracharse», subrayó.